domingo, 17 de febrero de 2008

Divagando ando.

No veo venir el momento, donde un hombre deje de sufrir la ausencia de una mujer. Curioso como aquel desmadre químico, biológico, físico producido en el interior de uno, le hace experimentar tan tremendas locuras sensitivas que tan a menudo terminan en ríos de lágrimas.
Lagrimas que expresan la mejor de las dichas o la peor de las dolencias. Lagrimas, son la expresión del cuerpo, su medio para delatarnos.
Y todos aquellos que confunden sentimiento con atracción. Los maldigo por ignorantes, han devaluado la belleza del te quiero y del te amo, aquellos que canalizan su fascinación por alguien en declaraciones precoses de amor.
Y entiendo que es necesario pero, ¿quienes son ustedes, hombres, para atreverse a conceptualizar la infinita complejidad de las pasiones y sentimientos?
Del amor no podría haber definición.
El amor es una amistad con épica atracción y ferviente sexualidad a veces cautiva a veces frenética. No. Ningún intento por definirlo engloba en absoluta totalidad las bellezas y desgracias que me ha hecho sufrir ese donjuán llamado amor.
Es el fetiche del hombre, el que mas odio: su deseo por denominar todo; por categorizar todo. Si no es blanco, es negro y sino es negro es rojo. Al abismo con las denominaciones mediocres que tanto nos esforzamos por utilizar.
¡Música! Aquello que simplemente resulta imposible de encasillar ya hasta tiene un género: experimental.
Y yo no digo que el dinero compre la felicidad, solo digo que su ausencia atrae la desdicha. Que venga el techo y la comida, para dar paso a los placeres y no a las necesidades.
Que venga un ser humano que predique el amor y la amistad, no un día en febrero donde por medio de consumismos pendejos pretendamos demostrarlo.
Que venga ese tipo que no existe, que el amor venga en vida, pese a que no sobreviviría un día, pues aquí en mi pueblo, juzgamos de inocentes a los demasiado buenos.
Así que arriesgándome a pecar de voluble le digo mejor a este camarada, que no venga, que se quede donde esta, porque aquí en mi pueblo, devoran y masacran a los faltos de malicia.