sábado, 29 de diciembre de 2007

De santa, santos y la vida nueva.

Han sido días largos, la navidad por mi rumbo pasó de noche, sigilosa, invisible; mi rumbo está en esa etapa donde ya todos los motivos para celebrarla están perdidos; iniciamos a despedirnos de ellos cuando me informaron que el gordo barbón de rojo no existía, fue entonces cuando el ritual decembrino evolucionó.
Y continuó haciéndolo, y a medida que lo hacía, cachos de navidad se caían en el trayecto a diciembre, se caían, se rompían y se perdían para finalmente ser olvidados. Unos tantos años después, la navidad está tan presente aquí como la paz en Irak, y ciertamente no me entristece, ya que el motivo de dicha celebración me parece el engaño mejor contado de la historia.
Pese a mi escepticismo (el cual está fundamentado en ideas propias y en hechos de índole histórica y científica) tengo que admitir que me gusta la navidad, no por lo que significa, sino por lo que produce.
En diciembre las personas cambian (algunas). Se tornan por un pequeño periodo de tiempo en seres más amables, más considerados, menos egoístas, más sonrientes, más condescendientes, menos rencorosos y mucho menos tacaños, (insisto, algunas) por mencionar algunos de los rasgos que las personas suelen adoptar este mes.
Las empresas le dan un bono a sus empleados y los empleados un regalo a sus hijos, los hijos lo agradecen con ojos tiernos, brillantes de emoción y sonrisas gratas a los papas, al tiempo que les informan que el viejo Santa es todo un amor.
Claro que no es mi intención generalizar, para otros tantos navidad es una bofetada esperada en la cara, una reiteración de que nada mas alcanza pa’ las tortillas y los frijoles; para otros un bombardeo de cartas cuya única inscripción es “ESTAS SOLO”, a través de tantos comerciales y anuncios rosas; están aquellos que la navidad les trae tan solo una muerte por el desgraciado frío. Unos la viven como quieren, la mayoría como pueden.
Y viene el año nuevo, al cual le encuentro un sentido mucho más fuerte, ese de la renovación y la ambición por mejorar. Precisamente dentro de ese simbolismo de borrón y cuenta nueva, del ahora si, del adiós cigarro, del adiós cocaína, del adiós lonjas, y del ya voy a ahorrar, se encuentra la belleza de comenzar ese primero de enero tirados en la cama, recuperándonos de la borrachera de anoche, terminando apenas la digestión del festín de hace cinco días, exculpando la flaqueza de nuestra cartera con el termino de un ciclo.
¡Sea entonces, damas y caballeros, bienvenido el 2008!

lunes, 17 de diciembre de 2007

Uno de los placeres de la ignorancia.

Invadido por una incomodidad emocional, de esas que derrumban los planes ya establecidos y hasta idealizados talvez, decidí salir un rato a caminar; a mezclarme entre una multitud que me hace combinar mis reflexiones sobre ella, con mis propios fantasmas mentales. Dicha incomodidad fue derivada de un enfrentamiento donde una vez más, el tema a discusión estaba directamente ligado al dinero, y ante el avance de la confrontación de ideales, posturas, percepciones y opiniones, los planes se convirtieron por un fugaz momento en una utopía, en un sueño perfectamente estructurado pero que sin un componente, seguiría siendo un sueño.
Es por eso que decidí cambiar radicalmente la estructura de dicho sueño, moldeando su ejecución a mis posibilidades pero dejando intactas mis ambiciones. En fin.
Ya en un lugar apropiado, me vi inmerso en mis pensamientos y tarareos mentales de las canciones que zumbaban de los audífonos; al poco tiempo de mi estancia, abandoné el tema que me había llevado hasta ahí, pasando a analizar las acciones de los paseantes.
Y me di cuenta de cómo sumergidos en sus actividades, pulverizaban los minutos, bueno seria si dichas actividades fueran recreativas, requeteactivas, intelectuales ¡o que se yo! pero que fueran algo más que una fuga tan drástica de minutos, obviamente no puedo, no debo, y soy nadie para cuestionar el uso que terceros le dan a su ración de segundos, simplemente estoy expresando mi conmoción al notar como a tantos de nosotros se nos escapan las horas como aire entre las manos, como desechamos los minutos como si de un recurso renovable se tratase y como los segundos nos parecen tan cortos que ni nos damos cuenta que de segundos están hechos los minutos, los días, los años y los siglos.
Si el tiempo vale oro, cualquier recién nacido es más pudiente que uno; derrochamos la vida como si fuéramos inmortales; precisamente es ese el problema, que vemos nuestra hora final como un punto distantísimo en la eternidad.
A pesar de que a mi parecer, si tuviéramos los días contados, viviríamos más, he de decir que agradezco el desconocer la hora de mi partida, pues de saberlo, viviría tan pendiente de los minutos que estos terminarían por hartarse de mi y me abandonarían, pensaría tanto en como explotar mis días, que un sobrecalentamiento neuronal se robaría dichos días, las tardes no durarían y en las noches no dormiría pues pensaría que de una perdida inconcebible de tiempo se trata. Terminaría magullado por la constante presión de un tiempo que pretendía utilizar sabiamente.
Al final, un tremendo arrepentimiento carcomería mi conciencia, pues sabría que todo el tiempo estuve consciente de que ese momento se acercaba, sería victima de una ambición ya inútil, donde se me ocurren mil maneras de haber hecho más…
Bienaventurados pues, nosotros, que no sabemos si mañana vamos a morir.

martes, 11 de diciembre de 2007

¡Vete silencio!

Con tan hermosos sonidos, el silencio me parece una aberración.
Hace poco pensaba; mudo, contemplaba el entorno. Fue entonces cuando noté que son contados los momentos que vivimos en silencio absoluto; en esta ocasión, el silencio era quebrantado por el canto de unos pájaros por ahí afuera, y me asombre de la musicalidad que logran con sus pequeños picos y demás embrollo corporal.
Luego pensé en la música, en las notas, en el piano, la guitarra, el acordeón y el saxofón, la misma voz de un músico; como son capaces de producir tantos sonidos, tanta musicalidad, y tantas emociones por medio de esta, es infinita la cantidad de mezclas que se pueden realizar con tanto instrumento.
Y no tan solo instrumentos; la otra noche, acabando de cenar, comencé a golpear la mesa con los dedos, logré un ritmo que evoluciono conforme la constancia del golpeteo y me asombré de la melodía que creé con tan simple percusión.
Con tanta belleza sonora, el silencio me parece una perdida de vida, de tiempo.
Obviamente aprecio sus bondades, y se que es propicio para la reflexión y el análisis, que genera un enigma interesante, cautivante a veces. Pero si en el ámbito de la física, la carencia de movimiento es la estática, en el ámbito sonoro, el silencio me parece lo mismo; una detención, una parada.
Tantos sonidos y tantas mezcolanzas sonoras por lograr, me hacen desvalorizar y menospreciar al silencio. Aquellos que crean el silencio como una belleza después de la contaminación sonora de la ciudad, les digo que no es el silencio lo que les enamora, sino la ausencia de esos sonidos desordenados y poco estéticos.
Yo, al llegar a mi casa, impregnado de la fastidiosa feria auditiva de la cual fui victima en el trayecto, enciendo la computadora y pongo música. Dicen algunos que no estamos acostumbrados al silencio, y que prendemos la televisión, el radio, por sentirnos acompañados; talvez es cierto, pero cuando tú eliges los sonidos musicales que habitan tu morada a tu llegada, no es deshabito al silencio, sino gusto y entusiasmo por la bella melodía.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Del raro y demás elogios.

Me han dicho raro un par de infinitas veces. Y nunca me he sentido ofendido, independientemente de si esa era la intención del que así me llamó.
Es abrumante, notar como la gente (alguna) utiliza el término raro como una ofensa, como un adjetivo cuya función es hacer sentir al otro mal; ¡y lo peor es que lo logran!
Entonces viene la reflexión; soy anormal, por lo tanto soy raro, entonces soy diferente y por lo tanto soy más único; únicos, es lo que todos deberíamos preocuparnos por ser. Escaparnos de tantos preceptos sociales que nos invitan e incitan a encajar, a pertenecer… Observando una sociedad francamente tan mierda, tan superficial, tan cerrada, tan adversa a la divergencia y enemiga de la diversidad, que ganas de pertenecer.
Si la gran generalidad fuera pensante talvez hasta me gustaría ser normal. Digo pensante porque a mi parecer, de ahí parten las bellezas de la conducta colectiva tales como la tolerancia, el respeto, el sentido común, la libertad de pensamiento y expresión y demás especimenes cuya presencia brilla por su ausencia tantas veces hoy en día.
Si cada uno valorara, expresara y se comportara acorde a su individualidad realmente, todos seriamos unos raros, nuestra singularidad destacaría para bien y para mal.
Y es que somos humanos, hombres y mujeres, pero tú eres tú y yo soy yo; bien dicen que cada cabeza es un mundo, pero yo digo que algunas son un Saturno, algunas un Venus, algunas un Júpiter, unas pocas una Vía Láctea y otras contadas un universo.
Pero cuidado con la soberbia, que nos hace creernos universos.
Me proclamo pues, basándome en la palabra propia y ajena, un raro, ¡rarísimo!
No le temamos a la singularidad, pues de ahí deriva la capacidad de destacar.
Somos raros por naturaleza, pero les gusta decirse normales; yo ya suficiente normalidad tengo con no tener tres ojos ni cinco brazos.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Cuento: Obituario.

Dobló la calle. Ya sabía que encontraría; lo tenía previamente visualizado; hasta el más ínfimo detalle estaba ahí, como si fuera de hecho, un vidente. Así pasaba ya con tantos parajes.
Se sorprendió al pensar en el infinito número de rostros que miraba día con día, que incluso a veces, analizaba; de cómo parecían nunca repetirse a pesar de su constante vigilancia, la gente se multiplicaba. Estaba acostumbrado a digerir sus miradas en sus distintas expresiones, las que lo castigaban con desagrado y desprecio; las que revelaban una lástima indiferente, las que examinaban cada centímetro de su ser, intimidantes. Estaban también aquellos que le regalaban compasión expresada en una moneda.
Miró a su alrededor. A su manera de ver, tenía la casa más grande de todas, de pasillos interminables; solo que estaba prohibido entrar en algunas habitaciones, pues estaban ocupadas, y su sentido de la privacidad era incorrompible. Tenía varios inmensos jardines, que compartía con todos. Le gustaba el cielo, no se lamentaba por la ausencia de techo en su casa.
De nuevo, ese desgarre interno que demandaba a gritos alimento. No conocía ese vació como carencia, sino como su estado natural, pero sabia identificar cuando era realmente necesario atender a su llamado; después de todo, lo acompañaba desde su más añejo recuerdo. Con desgano, metió la mano en la bolsa de su pantalón y sacó un puño de monedas. Después de unos minutos de inspección y cálculo concluyó: “Dieciséis”; suficiente para calmar el hambre con Don Luís, pensó; aún sabiendo que sus monedas serían resistidas por sus ya viejos conocidos.
Casi una hora después, caminaba con cinco tacos sometiendo el hambre en sus adentros y con esos dieciséis aún en su bolsillo. Decidió reposar en la fiel banca del parque de Avenida Central. Somnoliento, dejó sus parpados caer, con la mano extendida, esperando ser victima de la caridad de algún paseante.
De repente, el matiz del cielo anunciaba la conquista de la luna. Decidió continuar el trayecto. Tantos años deambulando le habían obsequiado un físico más que aguantador, conocía al frío suficiente para saber lidiar con sus caprichos, sin embargo extrañaba esa época donde el calor reinaba, pues es un tipo más amigable.
No necesitaba un reloj para conocer mejor que nadie los horarios de la ciudad, ni un mapa para introducirse con destreza en los rumbos más complicados, “guía de turismo de no ser por sus perros requisitos” murmuró con sarcasmo.
Se sentó en la acera de una calle infestada de comercios caros, dotando al paisaje de un contraste impresionante. Solía envidiar a los paseantes, portadores de todo lo que tantas veces anheló celoso, al tiempo que se sorprendía de su derroche ostentoso de billetes… pero ya estaba acostumbrado a ello, tanto como a todo lo demás. Desconocía el lujo, tanta escasez le había robado cualquier ambición.
Uno de sus únicos placeres, era presenciar el gradual desaparecer de la gente. Le divertía intuir a donde iban tantas personas, donde escondían tantos autos. Disfrutaba el quedarse ahí, solo, admirando el juego de las luces, descubriendo el nuevo acomodo de los aparadores; sintiendo dolores cuya presencia ya no sufre, envuelto en un hedor que por más denso, ya no reconoce.
Las calles vestidas de luces amarillas, divulgaron con su silencio la llegada de la madrugada, la hora muerta, la que más disfrutaba Jonás.
Pero la calma fue infringida por risas a lo lejos, muy lejos. La curiosidad se apoderó de él y decidió caminar en dirección a las voces que insistían en disipar la tranquilidad propia del momento. Conforme su avance, las risas se multiplicaban, crecían en escándalo. Pera eran ya varias cuadras sin lograr divisar al causante o causantes de su caminar; se detuvo, miró a todos lados y abrumado por la inmensidad, decidió resignarse. Se recargó en la pared de un viejo local de zapatos.
Las risas se ausentaron.
Liderado por el impulso, decidió seguir caminando. Se infiltró en una pequeña calle y siguió una ruta improvisada, para darle frescura al trayecto. A medio cruzar de una calle, las risas lo emboscaron de nuevo, esta vez casi contiguas; se contuvo, absorto. Dobló a la izquierda, en dirección a los sonidos, tiñó el paso de impaciencia y al término de una cuadra, dio con un parque que parcamente recordaba. Examinó el paisaje, al fondo, varias siluetas formando una clase de circulo.
La desdicha le regalaba un valor propio de un suicida, y decidió caminar hacia ellos. La imagen se esclarecía ante su avance, eran cinco hombres, todos con aspecto semejante al suyo; harapientos, cubiertos en tonos oscuros delataban suciedad, de cabello abundante y estático. Ninguno de ellos parecía avisar la venida de Jonás.
Hasta que era ya demasiada su cercanía, los tres que le daban la espalda voltearon, pues los dos de frente se habían ya percatado de su presencia y le habían clavado la mirada.
El ritual de miradas fue intenso, pero no había tensión en él, simple observación, como de expectativa. De repente, uno de ellos, que sostenía una botella de lo que a primera impresión parecía ser agua, gritó entre carcajadas con espectacular animo: “¡UN TABACO EN LA FILA!”
Todos los demás, rieron escandalosamente con él terminada la exclamación y abrieron camino, sugiriendo la integración de Jonás al circulo. Atónito, Jonás acepto la invitación.
Una vez en el círculo, se le acercó aquel que había gritado, esbozando una sonrisa enorme y alzó la botella que cargaba, a manera de ofrecimiento.
Jonás no conocía esa sensación de invitante aceptación, no había probado una hospitalidad tan sincera desde que podía recordar. Tomó la botella y bebió.
El sabor era amargo; sin darle mayor importancia, continuó bebiendo. – ¡Ya! – escuchó.
Uno de ellos le arrebató la botella, Jonás no opuso resistencia.
Jonás miró a los demás, rolaban la botella; miró alrededor y súbitamente cada objeto en el panorama comenzó a agitarse sutilmente, esto le produjo gracia y comenzó a carcajearse; de tanto movimiento perdió el equilibrio, y ahogado en risas se tiró al pasto, miró su adorado cielo, negro azulado, mas brillante que nunca, cada estrella bailaba al ritmo de su risa, lograban formas, todas le sonreían, lo invitaban, de repente se acercaban con rapidez, el cielo se caía al son de su alegre alarde. Todo era hermoso, imposible; las estrellas chocaban en sus pupilas, menguaban su visión… y de repente, el cielo terminó de caerse en sus ojos. No deseaba volver. Dejó caer los parpados; emocionado, sonriente, feliz, Jonás se fue para siempre, de su casa.

Cuento: Homicidas.

A pasos cortos, se alejaba del discreto café. Como era usual, su belleza destacaba entre la multitud, logrando numerosas miradas, algunas sutiles y otras tantas descaradas.
Sin embargo, su mirada ausente y el desgano delatado en su caminar, le robaba cuantiosa presencia ante los paseantes. Su porte se desvanecía conforme cada paso; y es que le era imposible dejar de pensar en la indiferencia mostrada por ese que consideraba uno de sus mejores amigos.
Fue un encuentro breve, el trato entre los viejos amigos fue distante a pesar de la supuesta fraternidad que hace ya tanto habían prometido.
La decepción invadió a Lucia. Sin mínimo ánimo de causar lastima, se había desahogado por completo con él. Se explayó como con nadie, esperando recibir más que consuelo, comprensión. Una muestra de amistad. Una bofetada de realismo, de esas que abren los ojos, sacuden la conciencia y drenan la desgracia.
Pero no fue así, León había cambiado. Siempre había sido voluble pero nunca lo suficiente para dar la espalda cuando se le rogaba aliento. Inocente, blanda, incluso tonta, la había llamado. Lucia no supo como contestarle, por miedo a que tuviera razón.
Se sabía pesimista a veces, pero no era gustosa del drama. Continuó caminando.
De un momento a otro, sus pensamientos se infestaron de Julián, Lucia se ahogó en ese masoquista derroche de recuerdos, logrando una vez más, el acuchillante despliegue de sus sentimientos encontrados, esperando un nuevo distractor que la hiciera volver.
Sin darse mucha cuenta de su posición, estaba dispuesta a cruzar la avenida, pero fue la luz verde acompañada de ese contiguo rugir de motores la que de golpe la hizo aterrizar. “Maldito Julián me vas a matar…”
El frío se colaba entre cada capa de tela, inyectándose en sus ya débiles huesos.
No había comido hace tres días y se sorprendía de cómo los que él llamaba amigos, ignoraban o se mostraban indiferentes a su ausencia... pareciera que el universo se conjugó para motivarlo a concretar lo que hace apenas unos días, aún pensaba con miedo. Mientras tanto, había de redactar esas palabras cuyo único fin era acusarla, al tiempo que le informaba de su inminente decisión.
Las regresiones eran tortuosas, pero le obsequiaban gran determinación. Bastaba recordar solo aquel día para convencerse más de que ya nada cambiaría, que cualquier nuevo intento terminaría en enfrentamiento. Sabía que era ya demasiado el orgullo de Lucia, pero él tampoco estaba dispuesto a ceder.
La luna conquistó el cielo y con ello, Lucia emprendió el camino al departamento. Había pasado la tarde en el parque, pensando en como su vida aún giraba en torno a él, en como adoraba que así fuera. Deshaciéndose de los demonios que le impedían perdonar y pedir perdón. Estaba emocionada, había olvidado esa sensación de alegre expectativa. Mientras caminaba, repasaba con entusiasmo el discurso que planeaba declarar esa noche por teléfono.
Dos cuadras antes ya tenía las llaves en la mano y notó a distancia que el auto estaba intacto. Arribó, una vez abierta la puerta, puso un pie dentro y escuchó un crujir. Miró hacia abajo y notó un pequeño sobre…

“Sería tonto prolongar la agonía que has causado; a mí, y a lo que sea que haya entre nosotros. No sé como esperabas que todo fuera igual, después de haberme engañado tanto, de haberte burlado de mi confianza con ese maldito.
Sabes que tenía derecho a reclamarte y a reaccionar de esa manera, no sé en que mente cabe esperar una reacción tranquila y comprensiva ante algo tan humillante.
Te es muy fácil sumirte en orgullo y demandar una disculpa, pero en ningún momento me arrepiento ni me disculpo de lo que dije.
Me incapacitaste a tu ausencia, me dueles en cada centímetro. Pese a todo, me despido agradecido pues lograste convertir mi infierno en algo hermoso, aunque por menos tiempo del que habíamos prometido.
Agradecido por cada momento y últimamente, por darme la determinación que necesitaba para terminar por fin con todo esto.
Me robaste infinitas sonrisas. Hoy me regalas el valor para abandonarte, a ti y a todo.
Ha sido un placer.
Julián”

Cada partícula de Lucia se congeló por un instante. Estremecida, tomó el teléfono y tecleó un número con una maestría que parecía entrenada. Sin saber que esperar, aguardó impaciente en la línea. Nunca había deseado tanto la voz de su Julián. Bastaron dos intentos sin respuesta para que tomara las llaves del auto con urgencia y se dirigiera a este.
En la calle, Lucia descargó el desgarre emocional en el acelerador. Las ráfagas de viento ya quemaban sus ojos inundados mientras mantenía con firmeza el volante.
Pero su mente se ahogó en pensamientos pesimistas y desesperados que menguaron su atención paulatinamente, hasta hacerla desaparecer. Una luz roja y un súbito desvió.
Lucía encontró en un árbol cualquiera la autopista al olvido.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Del amante perpetuo.

Te lo digo hombre, nunca habrás amado realmente hasta que ames más que nunca.
Te lo digo yo. Yo que morí de amor.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Civiles.

Me disgustan sobremanera aquellas personas que gozan de cuestionar con insistencia los ideales contrarios, presumiendo una inteligencia inexistente al idear argumentos que según su mentalidad, desploman por completo la idea rival o diferente, digo inexistente porque se necesita ser digamos, un tanto estupido, para desvalorar la relatividad y la validez de la divergencia de pensamiento. Me disgustan aquellos que cuestionan maneras diferentes, que cuestionan hábitos ajenos cuya influencia en su vida es nula, que creen su verdad como la absoluta y que proclaman las demás como tontas o ciegas. Urge retirar preceptos y prejuicios que derivan tan solo en reclamos faltos de argumentos y fuera de lugar.
Cuantos de todos los habitantes del planeta son dignos de ser nombrados civilizados o siquiera pensantes; veo tantas conductas presentes en las calles más lideradas por el prejuicio, el instinto y el reflejo inmediato ante el entorno, que por la tolerancia, el razonamiento y el dialogo, y así tienen el descaro de decirse civiles. No estoy hablando de una educación académica, sino de una formación de valores de tolerancia y respeto, ese sermón que tantos tratan de inculcar de manera aburrida y me atrevo a decir, errónea. Hay que ser prácticos a la hora de instruir a la sociedad, hay que ser agresivos en argumentos, basta de sermones morales que provocan poco más que bostezos.
No demando mucho, demando tolerancia y sentido común, ese que tantas veces es el menos presente en los paseantes que veo día con día, logrando burlescos comentarios ante lo extravagante, lo desemejante; comentarios ofensivos que pecan de vulgares, ignorantes y por si fuera poco, faltos de ingenio. Demando también a los bastardos que desvisten con la mirada a las mujeres, valiéndoles nada la jodida incomodidad e intimidación que logran, algunos haciendo incluso declaraciones burdas cuyo objetivo desconozco, ¿demostrar virilidad acaso?; la virilidad real es un concepto que sus mentes repletas de mierda no alcanza a conocer, me asquean sus manifestaciones escandalosas, primitivas, que denigran la capacidad de pensamiento de lo que llamamos el hombre civilizado; ¿civilizado?, civilizados los animales.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Introspección.

Pienso, deduzco; no prejuzgo, intuyo a la mínima provocación y con justísima razón. Presunción dicen, yo lo llamo modesto realismo pero ante todo, sencillo. Elitista para nada, más bien selectivo. Hipócrita jamás, solo manipulo el tacto a voluntad. Los soñadores mueren de hambre porque joder, viven dormidos. Yo sueño dormido y despierto, muchísimo más. Sueño y visualizo. Ambiciono mi desarrollo intelectual, emocional y artístico.
De ideales políticos, religiosos y sociales personalísimos, cuya esencia dista de la realidad. Escéptico y acido crítico por convicción de la infinita cátedra e institución religiosa, pero creo en la energía intangible de la esencia interior. Nunca voluble, sino inmerso en una constante transición evolutiva. Amante de lo subjetivo y por demás fanático y defensor de la relatividad; aún así, analítico y en exceso pasional. Por siempre fiel a una impulsividad que me ha regalado más de lo que podré agradecer.

Por la salvación de la lengua.

Todos hablamos, todos escribimos… pensándolo bien, no todos. Corrijo mí descortesía ante los mudos y los mancos y diré que, eso sí, todos pensamos.
Pensamos con palabras. Asociando sensaciones, sentimientos y demás, con conceptos.
Considero al lenguaje como el elemento más implícito en nuestra cotidianidad, y por la misma razón, uno de los más devaluados.
El lenguaje, brillante y necesaria creación de los ancestros.
Y de ahí parto para hablar sobre el español. Mi fiel amante. Considero al español como la lengua más bella existente, esto según la humilde opinión de un servidor entusiasta de la relatividad.
Sin embargo, el español que escucho en las calles no es aquel que me enamora en novelas y escritos. El español que escuché en el colegio no es aquel que Sabines y Paz me hicieron adorar en sus cátedras.
Coexistimos en una realidad donde la comunicación necesaria no demanda un léxico imponente ni ostentoso, donde los polisílabos son mirados con rareza y los arcaísmos, tratados con la mano ciega de la ignorancia.
Día con día, los modismos aumentan en número y por tanto en presencia, basta con que una frase se popularice para que logre su completo anexo al diccionario social.
La comunicación cotidiana está viéndose devorada por el tono coloquial, por el modismo imperdonable, por el error que ya no es error.
Hago un llamado a todo lector, a ampliar el vocabulario ¡o almenos a utilizar el conocido! a lograr estructuras gramaticales que demanden más que un pensamiento impaciente, a dejar de lado las costumbres lingüísticas incorrectas que de tan frecuentes y numerosas, opacan y esconden la belleza de un español que ya solo los poetas quieren hablar.
No permitamos ya que más palabras se conviertan en arcaísmos, no juzguemos de anticuado lo que no es anticuado, sino desconocido por el hombre promedio.
Podemos constatarlo en la historia. Basta leer a Don Quijote para empaparnos de palabras que fallecieron por un desuso injustificado, deberían de venderlo con diccionario completo incluido.
Convirtámonos en activistas y salvadores de la lengua, practiquemos el verbo, el adjetivo, el adverbio, la preposición, la conjunción, el sustantivo, juguemos con cada uno de ellos y armemos frases de las cuales nos sintamos orgullosos, que demuestren cultura y que salven la cultura.
Español mió. Todo esto, como un gesto de gratitud cuya magnitud no imaginas, por haberme salvado de tantas, por habarme permitido expresar en esencia mis divagues mas complejos.
¡Iniciemos la sublevación contra la ignorancia lingüística! Les prometo compañeros, que una vez iniciada por cada uno esta revolución de la palabra, descubrirán una herramienta cuya capacidad entenderán, han subestimado.
Que nadie se apegue a una indiferencia inútil o a un pesimismo prematuro, pues es la multitud la que logra lo impensable, la que una vez sumadas voluntades, es capaz de traer de la tumba a las más muertas palabras cuya existencia desconocíamos o nos era simplemente indiferente. Logremos una evolución basada en la regresión, pues no cualquier futuro pinta mejor, encontremos en páginas pasadas tesoros que deberíamos de portar en la actualidad.
Mostremos bondad a las hermanas palabras que tanto nos regalan, ¡solidaridad a las caídas!
Concluyo así, mi llamado, mi invitación, mi grito de guerra.
Espero que mi anhelo sea compartido y realizado por aquellos que aprecian la belleza hablada, por aquellos que concuerdan con mis ideales, por aquellos que añoran una magistral muestra de cultura cotidiana en el lenguaje… y por aquellos que no, también.

El arte como terapia.

Segundo que pasa, segundo que pensamos.
La mente no descansa. Dormir es modo de recargar batería, no de apagado.
Son contadísimas las veces que repentinamente despertamos, notando que por unos segundos, talvez minutos, estuvimos ausentes y la mente se tiñó de blanco.
Infinitos pensamientos desfilan cada pasillo mental. Archiveros interminables cada uno guardando un recuerdo, capaces de sumergirnos en sentimientos que ni su nombre conocemos. Pendientes, planes…
En la computadora formateamos el disco duro.
En las calles, se barre la basura, vestigio de la presencia de personas.
En la mente, ¿qué?
¿Como despojarnos de viejos o nuevos fantasmas?
¿Cómo expresar lo que su denominación ignoramos?
¿Como filtrar el sentimiento indeseado?
Mi humilde sugerencia es la siguiente:
Evolucionemos la mente. Desarrollemos nuestra capacidad subjetiva y entrenemos la capacidad para plasmar el pensamiento, el sentimiento y convirtámonos en artistas.
Aprendamos a desahogar nuestra subjetividad que creemos indescifrable por medio de alguna actividad que recree la mente, que plasme en nuestra obra lo que pretendemos entender o expulsar, que nuestro oscurantismo mental desemboque en un papel, en una escultura, en un mural.
Las opciones son numerosas. Depende de nuestra afición o interés el tipo de arte que pretendamos crear, pero cuidado, no nos limitemos a aquellas ramas que el conocimiento general establece como arte, el arte no debería estar sistematizado o delimitado por una clasificación. Para un amigo, encontrar patrones numéricos en estadísticas es su placer, su pasión y su arte.
Aprendamos a utilizar el arte como terapia.
Rompamos de una vez esa frontera ilusoria que nos limita a ser espectadores, no justifiquemos nuestra estática con carencia de talento. El talento no es necesario cuando no pretendemos lograr elogios o gusto por nuestra obra. La voluntad mis amigos, la ferviente voluntad por gozar del arte como desahogue es lo único necesario.
No hay que preocuparse, no es minimamente necesario exponer la obra que creemos demasiado joven e inexperta. Nadie juzgará ese dibujo, nadie hablará pestes ni maravillas de esas palabras, seremos artista y espectador.
Admiremos nuestra obra por lo que logramos expresar y expedir, no por su estética, menos por su valor cultural o científico.
Habrá intentos que consideremos fallidos, habrá dibujos, párrafos o lo que sea que hayamos creado, que nos provocaran nada más que risa por su carencia de coherencia, de estética, de forma. También esa risa importa. Será la viva expresión de la burla a uno mismo, el gradual entierro de complejos y preceptos.
Y habrá intentos donde más que una actividad de recreación, encontremos plasmada una pasión, un talento, un don, que decidamos exponer, arriesgándonos a ser victimas de la relatividad implícita en el arte según aquel que la mira.
Dejemos atrás aquellos pensamientos que carcomen la mente.
Logremos por fin este encuentro con nuestra subjetividad y declarémonos artistas.

martes, 30 de octubre de 2007

Dilema ético.

¿Es correcto castigar a aquel que causó daño, cegado por su ignorancia o/e ideales?

sábado, 20 de octubre de 2007

Belleza.

Tu belleza es inmensa, simplemente admirable, pero invisible a ojos humanos que no permiten ir más allá de la piel que la encierra, subyacente. Tu belleza es infinita y pura, pero solo los ciegos te elogian.
Tu belleza es surreal en un mundo donde tantos te enseñan a matar para sobrevivir. Tu belleza me impresiona cada que la presencio en tu manera de actuar frente a los demonios, los mentales y los de carne y hueso. Al mirar tu belleza desplegada, me invade un sentimiento de fealdad. Tu belleza debería ser galardonada y tomada como ejemplo en este mundo agonizante. Tu belleza es subyacente. Tu belleza no provoca millones de fotografías, tampoco filas de pretendientes. Ante tu belleza, luzco terrible. Ante tu belleza, lucen terribles. Tu belleza no provoca envidia, pero debería. Tu belleza es tu suicidio, me dices que te acuchillen antes de tú acuchillar. Tu belleza provoca la tranquilidad eterna de tu conciencia. Tu belleza es propia de un mundo superior. Tu belleza es inocencia en este maldito mundo. Tu belleza es tu esencia. Tu belleza te regalará el vuelo a algún lugar donde están los de tu clase. Tu belleza no sobrevive en este rincón de la galaxia. Tu belleza te hará ceder ante los millones dispuestos a robarte la vida para obtener tus modestas alhajas. Tu belleza pertenece a una utopía. Tu belleza me intimida, pues estoy acostumbrado a tus desemejantes. Tu belleza pertenece a un lugar mejor, aquí solo derramará tu sangre y lagrimas. Vete antes de que tu belleza desencadene tu desgracia. Aquí no te merecen. Ni yo mismo. Yo que te extraño y nunca te conocí.

martes, 9 de octubre de 2007

Urge culturización de planeación familiar.

Llega alguien más.
Y conjunto, una boca más, una mente más, una entidad más, por nombrar algunas.
Conjuntas llegan, necesidades básicas y no tan básicas.
Responsabilidad para cumplir con los cuidados necesarios para asegurar la supervivencia del nuevo individuo que entre tanto semejante, ni individuo parece.
Una realidad que de tan presente y cotidiana, ya tantos consideran adecuada.
La curiosidad me aborda y decido consultar las estadísticas de la famosa tasa de natalidad. Los resultados son escabrosos.
Las estadísticas ya no lo dicen, lo gritan.
Tan cínica e irónica es la realidad plasmada en aquellos números.
Para ponerlo simple, me resulta francamente absurdo que en países de primerísimo mundo nazcan en proporción, menos bebes de los que nacen en aquellos cuya situación económica es todo, menos afortunada.
Y con situación económica me refiero en este caso, al contexto financiero que viven la inmensa mayoría de los habitantes de este país. Una situación que a mi humilde parecer, es infinitamente inadecuada para darse ciertos lujos, como ese de andar cultivando hijos al por mayor; Suficientemente baja para autoexigirse el uso del condón o cualquier otro método anticonceptivo y no atenerse a una suerte inexistente, pues bien se dice por la calle que antes de llover, chispea.
Me preocupa la inconciencia que demuestra este fenómeno, inconciencia del tiempo disponible y del tiempo requerido, del dinero disponible y del dinero necesario.
Me apena la carencia de ambición por dedicarle más en todos los aspectos a un hijo, la lógica utilizada por los padres que mas que irracional, me parece egoísta.
Diez desnutridos, ¿por qué no dos sanos? Inconsistencia en todos los aspectos que considero de carácter indispensable en la formación de un hijo.
Ante una diversidad y profundidad de factores que me abruma, confieso que mi interés no es realizar un estudio sociológico, creo suficiente el sentido común y la información disponible a pocos clics para deducir las causas que originan esta realidad.
Mi interés es más bien, expresar una crítica destructiva a la ineficiencia del sistema de educación y fomento de cultura social que en las estadísticas se plasma conforme cada censo y estudio de tasas de natalidad.
De una u otra manera aquellos a los que les corresponden dichas cuestiones, deben ingeniárselas para generar conciencia en la sociedad actual, en la familia promedio.
Ya no es tolerable permitir el incremento desenfrenado de la miseria a estas alturas de la historia. No es suficiente con desarrollar líneas de atención, impartir talleres y demás proyectos cuyo impacto en la mentalidad de la gente es tan bajo que prácticamente inexistente.
Se necesita una imparcial y provocadora reforma educativa que derive en una reforma cultural en la sociedad actual y por ende en las nuevas generaciones.
Se necesita una voluntad ardiendo en impaciencia por el deseo de cambiar las cosas por parte de aquellos que tienen las herramientas financieras, sociales y políticas necesarias para generar un cambio notorio, inminente.
Gozaría pensar que algún día, lo atrás mencionado se concretará gradualmente pero, ante la voraz magnitud de la realidad, mis anhelos me parecen poco más que una utopía.

domingo, 7 de octubre de 2007

Hoja en blanco.

Me fascina tu aspecto, tan sobrio.
Te conozco bien, a pesar de que mi sed de expresión te destruye en pocos instantes.
Te miro fijamente, antes de liberar a mis manos que esperan tranquilas el impulso eléctrico que depara tu aniquilación.
Y aunque te aprecio tanto, nunca te extraño, porque sé que siempre volverás apenas lo desee. Admiro tu disposición, tu frescura. Luces radiante.
Tu estética es tan pura, tan libre de cualquier adorno ostentoso.
A diferencia de algunos comentarios que he escuchado y leído, tu apariencia me motiva, me emociona, me gusta saberte en esencia, vacía, pues sé que al terminar, te habrás deformado a mi completo gusto y voluntad. Eres flexible. Eres hermosa.
Para los que te temen, tu personalidad es aplastante.
Para mí, no tienes personalidad.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Existencia menguante, letal prescripción.

Estupidas leyes, no comprenden.
Hoy se desvanece mi presencia. Hoy me convierto en recuerdo.
En unas horas, te conviertes en homicida.
Y en este instante, gozaría de demandarte. De mandarte a alguna fétida prisión, donde tus rudas y fornidas compañeras te odiarían, por haberme regalado un ataúd.
Donde tu conciencia, como tu única acompañante, te devoraría.
Pero a los ojos de cualquier tribunal, eres una santa.
Algunos se van cuando las lágrimas abundan más que las vitaminas, los carbohidratos y demás componentes vitales cuya denominación desconozco y no me interesa. Cuando los huesos se adhieren ya a su piel por falta de ingesta.
Otros, como yo, evaden la agonía final, por miedo a ella.
Mis queridos, desaparecidos amigos. Antes me llamaban, me ayudaban, me hacían sonreír por unos minutos. Una sentida disculpa por el malgasto de su tiempo.
Antes les interesaba, antes trataban de introducir a nuevas personalidades que según ellos, derramaban encanto, y eran buenas en la cama. Pero yo no quiero una belleza irreal, tampoco una ninfa, no quiero compasión. Yo te quiero a ti. Yo te quería a ti.
Tan tierno y maldito cliché, te odio porque no puedo hacer nada más que amarte.
Pero hace ya mucho, amarte me acuchilla.
Te convertiste en futuro verdugo con esas palabras. Me gusta pensar que las pronunciaste porque me pensabas de acero, no por cruel.
Me llamaste frió. Hoy te demuestro inútilmente, que no es así.
Ya me aterra otro día. Cuando no soportas el paso de los segundos, ¿que mas se puede hacer? ¿Que se supone que haga? ¿Fornicar con un millón? No, me asusta un cuerpo sin tu rostro.
Me fugo de esta existencia ausente.
La lista de soluciones se reduce ya a una. No por pesimista y premeditado pues créanme, la esperanza fue mi último romance. Amor, desvaneciste mi objetividad, desmoronaste la esperanza.
Me ahogo en locura. Pago con mis latidos el remedio a una demencia que no debería…
¿Por que nadie te condena? Porque el loco soy yo.
Pese a todo, la verdad es que no te deseo tragedia. Si el karma existiera, tú muerta estarías.
Mi último anhelo, es que te des cuenta de que eres afortunada.
Afortunada, por haber causado tan inhumano desangre y no cumplir una sola sentencia.
Nadie te va a culpar. A los ojos de nadie eres cruel, soy el único que te conoció aquella capacidad que de tan enorme, parecía entrenada.
Afortunada, porque ante todo respeté tu solicitud de lejanía de mi parte, aun me costara este mar de lágrimas y hoy, la respiración.
Me incapacitaste a tu ausencia.
Me dueles en cada centímetro.
Has cambiado.
Me robaste un millón de sonrisas, hoy me robas la vida.
Aquella vez me robaste el aliento, hoy lo harás literalmente.

martes, 25 de septiembre de 2007

Callejón de la revancha. Martillo del perdón.

Tantos años he vivido.
Y en mi memoria, pasillos de inmensa magnitud, incalculable longitud.
Siento la caricia de la remembranza que invita, y me guía sutilmente a recorrer estos pasillos plagados de fotografías, de videos, de sonidos, de momentos.
Sonrisas, suspiros.
De repente, la incomodidad me ronda. Me acerco a un capitulo que cuando creado, contaminó la apariencia del aquel pasaje. Mi mente se entinta de curiosidad y mi paso de impaciencia, me posee ese morbo por recordar lo que pretendemos olvidar.
Llego por fin. Descubro una laguna de lágrimas, diviso un eco infinito de gritos acercándose, logrando mayor nitidez conforme su avance, taladrando mis oídos, torturando mi conciencia.
Vestigios de aquel enfrentamiento de tintes épicos.
Vestigios que dejaron corrompida la estética de aquel pasillo.
La iluminación decrece y la atmósfera se torna oscura. Es mi conciencia, que envuelta en orgullo e inmersa en una dignidad lesionada, se ahoga en vergüenza y decide privarme de visión.
El hedor inconfundible del rencor se filtra por las paredes y decido que es tiempo de abandonar el ya tétrico lugar, tiño entonces de desesperado apremio el paso esperando escapar, pero aquel hedor me sofoca, reprime mi paso y se cuela en mi interior.
Devora mi ética, despedaza mi moral, despierta esa vieja furia dormida y planta en mi conciencia el deseo de venganza…
Aquel pasillo es ya un callejón. Y lo será hasta que concrete la sucia ambición que el recuerdo forjó en mí, o hasta que el perdón mas sincero quiebre sus paredes.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Tiempo.

Me es difícil juzgarte. No deseo tu furia.
Me resulta demasiado comprometedor emitir una opinión sobre tu actuar, sobre tu manera de hacer las cosas, sobre tu manera de presentarte ante mi.
Todo esto en sentido, digamos, figurado.
Pero esta siempre latente aquel enterrado y angosto callejón mental donde tememos que nuestros disparatados miedos puedan ser de hecho, posibles.
Me asusta la idea de que en algún plano ajeno al conocimiento de la ciencia, imposible de comprender para nuestras aún primitivas mentes, te sepas capaz de actuar a conciencia, que el mismo misterio del cual proviene la humanidad te haya dotado de inteligencia o siquiera de instinto.
Pero considero esta bizarra y fugaz alucinación demasiado imposible, así que hablare pestes y maravillas de tí a dulce voluntad.
Charlatán. Miro al reloj y me prometes abundancia, te gritas suficiente. Gracias a algún presentimiento enemigo tuyo que osa desenmascararte, miro al reloj de nuevo y me doy cuenta de tu deslealtad.
Tu traición, como siempre, deriva en llamadas o mensajes, avisando impuntualidad. Lográndome presa de reproches que ya estoy cansado de escuchar.
Tantas reincidencias te hacen ya muy indigno de mi confianza, me convertiste en esclavo de las alarmas y los recordatorios electrónicos… Súbdito también, del temporizador que te delata cuando corres en vez de caminar, que frustra tu intento por emprender el vuelo. Amables herramientas que algún día dije inútiles y predije empolvadas ante mi indiferencia, que han ahora logrado inmensa gratitud de mi parte.
Mentiroso. Te dices vasto y suficiente, logrando calma de mi parte, solo para aprovecharte de ella, de mi estado carente de vigilancia, y en lo que yo concibo como un breve momento, has ya violado y sodomizado al indefenso minutero.
Desalmado. Bastardo desconsiderado, te importa un bledo si logras mi despido o suspensión de alguna institución o empresa. O talvez es precisamente tu intención, intuyo que presencias con sumo placer la desgracia ajena.
Te tomas la calma del mundo para caminar durante los momentos que aborrezco y tiñes de impaciencia tu paso durante aquellos que gozo.
Inmundo fetichista de los estragos que provocas.
Algún día, lograras que mi cabello se torne blanco y que mi piel cuelgue. En susurros, te maldigo por adelantado.
Ahora que desahogo mi sentir por ti, me doy cuenta de que existe un rencor subyacente ante lo que eres, ante lo que desencadenas, pues lenta o rápidamente, desvaneces todo lo existente, excepto a ti mismo.
Ya no se que maravillas pensé que hablaría de ti.
Pero sería inútil odiarte. Tu presencia se posará sobre mi existencia hasta el día en que alguna fatal coincidencia convierta en un instante el lapso que de haber sido otra mi suerte, hubieras estado junto a mí.
O hasta que algún montón de células maliciosas se apoderen de mi cuerpo y de mis esperanzas de vida, dictando una imprecisa sentencia que consumada, lograra tu huida de mi lado.
Si la fortuna me aprecia, hasta que aquel eterno misterio decida que te has agotado para mí, que ya no puedo tener más de ti, que es momento de que me devores.
Sigilosamente estarás aquí, transcurriendo, hasta que el azar conjugado con mis precauciones decida las razones por las cuales te fugarás de mí. Y las estadísticas me permiten darme el lujo de ser optimista, es por eso que te predigo a mi lado por varias décadas más, he de aprender a apreciarte, a manejarte y a exprimirte.
Mientras tanto, no me queda otra opción que permitirte el continuar desmoronándome, llevándome de la mano a mi fin… yo me encargaré de disfrutar el trayecto.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Daniela.

Soy un gloriosamente joven afortunado victima del desenfreno sentimental.
La coincidencia. No la considero tan generosa, es por eso que esta es una de las muy pocas veces que me declaro un dichoso apreciado y de nuevo victima, esta vez, del destino, que la cruzo en mi camino.
Victima. Se tiene un concepto erróneo de dicha palabra. Como la mayoría, yo solía relacionar este concepto con alguna clase de sufrimiento.
Conceptos. Ya no confío en aquellos establecidos pues he presenciado la caída y el despedazamiento de suficientes. La abrumante mayoría, de su cortesía.
Victima de nuevo, de mi humana naturaleza. Descabelladamente concluyo que sus partículas subconscientemente captadas por mi olfato fueron intencionalmente diseñadas para mí más que para nadie.
Ella: culpable. Sanguinaria homicida de los conceptos que deambulaban felices e inocentes en mi mente. Sus sigilosos crímenes, un deleite para mi sistema nervioso.
Y así, un concepto de amor yace desangrado en algún pasillo dentro de mi encéfalo, ahora tapizado de ella.
Un concepto de necesidad inconsciente para siempre, fracturado en la esquina de quien sabe cual fracción de mi memoria.
Un concepto de plenitud degollado, uno de satisfacción descuartizado.
Ante su llegada, el nacimiento de los nunca antes imaginados por mi joven conciencia, crecidos, dinámicos, hermosos conceptos. Imponiéndose con violenta voluntad en cada rincón de mi mente. Una nueva concepción de todo lo que engloba el enamoramiento con locura, una nueva concepción de magia.
Victima de sus maneras, victima de sus palabras.
Victima de su sonrisa, de su coqueteo, de mi coqueteo.
Victima de nuestro juego, feliz victima de lo que desencadenamos.
Victima de su magia, de su esencia eternamente indescifrable.
A cada momento juntos, incremento de mi percepción de su belleza.
Hace menos de un año, victima de la mas concentrada inyección de pasión que viviré durante mi estancia en este cuerpo.
Me resulta imposible ya pintarme sin ella. Niego dependencia pero acepto y afirmo necesidad. Según creo, bastante comprensible pues ante la recién construida y constantemente incrementada nueva y radical percepción sobre la belleza del enamoramiento, me resultaría emocionalmente fatal la perdida de su arquitecta.
Aún desconozco la causa de mi fascinación por intentar explicar una verdad tan incomprensible. Ambición por lograr un intento decente, supongo.
Talvez hoy la suerte en la que no creo me bese para demostrarme su existencia y me convierta por dos segundos en capaz de describir lo que ella causa en mí.
Es la belleza más pura. Capaz de irradiar ternura que me ablanda más que el felino mas hermoso. Capaz de en un instante, tornar la ternura en endorfinas en proporciones ridículas. Capaz de provocar lagrimas cuya razón es lo contrario de tristeza.
Capaz de lograr mi ahogo en llanto con una frase que espero nunca piense, menos pronuncie. Capaz de hacerme desear inmortalidad para jamás dejar de disfrutarla.
Y yo, capaz de todo por ella.
Aquel enamorado que se declare inmune a los celos, no es un enamorado o es un mentiroso. Yo estoy celoso de su cama, de sus sabanas, de sus zapatos, de sus vestidos.
¡Su ausencia! me duele imaginarla.
Su ausencia daría lugar a un nuevo concepto de dolor, cuya presencia en mis adentros, estoy seguro terminaría por devorarme. Pero es esto en lo último que quiero pensar.
La inmensa mayoría estará encantada de juzgar todo esto como un dulce y fugaz efecto de la idealización, pero yo la descarté hace ya mucho tiempo; cuando me di cuenta de que sigo siendo aquel hombre elitista, de mente analítica de lo subjetivo, capaz de realizar juicios realistas y objetivos, gustoso de la relatividad pero claro de perspectiva.
Así que no atribuyo estos pensamientos a una idealización mía… sino a mi frío realismo, queridos.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Actualización sin razon.

Por alguna razón aún protegida por mi caprichoso subconsciente, me es imposible abandonar estos rumbos donde estoy a pocos clics de cualquier lugar del mundo, sin antes redactar y plasmar algún pensamiento en este muy mió, muy joven y muy adorado rincón.
En fin, con estas palabras, concreto mi inquieto deseo. Aprovecho esta ocasión para expresar mi ferviente voluntad por tornar la escritura parte de mi cotidianidad. Si no obvio, es bastante deducible según mis consejeros neuronales, que la escritura es para mí una frecuente actividad, pero la frontera entre cotidiano y frecuente es de inmensa anchura.
Ante un minutero que amenaza con degollarme, me dispongo a recibir con gozo el asedio de mis sabanas.
Bella vida a los merecedores de esta.

martes, 4 de septiembre de 2007

Fugitivo de mi orgullo.

Imposible declararme hoy o ayer, exento de orgullo.
Un término complicado y versátil pero a fin de cuentas, ¿cual no?
Dicen los académicos que se refiere al exceso de estima propio algunas veces disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas, pero la definición es para mí una bella frase de léxico impecable cuya función es describir el concepto y nada más. Describirlo breve, técnica y amablemente, la definición es tranquila y serena, no gusta de complicarse.
Me considero adversario de esta superficialidad, y no me interesa demandar profundización, sino expresar mi versión de esta.
En fin, el orgullo… tantas noches, varias tardes, algunas mañanas e infinitas madrugadas has sido mi amante. Mi fiel y obsesionado amante, me acosas y no me sueltas una vez que logras mis besos. Siempre estas ahí, oculto pero dispuesto, alerta a cualquier situación donde sabes te acogeré como a un hijo.
Disfrutas e incitas mis roces con aquellos cuya acción u opinión no respeto, y los conviertes en ardiente fricción que a su vez desencadena una batalla de inmensa magnitud algunas veces y otras, donde tu empeño no fue suficiente, un simple enfrentamiento entre mentes opuestas.
Debería de aprender a rechazarte, de resistirme a tu juego de seducción, debería dejar de recurrir a ti cada que veo fracturada mi dignidad, cada que un combate de argumentos impregna de sangre o lagrimas la escena.
Me es difícil comprender tu atracción por mí, o debería talvez de decir, mi atracción por ti. Quiero aprender a defenderme de tu acoso, pero es difícil lograr serenidad y lo es aún más, ser aquel que cede ante la incomoda apatía.
Aunque tampoco he de desvalorizar tus bondades, me has salvado de la desdicha causada por algún desamor, por algún fracaso, me has arrebatado de las manos el desdén que pretendía esgrimir contra mi mismo.
Por tales razones no te daré la espalda, solo espero seas comprensivo cuando mi volubilidad hacia ti se haga notar. No puedo adjudicarte la culpa absoluta, pero debes comprender que estoy resentido por aquel tiempo que me robaste, por haber convertido en indiferencia, los que pudieron haber sido momentos. Por aquellas amistades perdidas que no te toleraron en mi trato, por la posibilidad que gracias a ti, fue mera ilusión jamás concretada.
Me es imposible ya, darte alojo en mi conciencia.
Aún así, no me despido de ti, pues te conozco terco y perseverante, sin mencionar que el furioso ardor de los ánimos es capaz de romper la frontera que en este momento establezco entre tú y yo.
Hasta luego, orgullo.

domingo, 19 de agosto de 2007

A las cuatro y tantas, un asalto de fervor.

Tenemos ya un buen rato sin encontrarnos querida, vieja, desafiante, siempre misteriosa hoja en blanco. Me pregunto si mis fieles manos sabrán esta vez describir las historias que se encuentran en mi mente ansiosas de ser publicadas.
Debo de confesar que no había escrito a raíz de un incidente, que de violenta manera, marcó mi memoria. Tatuó un día en concreto, en mi borroso calendario mental, dejándome recordarlo con lujo ya muy ostentoso de detalles; el morbo, el orgullo, que se yo… ¡Decía! (disculpen, el encantador divague me seduce y sin darme cuenta pierdo a veces dirección) apenas unos minutos después de dicho incidente, tomé la talvez brillante, talvez estupida, talvez solo adecuada decisión de privarlos a ustedes queridos, de mis palabras… Espero haberles robado una burlesca o amable risita con esta ultima línea, solo juego… simple chascarrillo donde me digo ya causante de ansias por leerme, no… claro que no, no soy tan soberbio; me gustaría cambiar ese “no soy” por un “nunca seré” pero quien soy yo para expedir una declaración de futura inmunidad al acoso de la soberbia y presunción…
En fin, la verdadera razón de dicha decisión es bastante compleja de explicar, pero fácil de comprender, me dispongo entonces a idear una línea para describirla:
Quería asimilar por completo dicho incidente para no teñir a mis escritos de inconscientes, crudos, viscerales, sarcásticos, ácidos, disfrazados o sutiles reclamos hacia el causante de aquel amarguisimo trago.
Y no se si juzgar mi decisión de acertada o estupida, pues sé del potencial que alcanzan las palabras cuando mas que formar escritos, forman la furiosa traducción del ardor y la pasión del sentimiento que impregnado en las heridas se conserva aun fresco, irracional, poseedor de ese desvergonzado espíritu que ansía más que nada ser liberado ante su causante, ese espíritu despiadado, vengativo, espíritu que no tarda mucho en comenzar su agonía… Yo lo perdí, lo deje agonizar y lo transformé en orgullo, orgullo que actualmente aún porto con firmeza ante aquel del cual estoy resentido.
Espero haber realizado un buen trabajo al describirles la razón de mi decisión, logrando su comprensión y talvez con un poco de suerte, su empatía.
En el momento menos esperado me asaltó la necesidad de escribir y heme aquí, habiendo ya disuelto cualquier clase de rencor sediento de expresión, decidí que no podía continuar privado de lo que considero mi pasión, privación que yo mismo impuse, pues estaba temeroso de arrepentirme de mis palabras.
Así es entonces, 4:31 de la mañana y me encuentro de nuevo en una orgía con las palabras. Dejándome llevar únicamente por el instinto de expresión que casi se olvidaba de la sensación de ser publicado.
¡He de celebrar entonces! He de gritar, de susurrar, de declamar de nuevo, he de fornicar por enésima ocasión con la libre palabra.

lunes, 6 de agosto de 2007

Asesinos del protagonista de su reflejo.

Quitarse la vida no es algo que se piense todos los días.
Atentar contra nuestro cuerpo, con el único fin de erradicar nuestra existencia.
De vez en cuando me acosa la curiosidad y me pregunto que tanto se necesita para que nos ronde el pensamiento de dejar de vivir voluntariamente. Que circunstancias nos envuelven en una frustración y angustia tan cruel, que nos otorguen el valor y coraje para tomar una decisión donde la protagonista es nada más que nuestra vida.
Una decisión que sabemos imposible de disolver, que una vez consumada, depende únicamente del método elegido los segundos que tarde nuestro corazón en conocer por primera y única vez, el descanso. Y envuelto en divagues, me inquieta…
Que tanto es necesario, para que decidamos renunciar a la posibilidad de volver a mirar, sentir, probar, palpar, escuchar todo lo que conocemos y alguna vez conocimos.
Que clase de infierno terrenal se necesita para que optemos por desvanecer nuestra presencia para convertirla en tan solo un recuerdo o una añoranza.
Que tan oscura realidad es necesaria para cegarnos a cada rastro restante de esperanza, sabiendo inútil cualquier intento por recobrarla.
Que clase de maraña mental y emocional acuchilla tan asiduamente la conciencia que la única manera de detenerla es asesinando al poseedor de su victima.
Que enfermedad convierte al portador en su más efectivo instrumento para matarlo.
Que clase de demonios internos se necesitan para que la solución mas atractiva y viable sea la de adelantar aquel momento donde la vida se despide de nuestros cuerpos.
Que sentimientos pueden ahogarnos de tal manera que decidamos regalar la posibilidad de volver a sentir siquiera.
Que clase de conmoción desgarra tanto nuestra conciencia que prefiramos delegar esta al olvido.
Que sufrimiento devasta tanto que provoca al desdichado redactar su propia invitación a la muerte.
Tantos suicidios en el mundo y cada uno, dándome el lujo de besar al optimismo, tan evitable. El suicidio pienso, es la culminación de la infelicidad, donde ya independientemente del ángulo del que miremos, no encontramos razón alguna para prolongar nuestra existencia. A veces solo un arranque de impulsividad en medio de una situación donde el deseo por coexistir se filtra entre las lágrimas derramadas.
Quien sabe... la verdad sobre un tema de tan subjetiva índole es demasiado compleja para intentar explicarla o siquiera intuirla, debería cultivarme con el respaldo científico existente o aprender a vivir con el acoso de mi curiosidad, que a diferencia de mi corazón, conoce muy bien el descanso.
Y espero nunca conocer por experiencia propia la respuesta a mis mencionadas inquietudes, pues algo me hace pensar que no podría notificar mis descubrimientos.

sábado, 4 de agosto de 2007

Intolerancia que mata.

Más que sorprenderme, me entristece la carencia de cultura que existe en mi ciudad.
Es ya bastante sabido por aquellos conscientes del entorno, que la generalidad no dispone de una, digamos, amplia variedad de conocimientos sobre el mundo. Su mundo, se reduce a los conceptos y conocimientos estrictamente necesarios para sobrevivir y a aquellos que están presentes en su cotidianidad.
No puedo juzgar esto, pues hay infinidad de factores que causan este ya tan común y añejo fenómeno. Dígase de la falta de tiempo, dígase de la insuficiencia de recursos para incrementar su cultura.
No puedo juzgar ni culpar a alguien por su ignorancia, pues todos somos ignorantes en mayor o menor medida y la gama de conocimientos a adquirir es simplemente infinita.
La cultura no viene en tabletas. Hace falta leer, hace falta viajar, hace falta escuchar, hace falta preguntar, hace falta vivir para adquirir cultura.
Hay una clase de cultura que de manera sincera y orgullosa, confieso poseer en exceso; la cultura de la tolerancia. Tolerancia, un concepto bastante amplio, pero seré concreto.
Me entristece darme cuenta de que a estas alturas de la novela de la humanidad, existen amantes de lo convencional. Y más que amantes, les llamo fanáticos.
Personas que por tercos prejuicios, viejos complejos, preceptos, o mero goce por fastidiar se rehúsan a aceptar la diversidad, lo diferente. Personas que entienden la rareza a manera de defecto. Personas que critican lo que a sus ojos no es “normal”. Personas que valiendo los principios más básicos de la relatividad, ven y manifiestan su verdad como absoluta. Personas que ven como malo lo que no encaja en lo establecido. Personas que piensan inadecuado aquello que los demás no miran con buenos ojos. Personas que cegadas por su intolerancia reprimen lo desemejante, sin darse un segundo para reflexionar el porque declarar su verdad como la correcta. Personas que le arrebatan a terceros la oportunidad de ser auténticos por miedo a represalias, insultos y ofensas.
Admiro a aquellos que comprenden a estas personas como ignorantes, y no como algo más.
Admiro a aquellos que no ven a estas personas como dignas de su atención.
Admiro a aquellos que no ablandan su postura ante la incivilidad de los intolerantes.
Me atrevo entonces a declarar de la manera menos arrogante, que francamente, me admiro.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Vieja critica a la vanidad disfrazada.

Me resulta extraño como las personas en myspace carecen de aquel pudor y talvez innecesaria y anticuada pero digna vergüenza que provoca solicitudes tan egoístas y muchas veces hipócritas o convenencieras como "¡comenta mis pics!"
Y a menos que quiera desarrollar un largo, tonto e inútil blog sobre la complejidad del raro y monótono egocentrismo ya típico de de myspace, me conformo con observarlos.
Continuar leyendo más por accidente que por interés esas vanas pláticas donde el interés obvio pero muy disfrazado es siempre la vanidad. El más puro deseo de ser elogiados para reforzar aquella seguridad de la cual carecen o poseen en exceso.
Y tantos juegan a ese ritual. Donde aquel que es poco mas que tu conocido descarada pero amigablemente te pide comentes sus fotos, y la gran mayoría acepta, no sin ese interés silencioso a veces expresado, a veces no, que genera la ferviente emoción de que el comentario les será devuelto.
Desconocidos que se quitan el prefijo de esa palabra e incluso se nombran amigos por medio de adulaciones baratas y comentarios donde se dice poco mas que nada, totalmente fugaces.
Pero esa no es su función, así que no puedo reprocharlos por eso. Su función, y por lo cual se agradecen tanto entre si, al tiempo que pretenden expresar estima mutuo en frases cortas y trilladas, es la de aumentar el contador de comments.

Volátil, vago, voraz.

Últimamente muchos cambios en mi vida.
Se torna acelerada y mi futuro esta a la vuelta de la esquina pero siento que se quedo sin combustible y permanecerá estancado hasta que me digne a alimentarlo con un poco de planeación.
Vago y me resigno ya a seguir el camino que me imponen los criterios de aquellos que creo tienen expectativas sobre mi. No así por el deseo de llevar contra, sino porque me separo de los clásicos y también muy validos futuros que la gran mayoría disfrutan soñar y planear.
Yo quiero vagar. No me interesa pintar el bosquejo del mañana porque estoy enamorado del hoy. Quiero sentir la pasión, seguir sintiendo la pasión que el gran porcentaje siente después de casi una vida de trabajar para una empresa que no los valora.
Quiero apresurar la sonrisa que delataría satisfacción cuando me informen que me muero mañana.

Violado por la más puta de mis realidades.

Me ronda de vez en cuando esta sensación de insatisfacción.
No me considero voluble, tampoco inestable. Me pregunto entonces a que atribuir esta inquietante sensación que se cuela en cada pensamiento, logrando un asqueroso pesimismo que deriva en una indiferencia ante los demás, ante mi mundo.
Reflexiono y bastan pocos segundos para darme cuenta de que no tengo ganas de practicar el arte de la introspección. Decido utilizar mi creatividad para idear alguna excusa que sirva como justificación para mi indiferencia. De repente todo me resulta plano, simple, llano.
Buscaría refugio entre mis sabanas, pero lo último que quiero es dejar que la inactividad le permita a aquella amargura difundirse entre los pensamientos mas recónditos de mi mente, logrando afectar mi percepción sobre los que hace unos minutos, consideraba mis amigos. Atrapado en una realidad que vomito. Inmerso en pensamientos ya teñidos de desden.
Una realidad que se inexistente, que se mantenía encadenada por mis convicciones, que rara vez me atrapa, cruel, brutal, una realidad que quiero desvanecer antes me sea posible.
Estoy siendo violado por la más puta de mis realidades, el pesimismo que logra es su placer, mi furia ante los desprevenidos, su orgasmo. Cesara solo hasta que desahogue mis reclamos enterrados en los que sin poder siquiera recordar como, alguna vez lesionaron mi orgullo.
Pero soy débil y temeroso, me resguardo entonces entre las sabanas, aun atormentado, acrecentando la profundidad de mis reclamos. Arriesgándome a talvez un día terminar devorado por esta tan monstruosa como escondida realidad.

De la falsa y barata seducción.

¡Es que no puedo negar que me asesina la falta de ingenio!
No me conformo con una explicación. Bien dicen que las acciones hablan mas fuerte que las palabras pero cuando del ritual moderno de la seducción se trata, yo a ninguna le encuentro cuerdas bucales. Así que al azar, opto por reír o llorar cuando a diario me doy cuenta del barato y ya conocido, casi sistematizado juego que practican los que se enamoran vía myspace. Es fácil ganarse a la mayoría de la gente.
Y aquella que presenta un reto de besar después del intento de impresionar con un superficialmente elogiado encanto siempre resulta fascinante para la gran mayoría de los hombres en esta comunidad, pero querida, te marcaran una Z en el pecho si te dejas seducir pues dichos especimenes quieren tu vagina como trofeo y no tu mente como amante.
Disfruta de sus infantiles adjetivos en infinitivo, disfruta de sus adjetivos que se convierten en posesivos al declararte como suya, disfruta de aquella frase que te tocó de entre su lista de prefabricadas, ríete y nunca menosprecies la experiencia que brinda este nuevo tipo de ritual ya tan típico de nuestros días.
Pero enamórate de él y no de sus palabras, ríndete a su voz solo cuando sientas la sinceridad acariciando tu oído.
Acepta sus caricias donde la temperatura aumente por su calidez y no por su lujuria. Enamorarte no es algo que se controle, pero si que se elige. Bellísimo pensar que tengo conciencia y capacidad de diferir la siempre tierna verdad del embuste que derrama sangre más veces de las que me gustaría imaginar.
Y no lo entiendo. Hermosa, bonita, linda. (Con sus ya conocidas alteraciones de escritura). ¿Enserio te sientes especial? Si tu respuesta es la primera palabra después del segundo signo de interrogación, eres una de tantas sumisas del elogio común.
Considero falsa la inmensa mayoría de declaraciones de amor que se hacen los amantes sin ingenio, pues aquel que esta realmente enamorado, encuentra e idea nueva maneras de hacérselo saber a su Julieta.

De idealización y otras condenas.

Somos muy astutos por naturaleza, no necesitamos consejos que casi sistematicen la manera de lograr la mirada de aquel por quien suspiramos.
Nuestra naturaleza es brillante.
Cuando el instinto se apodera de nuestra corporalidad, y nos encontramos bajo el ya tan trillado trance que delata nuestro estado con una sonrisa, con una posición corporal, con el brillo de la mirada, es cuando debemos preocuparnos por perseguir al causante de nuestro estado, pues a mi romántica manera de ver las cosas, podría tratarse de alguien que la coincidencia cruzo en nuestro camino a manera de regalo.
Es cotidiano admirar la belleza, pero rara vez sentiremos aquel estado de total sumisión mental ante una persona. Cuando aquellas simples palabras escuchadas se tornan la composición mas bella que jamás rozó nuestro tímpano…
Pero es también cuando debemos preocuparnos, pues podría estar a punto de poseernos el estado de falso enamoramiento.
Aquel que engaña a la mente, y tiende sobre nuestros ojos dos telones, a manera de vendas. Vendas que únicamente el creador de estas puede rasgar, insensibles a navajas de amigos que intentan retirarlas por hacernos ver la realidad que creemos imposible. Vendas que logran únicamente idealización de la persona que nos sedujo con la pura mirada. Las cuales, únicamente caerán en su totalidad cuando se vean presas del acido llanto causado por el mismo creador de estas.
Procuremos enamorarnos entonces del físico, del pensamiento y del sentimiento, pues cada aspecto es de carácter indispensable si queremos una relación que no rose con lo fugaz.
Rindámonos al ritual primitivo de seducción y juguemos con el instinto, experimentemos con nuestra naturaleza pasional… Pero mantengámonos alertas cuando nuestra vista comience a menguarse a causa de aquel telón que comienza a bajar, pues una vez toque suelo, nuestra terquedad cortara la soga, condenándonos a ser heridos para despertar de aquella ilusión que jurábamos perfecta.

lunes, 30 de julio de 2007

Inutil reclamo.

Descaradamente pecas de cínica, o talvez solo a manera de oscuro sarcasmo que yo no detecto, te atreves a decirte buena persona.
Tenia razón aquel día que entre susurros te dije, mataría por ti, pues he degollado de la manera mas lenta mi orgullo, te acuso de cruel por habérmelo permitido.
Contigo, no solo perdí la inocencia. Perdí la cordura e infinidad de cosas mas, que reclamo al pasado, aun sabiendo que se encuentran ya tan distantes como la mujer que solías ser.
Creaste recuerdos, que me atrevo a llamar indelebles. Y me arrepiento…
Cada momento donde la coincidencia te trae de nuevo a mi mente a manera de objetos o lugares que asocio contigo, me arrepiento, por haberte dejado sembrarte en mi mente.
Me arrepiento de haberte confiado mis debilidades, pues he llegado a pensar que la desgracia que ahora me brindas es intencionada.
Me arrepiento de haberte expresado tanto, ahora eres soberbia, al saber que nadie me ha provocado, enamorado, excitado, más.
Me arrepiento de cada instante donde mis palabras sirvieron solo como puente entre tu vanidad y la arrogancia.
Contigo, vi perdida la cordura y el orgullo, pero me rehúso a dejarte arrebatar mi dignidad. Me parece increíble, tanto tiempo cegado por un enamoramiento que supiste manipular.
Pensaba que me regalabas esperanza, y ahora me doy cuenta de que solo me pedías la hora.
Mi gran error fue aquella ingenuidad. La odio, por haber mantenido mis ojos vendados a la que se había convertido en mi realidad hace ya más tiempo del que estuvimos juntos.
Me duele verte indiferente. Me duele saberte feliz sin mi.
Pero aún siento el abrazo de mi dignidad, que le reclama a mi conciencia.
Es por eso querida, que los segundos que tarde escribiendo esta oración, serán lo último que pierda por ti.

domingo, 22 de julio de 2007

Ante tu ausencia.

Me gustaba pensar que ella adoraba en su mente destrozar los comunes elogios que le escribían, discretamente intentando seducirla… siempre con esa intención. Mas obvia de lo que se podría pensar.
Y en silencio, yo reflexionaba. Sus ojos inexplicablemente bellísimos, ojos únicos para mi, enormes, expresivísimos, misteriosos, enigmáticos.

Algunos tontos decían que me hipnotizaba su mirada. Otros que me derretía, y no esque buscara separarme de lo común, sino que francamente, sus ojos a mi me causaban efectos mas complejos que entrar en trance o metafóricamente convertirme en una masa caliente de células inertes.

Me divertían sin igual aquellos que optaban por la sencillez de lo trillado, al decir sobria y simplemente, “me vuelves loco”. Eran también sano entretenimiento aquellos tímidos y faltos de palabras, o simplemente reservados talvez que unicamente le decían “me gustan tus ojos”… “a mi me gustas toda tu” me hubiera gustado comunicarle a ella a manera de burla y verdad, logrando talvez una sonrisa suya. Delatando mi interés por destacar.

Debería dejar de decir que suelen decir los que yo, soberbiamente llamo “los otros”, para encaminarme de nuevo a lo que me provocaba ella.
Sus ojos… me provocaban simplemente demasiado. En toda la magnitud de la palabra; Me gustaba verla, provocaba reacciones químicas y físicas en mi cerebro, con tan solo una foto, de ahí podemos partir para explicar lo que me hacia sentir su presencia.

Y continuaba, imaginando el día donde afín podría disfrutar su soñada presencia, y expresarle talvez con descaro, lo que me provocaba.

Y todo esto hace tanto tiempo. Nunca sucedio, nunca intente llevar a cabo siquiera uno del sinfin de planes que ideaba para toparme con ella. Peque de ingenuo, al pensar que podría haberlo descrito… nada similar siquiera he sentido desde aquel momento que estuvo ante mi por menos de cinco minutos, perdiéndose entre una multitud que no existía para mi. Para después mantener alimentada mi dulce obsesión monitoreando lo que hacia, a través de conocidos suyos, y fotos que encontraba por mil motivos, menos casualidad.

Ahora reflexiono. Y sinceramente prefiero guardarme explicaciones, únicamente por temor a quedarme corto. O a ser limitado aun por mi propio ingenio que no es suficiente para describir lo que sentía.
“Me vuelves loco” pensé alguna vez en escribirle… encontrando en esas tres palabras la explicación mas simple, directa y aplicable a mi situación, pero….
Y así, a cada oración o frase que se me viniera a la mente, ya sea prefabricada o elaborada en mi mente, le encontraría un “pero….”

Talvez por eso dicen que las mejores palabras de amor están entre dos personas que no se dicen nada.Digo amor… porque ya no era solo admiración, tanta fascinación me condujo a un estado de talvez falso enamoramiento, que derivo en el idealismo. Descartando cualquier imperfección en ella.
Si. Talvez por eso sea. Porque ha sido la única que me hizo callar mis manos o mis labios, por temor a quedarme falto de significado.
Y esque la belleza se elogia. Pero para mi, la belleza es una, y lo suyo es, o era otra cosa. Quien sabe si su belleza haya cedido ante la tortura del tiempo.

Y en mi mente, le decia al oido
"Sirvan mis plegarias a un dios en el que no creo, ruego por volverte a encontrar.
Que las horas pasen más rápido.
Que hagan más rápida su agonía.
Que los días no duren.
Que el sol se canse y se esconda antes.
Que la coincidencia te devuelva a donde puedo verte"

El sueño convierte el tiempo en invisible para nuestra percepcion.

Debería de dormir talvez, valiendo los adjetivos que mis conocidos me adjudicarian, pero dormido habría posibilidad de volver a olerte, mirarte, impregnarme de tu presencia únicamente en mis sueños.

Debería hacer muchas cosas.

Pero solo quiero hacer las que me dan esperanza de un día quizás verte de nuevo.
Y después de reflexionar mi lastimosa situación, me doy cuenta de mi triste solución.
Triste, pero la única que me regala esperanza.
Ya he perdido contacto con aquellos que me podrían decir sobre ti.
No encuentro nada más que fantasmas en la que solía ser tu casa...
Y poseías una introversión que nada me ayuda, pues pocos sabían de ti...

Digamos entonces de sutil y serena manera, que las calles ahora mi casa serán.
Las calles, el rumbo indefinido... el único lugar donde de cierta manera mi presencia se extiende, y mi mirada pendiente y vigilante me hacen sentir omnipresente, regalándome esperanza de que talvez un día de estos hayas decidido volver, para cobrar las memorias que la nostalgia de pasear por el barrio te darían.

Sentiré el frió mas cerca, pero se que la esperanza me cobijara con el calor de la inocente ilusión.Mi cama será esa vieja banca del parque donde los demás soñadores se juntan a volverse locos.Locos por el pasado, añejo pasado.
Pasado que nunca paso.

Y esque eres para mi, enfermedad incurable.
Nunca aprendí a vivir con tu ausencia... y no soy partidario de la eutanasia.

Devorado por el minutero.

Hay veces que me siento devorado por el tiempo, pero es un buen amigo, siempre presente.
Hay veces también que me soy victima de mi propia conciencia, es lo único que me salva del extremo descaro, pues ciertamente mis preceptos morales y éticos son débiles.

El cinismo al aceptar mi irresponsabilidad me asalta cada que alguien me cuestiona sobre que tan bello luciría mi promedio en la boleta final. Mentiría si me dijera plenamente satisfecho de mi desempeño en el ámbito escolar, pues siento que podría haber llevado esos números con un rango de cero a diez, más cercanos al segundo.

Y desvario...
Me pregunto cual es el afán de las parejas modernas.
Soñar con el ya mas que establecido futuro que nos ofrece el sistema social, anhelar lo que nos dicen debemos anhelar… escuela, carrera, novia, esposa, casa, hijos, familia, dinero. Me permito burlarme arriesgándome a ser objeto de numerosas críticas, de ese clásico círculo. Me pregunto cuantos se preguntan realmente cuales son sus ideales, adoptamos aquellos que vemos como normales y casi inconscientemente nos disponemos a seguirlos…

Me considero afortunado en ese sentido. Admiro mi capacidad de introspección pero algunas veces la juzgo de mediocre debido a que bastan cinco segundos de dialogo interno para darme cuenta de la cantidad de dilemas que me acosan en los ratos donde mi mente no tiene de que preocuparse, siendo así victima de mis propios demonios.
Donde mis aspiraciones y ambiciones chocan con las expectativas que los que me han formado tienen hacia mí.
¿Demonios? Lo digo más por sentimiento que por cliché. Mi mente se ha olvidado del blanco, el descanso se convierte en otro plan a futuro… y en medio del ferrocarril de matices que transita mi mente, mis neuronas planean una huelga contra mi conciencia que no conoce de derechos laborales modernos.
Y he de darle mayor atención a mi maquinaria ciertamente, descuido el físico más por flojera y desorganización que por falta de tiempo.

Talvez por eso considero al tiempo un excelente amigo, porque hasta que mi corazón cese de teñir mis adentros de rojo, el tiempo siempre estará ahí para mi.

sábado, 21 de julio de 2007

Sangrando consecuencias

Ya no se a que atribuir mi cansancio, se vuelve constante y mis bostezos cesan solo cuando mis niveles de azúcar rayan en lo indebido...
Me resulta curioso pensar como un pensamiento que cruzo fugazmente mi mente cuando contemplaba el despertador, mientras se desataba una guerra con tintes épicos entre mi sueño y mi responsabilidad, puede derivar en que le agregue dos cucharadas mas de azúcar a mi fiel café mañanero.
Pero la verdad es que me resulta bastante obvio deducir que mi falta de ánimo y energía es producto de mi pobre alimentación.
Somos conscientes de tantas situaciones que nos dejan nada bueno y aun así, no optamos por cambiarlas o almenos no en su totalidad. Situaciones que sabemos llegan a afectar aspectos de nuestra cotidianidad que a primera instancia nos parecen totalmente desligados de estas.
Pecamos de valientes e ingenuos y no le tememos a las consecuencias hasta que las vemos inminentes, rozando nuestro rostro con sus espinadas manos, haciéndonos abrir los ojos para darnos cuenta de que algo falta, de que algo se han llevado, algo que creíamos seguro, algo cuya carencia nos hará derramar sangre o lagrimas en algunos casos y en otros, donde la ilusión que llaman suerte nos ronde, servirá solo como advertencia.

A veces vomito coherencia indescifrable.

Ya no se si escribo esto por intentar descifrar mi estado mental o por mero desahogue, en el caso primero, seria esto tonto, pues conozco mejor que nadie mi estado mental, solo que talvez mi ética y moral no me permita darlo a conocer.
Y me pregunto si debería de escribir sobre mí, o sobre alguna forzada creación de mi mente.
Ya estoy escribiendo sobre mí, y me restaría coherencia el comenzar a escribir sobre un tipo llamado Max, lo que usted no sabe, es que para un servidor, la coherencia es nunca una prioridad, tan solo un gesto amable para aquellos faltos de ingenio para comprender.

Iluso, ingenuo. ¿Enserio estoy considerando que alguien quemaría neuronas para comprender algo que yo escribo? Eso depende únicamente de quien soy yo para aquella persona.
Si Gabriel García Márquez fuera mi amigo, talvez hubiera leído cien años de soledad.
Me asombro de mi paupérrima cultura literaria, prometo que lo leeré antes me sea posible. Depende también del interés, del nivel de ocio del lector.

Max éra simple.
Tan simple que sorprendía. Cientos lo envidiaban, siempre me pregunté porque.
¿Porque habría de envidiar a un tipo como Max? No se si era su falta de capacidad mental, pero para el la complejidad era mera ilusión, creación del hombre por mero gusto por la tortura mental. Fetichismo puro en su estado mas disfrazado, Max nunca explicaba porque, el pronunciaba si y el pronunciaba no.
Solía meterse en problemas por su falta de amabilidad, esa formalidad que todos agradecen, pero esque pocos sabemos agradecer la sinceridad.
Una opinión que no elogie es generalmente interpretada como critica, y Max era muy sincero.

Max se salvó de varias golpizas gracias a sus agiles manos, y a sus brazos que quien sabe si gracias a ejercicio o a inyecciones, parecían ser poderosos. Y a pesar de su magnetismo a las riñas callejeras, lo envidiaban tantos. Por lo general aquellos habían ya recorrido la mayor parte del camino. Los que más por obviedad que por pesimismo, ya habían vivido almenos la mitad de su vida.
Y nunca entendí la razon de dicho raro patrón.
Hasta hoy. O almenos eso pretendo. Quien sabe y no. Talvez solo en un divague intento saciar mi necesidad por descubrir el añejo enigma que por tantos años creó, aumento y martirizo mi curiosidad...

Pocas personas gozan de saberse sencillas.
Pocos ven la sencillez como fascinante, pocos encuentran mas saludable agua pura que una bebida con una extraña e indescifrable formula energética. Pocos son en esencia, devotos de la simplicidad. Max lo es.
Lo ha sido en todos los aspectos posibles. Y la verdad es que nunca sufrió un dolor de cabeza que no fuera causado por un golpe y no por un sobrecalentamiento neuronal.
Su simplicidad en esencia, le regaló varios años de vida, nadie puede creer que luzca tan bien a pesar del cruel pasar de los años. Y eso es porque simplemente, es una ilusión.
Una ilusión bellísima, que demasiados desearían vivir.
Una ilusión con la que la gente que veo en la calle caminando aprisa sueña, aprisionados por el mundo en el que se han metido, lleno de metas, ambiciones, forzadas formalidades, principios éticos y morales, deseos de llenar expectativas, pendientes y por ende, preocupaciones.

Es difícil escapar de dicho calabozo, me pregunto si yo ya he terminado de bajar las escaleras del mió, o si vuelo por encima del país donde los calabozos se amontonan. Aquel país que hace tiempo posee un hedor a frustración y muerte. Muertes por infartos y muertes por heridas de cualquier arma imaginable en el mundo actual, a causa de la guerra. Guerra con el país vecino, donde Max es presidente, dueño y único habitante.
Me sorprende que sigan tratando de vencerlo los soldados prisioneros de los calabozos, tan preocupados por la vida que ya no viven, que no se dan cuenta de que una bala nunca matará una ilusión.
Es por eso, que continuarán en su lucha contra un anhelo ya inconquistable.
Una simple ilusión, que nunca conocieron, que siempre lo fue, y lo será, hasta que la muerte los alcance. Hemos de gozar más lo simple de la vida, hemos de complicarnos menos sino queremos acabar con rifle en mano, apuntando a un enemigo invisible, pues dicen los poetas y los filósofos que las ilusiones son tan solo ideas intangibles. Yo no se si creerles, y prefiero no analizarlo, pues los filósofos tienen ya fama de morir en los calabozos.
Que la muerte me alcance antes de yo terminar prisionero de la dolorosa complejidad que osa empujarme a mi propio calabozo. Y con este escrito, casi lo logra… me retiro entonces, a dormir.