sábado, 5 de diciembre de 2009

Miénteme mejor.

Nunca antes una verdad me había dolido tanto, como para desear que me hubieran mentido. Y es que yo soy muy de “la verdad aunque duela”. Nunca antes me había dolido suficiente como para entender a los “ignorantes pero felices”, ni para tomar en serio a esos tontos que se mueren de amor. Cuando tus amigos te dicen que, “mínimo te fue sincera” y cuando tu entiendes ahora, la belleza y la bondad de las mentiras blancas. Fue una de esas verdades que a primera impresión, no son desgarradoras, que no te provocan ese llanto inmediato y sofocante que hincha ojos y desangra corazones; fue más bien, una de esas verdades que entiendes, que comprendes y respetas, y que lenta, muy lenta y paulatinamente, te van agrietando el corazón y desolando la existencia, para un día, descubrir que al paso que vas, morirte de amor suena más factible que cualquier otra cosa y que una mentira hubiera significado una vida más hermosa o sino, al menos mejor. ¿Para qué habría yo de querer una verdad que no quiero saber, que no voy a resistir? Por que uno cree que la incertidumbre es peor que la certeza, que la verdad es mejor que la mentira y que antes muerto a que se lo hagan pendejo. Claro, en teoría todo es fácil. En teoría, uno muere por su orgullo, por su honor de idiota y por sus ideales incumplibles. Que fácil es la teoría… pero hay que dejar que la práctica nos muerda un poquito el corazón para saber quienes somos realmente. Nunca antes una verdad me había dolido tanto, como para desear que me hubieras mentido. Que me hubieras dicho algo que me mantuviera contigo. Que me hubieras sedado con una mentira pálida y pasajera. Mejor vendado de ojos y feliz de corazón, a enterado de horrores y vacío de corazón. Mejor cualquier cosa a esto. La belleza del melodrama no aplica aquí ni para el espectador, el encantito de la decadencia es efímero. Hay verdades que asesinan de tajo y hay verdades que envenenan lento, que corroen el alma, el amor y la amistad poco a poco, a veces sin que uno se de cuenta. Esta verdad es de esas, lo malo es que, más que disolver mi amor por ti, está disolviendo mi vida; mis noches, mis días, uno, tras otro, tras otro, tras otro. Me duele que la dijiste a sabiendas de que podía diluir mi presencia de tu vida y aún así, la dijiste, y luego la reafirmaste, y luego la repetiste, y luego, día a día continúas haciéndomela saber, sin decirme nada. Lo que mata, es saber que no te importa suficiente cambiar ni enmascarar tu verdad, para conservarme a tu lado. Lo que mata es saber que no puedo con esa verdad. No puedo seguir al lado tuyo y no puedo seguir sin ti. No sé cual de las dos me va a envenenar más rápido; sea cual sea ya la verdad no importa. Importaba más que mintieras.

martes, 10 de noviembre de 2009

De la inercia, la peor de todas: la propia.

¡Que terrible el martirizarse por el hubiera! Al pasado tantas veces lo queremos revivir y al futuro aplazar, que no nos damos cuenta de que lo único que realmente nos queda es el ahora y, aún así, vivimos ese ahora como si fuera infinito, pretendiendo que siempre habrá un futuro, cordial y pacientemente esperándonos, sin darnos cuenta de que a todo ahora le toma un instantito nomás, convertirse en pasado.
Muchas veces, sólo la edad es el catalizador de nuestras acciones. Y muchas veces ni siquiera eso lo es. No conozco persona sin ambiciones, planes y anhelos, el problema es que muchas veces me suenan a planes y a nada más, planes con los que tantas veces uno vive, sueña y muere, que nunca dejaron de ser más que meros planes y que en la agonía, supongo yo, han de convertirse en la peor de las frustraciones.
Luego vienen las justificaciones, las comodísimas e inútiles justificaciones. Lo sedan a uno, le permiten apaciguarse con ellas y continuar en la inercia y estática que al final, terminan por coartar las posibilidades de hacer lo que se quiere. Y ahí viene el hubiera y ahí vamos a lamentarnos. El arrepentimiento muy candido, siempre llega después, muy tarde, ¡ya para que lo quiere uno!, sólo ha de servir cuando sirve como medio para el cambio y como asesino de la estática.
Uno podrá estar muy deseoso de concretar sus planes, pero con la pura intención no se mueve un dedo. Para hacer las cosas ya, se necesita mucha pasión, mucha aversión al hubiera, mucha conciencia de que la eternidad se forma de segundos y las novelas y bellezas de la vida, de momentos, ¡y que desgracia sería aplazar estos hasta morir!
El tiempo siempre presente nos adormece, junto con él, nos vemos duraderos, ¡claro, que lejos el futuro para preocuparse uno por él!, el futuro es mera ilusión, al final nunca llega; cuando sentimos que ya nos alcanzó, aún sigue ahí; el problema es que para ese entonces, nosotros tendremos ya, más pasado que futuro y más intenciones que energías.
Durante nuestra vida, el tiempo no dejará de transcurrir. Estará ahí, muy constante y lo constante, se devalúa. No actuamos sino hasta el domingo de nuestras vidas y no sabemos si hoy es lunes o sábado…

domingo, 21 de junio de 2009

Callando al antojo.

Se te va lo precario mañana, mundo; voy a ocupar mi mente y mi tiempo en algo que si bien no enriquece el alma, el bolsillo sí. ¡Un trabajo por fin y un adiós a mi tiempo! pero tampoco es para ponerme catastrofista, con eso de que suelo escribir cuando más propicio siento el momento, no escribo nunca; y es que, teniendo todo el tiempo del mundo, ¿para que hacerlo ahorita? mejor esperar a que me llegue por acto de magia, esa inspiración y ganas por redactar, ¿no? ¡No hombre! ese método te hubiera hecho escribir cien páginas en cien años.
Teniendo tu tiempo limitado, mira que lo vas a aprovechar mejor, hazme caso.
Aun así, que lastima que sea así, que necesites que venga la escasez para valorar lo que ahora tienes.
Yo se, Alex, yo sé que lo haces por el dinero, porque ahorita ni las letras ni la música te pagan tus camiones y cuando el antojo ataca, mejor ignorarlo, porque no hay una sola moneda que sobre para lo que no es inminentemente necesario. ¡Que horrible limitante tienes! aunque no es la peor de todas: según tú, la peor de todas debe ser la falta de potencial creativo, pero luego piensas que, de que les sirve a los "potentes creativamente hablando" ser "potentes creativamente hablando" si el tiempo se les va chambeando pa comer. ¡Pues es que qué ganas de escribir con esas tripas retorciéndosele a uno! ese tal Dios, hubiera denotado su dizque perfección dotándonos de fotosíntesis.
¡Que tanto parloteas Alex! relaja el ánimo con un café y cállate hasta que te dignes a hacer lo que ya suficientes veces te has propuesto, sin lograrlo, como para perder cualquier credibilidad: ahorrar, ahorrar, ahorrar; para un carro y para someter al perro antojo que se quedará sorprendido al verte tan complaciente: ¿y hoy que te pasa Alex? te preguntará, “me pasa que has jodido suficiente como para ponerme a trabajar” le vas a decir, y satisfecho, ese perro holgazán que nomás pide, se callará un muy buen rato.

martes, 2 de junio de 2009

No Pimienta, aún no.

A veces la parte difícil es saber qué escribir. ¡Los mil temas corriendo desnudos, deformes y revueltos en mi cabeza y no atrapo uno! ¡Cabrones escurridizos…! ¡Apenas agarre a uno ese pobre la va a pagar por todos!
Están mucho más huidizos que de costumbre; con decirles que fingí estar dormido (tan bien, que casi dejo de fingir), para que se calmaran y se acercaran un poco… al principio todo iba bien; me vieron ahí tirado y con lo fisgones que pueden ser, decidieron acercarse, supongo para colarse en mi cabeza y ser protagonistas de algún sueño (es como su realización)… no les vi bien la cara (si es que tenían), pero empezaban a tomar forma conforme se aproximaban.
En la espera comencé a cabecear y siendo yo tan buen actor, me salía bastante natural; a decir verdad ya andaba medio atolondrado rondando territorios de Morfeo, pero no planeaba quedarme, y como al tipo no le gustan las visitas cortas, advirtió “síguele y te rapto”; "de ser así, no saldría de ahí en buen rato" pensé, así que en un abrir y cerrar de ojos me regresé y me vi rodeado de temas, temillas, temitas y temotas y como lobo hambriento me abalancé sobre todos los que pude, sometí a unos cuantos que parloteaban burlescamente de amor y política y los até al árbol en el que estaba dizque dormido.
¡Estaba orgulloso! Estaba ansioso por destazar y cocinar su carne en una sopa de letras (knorr suiza); y para hacerlo propiamente y sin bostezo, decidí bajar por un café.
En la cocina, saqué una taza y puse agua a hervir. Me puse a divagar sobre cómo sazonar y preparar a mi preciado botín; después de tres minutos de repasar técnica y condimento, el agua por fin hirvió, serví, batí, subí.
La escena fue terrorífica. Un árbol, tres sogas rotas en el piso y un denso e inconfundible hedor a olvido era lo que restaba de mi reciente captura. Al fondo, la sal, el ajo, el orégano y la pimienta sentados, en fila.
La resignación llegó sin avisar y comenzó a limpiar todo; yo me senté, me senté a contar mi historia y a regañar a mi memoria, que me dice los dejó ir porque “pobrecitos temas no merecían tan despiadado y temprano martirio”… “los iba a inmortalizar” le dije.
Pero que corran pues, que se hagan más viejos y carnosos, igual no les tocaba todavía…
Y ahí sentado, la pimienta se me acerca y me da una miradilla tímida, pero candida e invitante… y lo considero un segundo, pero no mi pimienta, no estoy tan desesperado aún para escribir sobre ti.

lunes, 1 de junio de 2009

De antídotos y otras bellezas.

Tengo cien pesos de aquí a la perra eternidad y no hay nada que me quite de la cabeza lo que estoy pensando. Y lo que estoy sintiendo, ah bueno, eso es diferente; eso sí existe quien me lo quite del quien sabe cual hemisferio cerebral, o como dicen con otras palabras, del corazón.
La mala noticia es que ese quien está muy ocupado, curándose de mí. Aliviándose de mis síntomas, desintoxicándose de mis venenos. Debería entonces mantener la mente ocupada, más ocupada que nadie, para que ni un segundo me quede para saludar a la tristeza. Y qué mejor inversión de mi tiempo que descubrir el remedio para nuestros males, desarrollar un compuesto de palabras y besos y hechos y amores, que inyectados en tus labios, cuerpo, mente y vida reviertan el efecto de mis espesas toxinas.
Claro que de nada me serviría someterme a tal tarea, si mis dedos aún destilan veneno, si mi boca aún escupe ese acido que te corroyó de mi vida por un rato. Que malgastado sería el intento de curarte de mí, sin haber hecho lo mismo conmigo. Cúrate hombre, cúrate de ti; cúrate de aquello de lo que te arrepientes y detestas de ti; sácate aquel puto acido y hazla tuya, tuya de aquí a la perra, perra eternidad.

Mátame decadencia.

Van dos tazas de café y dos de descaro, siete cigarros y siete pecados, y apenas va una hora. Si esto mantiene el ritmo, en dos días me asfixio y en tres resucito; después de todo también me llamo Jesús; habrá que añadir vino a la formula pa’ saborear el cliché completo.
En fin; me quedé de ver con la decadencia al anochecer, pero media botella bastó para adelantar su venida, es que ya me urgía compañía… y después de un rato con ella, me arrepentí de haberla citado, ¡es que me intimidaba su pinché presencia cada vez más envolvente!; la simpática me leyó la mente y me dijo que no me preocupara, que “de todos modos hubiera venido”… y media botella bastó para que se hiciera mi más grande amiga. Pero entre tanto vicio, ansiedad y locura, era de suponerse que después de un rato, terminaría hastiado de su compañía, ¡es que odio las visitas que no saben cuando ya fue mucho para largarse! Ese rato duró otro café y otros tres cigarros (más de lo que esperaba, francamente); ya muy sofocado, me levanté furioso y mareado, tomé la botella vacía y se la estrellé en la cabeza a mi puta decadencia; caí al piso y más, ya no recuerdo.
No sé quien murió primero y pues menos quien murió después, no se quién mató a quien, ¡pero que pinche botellazo le acomodé! solo sé que no he resucitado, acá en el limbo o donde sea que ande está medio oscuro y pues no veo el reloj, huele a madera y como que me empieza a faltar el pinche aire; han de ir dos días nomás…

martes, 17 de marzo de 2009

Mi trago, ¡como sea...!

Se me escapan los días en vino barato, que me sabe igual que el caro, en lugares donde las mil putas te bailan por unas monedas, te cojen por otras pocas y te desprenden del tedio de la realidad por un ratito… ¿pero que eso no lo había hecho ya el alcohol? Como sea, cuan más alejado de la hospitalidad casera, mejor.
Desde que la casa se tornó en campo de guerra, me dio por enamorarme del trago y de las mujeres a precio justo… ¿o fue al revés? Como sea, ¡quien sabe y la guerra ya terminó y el enemigo se apropió del territorio! pero qué importa ya… no me gustaba el color de las paredes de todos modos.
Ya tengo aquí una casa más acogedora y complaciente, junto a mis buenos camaradas; compartimos las historias y las mujeres y el vino, y cuando se nos acaban poca cuenta nos damos.
Cada tarde, antes de oscurecer, llega aquel pianista simpaticón cuyo nombre siempre olvido en la copa… Y así me pasa casi con todos, pero lo de menos es el nombre y lo de más es… pues todo lo demás. Como sea, mis mejores noches las he pasado en varios de estos sillones, bancos y sillas, y varias de ellas las he dejado ahí mismo olvidadas…
Serán los espejos sucios o mi vista mareada, pero me he olvidado un poco también de mi apariencia; como sea, no me urge tanto ver si los excesos ya le han cobrado factura a mi cuerpo…
En fin, ya los dejo camaradas, que se me calienta la copa. Por aquí me encuentran, por si gustan… pero quien sabe si esta vida me dure mucho, quien sabe y en el fondo deseo un poquito que se acabe, que se olvide de mí, como yo de ella cada noche. Que me cobre la factura y me abandone aquí mismo, junto a mis buenos camaradas que ni de mi nombre se acuerdan… ¡pero pues eso es lo de menos! lo demás pues es… como sea.

viernes, 13 de marzo de 2009

¡Calmadita vida!

¡Que acelerada andas mi vida!
Cierro los ojos y ya te oscureciste, los cierro otra vez y te me cambias de mes; y así nomás ya tengo tres años más que ayer.
Nunca dejas de seguir y en tu frenetismo se te olvida que me estas haciendo viejo, ¡hay que comer bien para aguantar tu paso! Pero me tomo unas pastillitas y dicen que no me voy a oxidar, unas más y dizque espanto a los virus, y de tantas ya ni se para que sirve cada una, pero el chiste es que sirven, me dicen mis queridos. Pero un día me voy a cansar y ahí te voy a dejar, ojala mi despedida sea con detenimiento y anticipación, siempre sobran cosas que decir cuando es la ultima vez.
Como sea, te dejo ir a cien por hora, pero yo manejo; serás ágil al volante pero es que en medio de tu apuro se te olvida que no vamos para donde esos de enfrente. Ponte flojita vida que vamos por camino sinuoso y acá los señalamientos escasean; no alcanzarás a ver la gran torre de oficinas en el horizonte, pero no por eso te me asustes, que vamos bien.
¡Aunque claro que podríamos ir mejor! Pero tú sabes que esto de guiarse por un mapa mental a veces confunde; hay que pararse a ver como luce el paisaje y si da confianza pues hay que seguir, y sino, pues a veces también, pero solo a veces.
En fin, tú acomódate y reposa tranquila, que veinte años de corretiza, de menos una gota de sudor han de haberte sacado…

Blanca y sumisa.

Seguido me pasa que ando un poco atolondrado para ponerme a escribir estas cosas. Pero hay que serle fiel al escrito, hay que darle la constancia que se merece.
Que triste sería, que por mis malos hábitos, mis sobradas o nulas (ustedes dirán) capacidades escritas se guardaran para un mañana que llega cada que le da la gana.
Que escasee todo, menos la determinación. Pero es que a veces la voluntad se pone necia y recurre a excusas como “mejor no escribir, a escribir algo mediocre” ¡que equivocada y burda mi justificación! Uno nunca sabe cuando la piedra se tornará en diamante gracias a algún flechazo de lucidez mental. Y no es que intente evadir los placeres de la escritura, ¡que gran crimen sería!, sino que se me escapa lo ideático al desear reunir las circunstancias más propicias para lograr mis mejores conclusiones con sus mejores atuendos. Me gusta la panza llena, el café al lado y el tiempo sobrado antes de comenzar a disparar letras a discreción contra la pálida hoja; ¡a dotarla de color, de ideas, de personalidad! Que crueldad la de uno, al acribillar sin piedad a la pobre, al burlarnos de su ingenuidad cuando cree el fuego cesado cuando tan solo vamos por un café.
Mi tierna blanca… que miserable impotencia sufres al ver tu piel tatuada con ideas que a veces, no merecen una sumisión perfecta como la tuya. ¿Te tomarás el tiempo de leer lo que en ti escribo? Ojala no me juzgues como aquel que imprime en ti parloteo vano… y es que a pesar de su sabiduría, poco derecho tiene uno de juzgar el significado de letras ajenas, al fin y al cabo, es esa precisamente, una de tus funciones mas bellas y preciadas: servir de medio para expresión, desahogo y reflexión…
Y es que como no vas a ser la más sabia, si desde tu añeja invención te has enriquecido con las declaraciones que los mejores hombres de la ciencia, la literatura y la filosofía han plasmado en ti… siendo lo que nunca se ha escrito, lo único que desconoces; ¡que envidiable y perturbadora ha de ser tu infinita noción de la humanidad!
Que triste sería entonces, que por mis malos hábitos, dejara de informarte mis pensares y secretos; de proyectar en ti, mi esto, mi aquello y mi todo lo demás…
Y digo triste, porque me gusta pensar que los tatuajes que dejo sobre ti, son dignos de ser vistos, dignos de tu sumisión… Así pues, me comprometo a abusar de ti.

viernes, 27 de febrero de 2009

El aplazamiento para después.

Sucede a veces, que me devoran las ganas de retornar al territorio de las letras, teniendo suficientes ideas en la cabeza como para escribir diez noches sin cesar. Pero en cuanto me presento formalmente ante mi querida y rectangular amiga, me quedo tan en blanco como ella. Será que las ideas se me salieron a pasear o será que se encuentran demasiado revueltas, será que están revueltas o será que ni siquiera están.
Independientemente de ello, han sido ya demasiadas las mañanas transcurridas en la cama y demasiadas las noches donde justifico mi abandono al escrito con excusas que ni el jefe mas ingenuo se tragaría, que solo funcionan porque dicho jefe soy yo, y más que ingenuo, digamos que soy comprensivo.
No quiero despertar un día de estos para darme cuenta de que dicha comprensión me ha robado diez años solo para tirarlos a la nada, al quien sabe que hice. ¡Es por eso que me veo obligado a declararle la guerra al aplazamiento maldito!
A ese aplazamiento que le arrebata el lugar a posibles obras, y se lo confiere al ocio y a la masacre de minutos en vano, ¡Robin Hood de la improductividad!; te declaro la más sucia de las guerras, te deseo la peor de las muertes y te condeno al nunca regreso, al olvido perpetuo. Quiero alcanzar una voluntad despiadada ante la posibilidad de tu aparición, que se me olvide que existes y que eres una opción; quiero cobrarte con mano de hierro los estragos de tu presencia. Humillarte ante tu ego crecido, pues has de pensarte indispensable ante la recurrencia de tu actuar sobre mi.
Quiero evadir un futuro donde eres rey y yo esclavo, donde me despojaste de infinitas posibilidades en pocos segundos, abriéndole paso a tu amo y patrón, el ocio...
Ese jinete que te ha contratado a bajo precio para pervertir mi voluntad y ampliar sus territorios; aplazamiento: mercenario de baja clase y alta ambición…
He descifrado tus astutos métodos de operación, que conjuntos con mi complacencia, lograban una eficiencia temible… flagelaste como nadie el orden supuesto y realización de cuantiosos planes y proyectos, tu destierro es la mejor noticia por anunciar.
Aun así, has de pensar que mi guerra no es guerra, sino una simple batalla de una noche donde vencí más por tu falta de avidez, que por la determinación propia; y a pesar de mi ferviente convicción, no me atrevo a contradecirte.
Por ahora, celebraré la victoria con comida y bebida, mientras tanto te aconsejo consigas otro imperio que conquistar, antes que tu estática y ocio oxiden tus habilidades e incineren tus proyectos…

miércoles, 3 de septiembre de 2008

NO AL SINSENTIDO.

El absurdo y el sinsentido en cuestiones escritas
están por demás, sobrevaluados, sobreestimados.

La gente adora juzgar de brillante,
de abstracto, un montón de palabras
que poco o más bien NULO sentido tienen.

Adoran asombrarse, del localismo infinito,
ese que solo el redactor de dicho texto comprende.
Que sabe nadie comprenderá;
que a lo mucho, el más aventurado le otorgará
su propia interpretación a alguna frase, a algún párrafo.

Y no se dan cuenta
de que se denigran ante el supuesto prodigio escritor.
Se declaran sus fieles admiradores,
porque no entienden ni putas de lo que dice
pero claro, cuando alguien cualquiera pregunta
sobre lo expresado por el autor,
explayan gozosos su lejana improvisada interpretación del escrito.

No doten de abstracción a las letras
que este concepto es únicamente
una barata corriente artística utilizada
por aquellos faltos de talento
y su obra, para algunos crédulos, brillantes serán
y para la inmensa mayoría, ridículos nada más.

No menosprecien ya su capacidad de entendimiento
al brindarle atención a un supuesto mago de las palabras
que se traga tanto su propio papel
gracias a los aplausos que le otorgan.

martes, 2 de septiembre de 2008

No.

No fumes tabaco, menos marihuana. No tomes coca, no inhales coca. Mantente alejado de las comidas grasosas y no tomes muchos lácteos. Tira ese gel para el cabello, a pocas les gustan los calvos. Tres de azúcar son demasiadas. Si sigues durmiendo tanto, despídete de tus riñones. Duerme más o te vas a arrugar. Te vas a quedar sordo con esos audífonos. ¡Te di un billete de cien hace mil semanas! No le pongas tanta sal. Se te van a tapar las arterias. Te vas a enfermar. Ponte una chamarra. Llévate un paraguas. ¡Quítate del sol! Tanta computadora te va a dejar ciego. No bebas demasiado. Ya bebiste mucho. Gastas tu dinero en pendejadas. No veas tanto la televisión. No veas la televisión tan cerca. Nunca comes fruta. Solo comes fruta. El box mata tus neuronas y el atletismo tus rodillas. No cruces whisky con ron. No tomes ron. Tope, frena, frena, ¡QUE FRENES PUTA MADRE! Agua natural y al tiempo porque te me enfermas corazón. A estas horas ya no es bueno andar en la calle. Tortilla mejor, eso es pura harina. Yo que tu no, quien sabe con quien se ha metido. Anticarne. Antitabaco. Antiemo.
Estos días ya no encuentro algo que no me perjudique, que no me afecte negativamente de alguna rara, impensada manera. Todo mata. Consumir esto, ser aquello y hacer todo lo demás, es malo. Y es que me dicen que todo hace daño y lo que no, a veces no me gusta tanto, ¿será que conozco poco acaso? Si o no, la verdad es que no se preparar comida mediterránea y me gusta dormir mucho, suficiente para ser demasiado. La música no me gusta susurrada y no tomo café sin cien de azúcar. Me gusta mojarme, me gusta mojarla.
Me gusta de vez en cuando tirarme al abismo y vivir la caída, no tan solo caer. Ya en el piso, desplomado y fracturado, desempolvarme sobriamente y echarme a dormir hasta que la cama me vomite asqueada, porque incluso ella ya ha tenido demasiado de mí.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Terribles confusiones.

Se confunde la cultura con la inteligencia.Basta un barato y prefabricado o improvisado discursito sobre algún o alguna serie de temas, para que más de los que me gustaría pensar, admiren y califiquen a uno y a otro de inteligente, maduro y sabio…No niego su estrecha relación, pero a mi parecer, la inteligencia va mas ligada al sentido común, que a las dimensiones del archivero mental conocido como cultura.

Terribles confusiones dos.

La gente adora confundir moda, con estilo.Y vaya que es arriesgado debatirlo, dada la subjetividad del asunto, así que para ahorrar complicaciones diré únicamente que hay aquellos que adoptan y desechan elementos de imagen según la tendencia en boga, y hay aquellos que adoptan y desechan elementos de imagen según el gusto y visión de la estética propio, logrando concretar un estilo individual -más no único, talvez- pero sí propio.

Ultimísimos divagues.

Sin la intención de sufrir amnesia voluntaria, no recuerdo un motivo suficiente para verme presa del cuchillo de este don nadie que se atreve a robarme la vida de una tajada y con descaro cruel, apenas le informo no hay nada más que pueda darle.
Mentido, corrido, golpeado, incluso gritado; cien verbos faltos por practicar que representaban un mejor o peor escape de la situación. Y no es que no se me hayan ocurrido, simplemente no pensé que aquel desquitaría tan rápida y despreocupadamente su enojo contra mi abdomen, tan fácil, tan de repente y tan porque sí. De no haberme penetrado, hasta podríamos haber llegado a un acuerdo donde de alguna rara improvisada manera él saliera ganando algo.
Pensé que mi amabilidad y coloquialismos fingidos de barrio me salvarían, pero en menos de lo que pensé existía en mí la fuga más drástica e incesante de sangre y sueños que había alguna vez pensado sufrir. Y cada segundo consecuente fue de automutilación mental, de visualizar lo que ya no sería, lo que ojala hubiera sido.
La tristeza fue infinita, indescriptible. Sabía que no me alcanzarían los segundos para repasar y lamentarme por todo aquello que deseaba vivir. ¿Despertaría acaso en un hospital? En desorden desfilaron en mi mente mis mil ambiciones y memorias con las palabras “ya no” antepuestas, ambiciones que en eso se quedarían, junto a mi cuerpo muerto y rojo. Quizá yo iba a cambiar el mundo. Quizá no, ¿y qué? Tengo derecho a vivir siendo nadie para el mundo y alguien para mí, de cualquier manera el mundo y sus exigencias son mi penúltima preocupación, y pensándolo así, talvez por eso mismo aquí termina, porque me vale madre que el mundo sea campo de guerra y que yo no me veo ni actuó como un soldado.
Una vida sin vivir me cobra por adelantado un idealismo que no alcancé a desmentir. Y es que yo no suelo pasearme con dinero, si acaso los diez o veinte del camión, a veces porque ahorro y a veces porque nomás no tengo más. De haber sabido que cien o doscientos putos pesos me habrían comprado talvez la salvación de la garra de algún coyote urbano, hubiera cargado siempre con mil por si acaso.
Quien sabe si se llevó mis zapatos o mi boina, no sé que me enojaría más. Y el problema es cuando ya son las ganas de practicar el navajazo, suficientes para finalizar una existencia que tenía demasiados pendientes aquí; seguro más que los que él, seguro mejores.
Por eso yo no creo en el karma. Porque conozco violadores y asesinos con vida y con el culo virgen. Y pues no, nunca desperté en un hospital. Para cuando la ambulancia llegó, ya me había acostumbrado a eso de estar muerto.

A los fieles de mi opositor.

La verdad, es que no los entiendo.
¿Por qué él? Yo nunca les he cobrado por entrar, él solía hacerlo, o al menos así lo hacían sus portavoces, y el muy canalla los dejaba. Ahora simplemente recolectan limosna para forrar de oro las paredes de sus edificios y vestir anillos.
Yo no perseguí ni quemé en hogueras a los devotos de mi competencia. Yo no les doy un pene o vagina para luego advertirles que la lujuria los traerá conmigo, ¡vaya incoherencia, vaya ironía! Los puristas de su multibillonaria empresa descalifican a los gustosos del mismo sexo; ¡yo celebro orgías! No demando culto o rito. “No esto, no lo otro, ¡ah! Y esto tampoco… y blah, blah, blah.” Y encima, deben pedirle perdón, ¡el colmo! ¿Qué les he prohibido yo? ¿Que les he impuesto yo?
Vanidad, envidia, gula, mentira… ¡les ha tendido una trampa cruel al darles pensamiento, emociones e instinto! ¡¿Acaso no se dan cuenta?! ¡Percátense de sus malvadas tretas!
Él, 7 días… ¡ja! yo me he dedicado a ustedes desde los tiempos de mi preciosa Eva. Yo endulzo su creación con libertinaje eterno.
Yo me presento ante ustedes diariamente, cada hora, minuto y segundo. ¿Él? ¿Cada cuanto lo ven? ¡Ilusos! ¡Ciegos! Me ocupo de ustedes mientras él juega golf, basta ver los noticieros; ¡Agradézcanme, periodistas, de ser por él, no tendrían trabajo!
Nunca habrá suficientes periódicos o programas para presentar las tantas obras que día a día, logro… ¡pero ustedes adoran lo invisible! ¡Se creen su propaganda barata y vieja y continúan aferrados!… actúan según mis ideales pero se declaran sus fieles y creyentes seguidores, ¡perros hipócritas! No debería de brindarles esta atención, ¿¡donde están mis créditos!? Ni siquiera se atreven a reconocer mi existencia… pero los entiendo. Entiendo su naturaleza más que su mismo creador. Es por eso que sé como satisfacerlos, como seducirlos. Entiendo el miedo que aquel ha plantado en ustedes hacia mí, difundiendo falsedades y exageraciones sobre mí en ese gordo y viejo libro que mandó a escribir; Sí, hace calor aquí, pero uno se acostumbra. ¿Como pueden creer tanta falacia? ¡Soy yo el que dulcificó sus pocos segundos vivos, el hedonismo mismo! ¿Por qué habrían de temer a alojarse en el reino del que les ha dado tanto? ¡¡Finalicen sus vidas con una navaja, y disfruten una calida e infinita estancia en mi inmenso hostal, practicando los placeres más gloriosos y prohibidos por su actual régimen, hasta el hartazgo!!

Yo, yo y nuestro orgullo.

Podría culpar a todo aquello que ha contribuido a generar ese orgullo mío tan propio.
Podría culparme a mí, por no desplegar este solo cuando es debido.
Podría culpar al mundo, a las personas, al cielo y a Buda.
Pero al final, ninguno de ellos irá a juicio, y no está en mis posibilidades pagar un buen abogado.
No encadenaré mi orgullo, pues el acero rodeando el cuello de una bestia mantiene cautiva a la bestia, más no a su instinto y fervor por atacar.
Platicaré conmigo de mis maneras y mecanismos de defensa al momento de una discusión o de una pelea. Me cuestionaré tanto, que comenzaré a pelear. Estaré harto de mis necios argumentos, analizaré como mi otro yo me contradice, y si no lo hace, lo fastidiaré entonces por blando y siguecorriente. Hasta que el muy bastardo se alce en orgullo contra mi. Analizaré sus mañas, sus estrategias y su actitud y lo provocaré más, aunque sea difícil, sé como herir a ese tipo.
Se sale esto de control, la platica se torna discusión, la discusión pelea y los ojos morados. Talvez deba dejarlo por la paz y ceder… ¿ceder? ¿eres imbecil?, antes muerto.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Inhaló.

Su fascinación por mantenerse narcotizado le había costado ya demasiados kilos, amigos, centavos, glóbulos rojos, blancos, naranjas, verdes, rosas y hasta azules.
Suficientes para, en medio de una de esas noches, tener el valor requerido, más gracias a la euforia proveída por su último gramo, que a su propia valentía, para despedirse tan solo de su irreconocible cuerpo y a fin de cuentas de nada, de nadie; pues había cambiado tanto desde aquel día donde su nariz por vez primera se impregno de polvo blanco, que ni a si mismo era ya capaz de distinguir.
El frágil e inerte costal de huesos y nieve nunca fue encontrado.
Mejor así, mejor desaparecido que asesinado.

Un fragmento de inocencia.

Si todos los bebes nacen buenos,
si es el sucio entorno y el deprave del contexto,
el dolor del hambre y la humanisima ambicion,
aquello que corrompe y moldea su psicologia,
convirtiendolos en asesinos, violadores y demonios;
he de decir que por naturaleza, todos somos inocentes;
y que aunque el infierno existiese,
estaria tan vacio de almas como la tierra antes de serlo.

domingo, 17 de febrero de 2008

Divagando ando.

No veo venir el momento, donde un hombre deje de sufrir la ausencia de una mujer. Curioso como aquel desmadre químico, biológico, físico producido en el interior de uno, le hace experimentar tan tremendas locuras sensitivas que tan a menudo terminan en ríos de lágrimas.
Lagrimas que expresan la mejor de las dichas o la peor de las dolencias. Lagrimas, son la expresión del cuerpo, su medio para delatarnos.
Y todos aquellos que confunden sentimiento con atracción. Los maldigo por ignorantes, han devaluado la belleza del te quiero y del te amo, aquellos que canalizan su fascinación por alguien en declaraciones precoses de amor.
Y entiendo que es necesario pero, ¿quienes son ustedes, hombres, para atreverse a conceptualizar la infinita complejidad de las pasiones y sentimientos?
Del amor no podría haber definición.
El amor es una amistad con épica atracción y ferviente sexualidad a veces cautiva a veces frenética. No. Ningún intento por definirlo engloba en absoluta totalidad las bellezas y desgracias que me ha hecho sufrir ese donjuán llamado amor.
Es el fetiche del hombre, el que mas odio: su deseo por denominar todo; por categorizar todo. Si no es blanco, es negro y sino es negro es rojo. Al abismo con las denominaciones mediocres que tanto nos esforzamos por utilizar.
¡Música! Aquello que simplemente resulta imposible de encasillar ya hasta tiene un género: experimental.
Y yo no digo que el dinero compre la felicidad, solo digo que su ausencia atrae la desdicha. Que venga el techo y la comida, para dar paso a los placeres y no a las necesidades.
Que venga un ser humano que predique el amor y la amistad, no un día en febrero donde por medio de consumismos pendejos pretendamos demostrarlo.
Que venga ese tipo que no existe, que el amor venga en vida, pese a que no sobreviviría un día, pues aquí en mi pueblo, juzgamos de inocentes a los demasiado buenos.
Así que arriesgándome a pecar de voluble le digo mejor a este camarada, que no venga, que se quede donde esta, porque aquí en mi pueblo, devoran y masacran a los faltos de malicia.

sábado, 26 de enero de 2008

Efectivo y letal.

El mundo gira a tú alrededor y tú ni en cuenta.
Tienes ya un protagonismo asegurado, perpetuo; este montón de cabezas te ha convertido en su rey. Pocos son los que no te veneran, los que no te buscan, los que no te piden y los que no te guardan un lugar seguro para darte refugio.
Yo te odio, porque me haces dedicar una gran parte de mi vida a conseguirte.
Inmensos sistemas funcionan a diario, donde te traen de arriba a abajo y de abajo a arriba, incrementan tu valor en Londres y lo disminuyen en Argentina; y así te traen, unos pocos son tus dueños, solo aquellos que han sabido ganarse tu fidelidad y lealtad de una u otra manera, estos bastarditos controlan tus movimientos, te engordan y luego te ponen a dieta y con cada relieve creado, te multiplican, te clonan. Quieren más de ti, quieren tenerte infinito, les gustas, les fascinas, les excitas. Yo no se que tantos atractivos te encuentran, pero les seduces más que sus propias familias y el sexo mas delicioso, su placer es ya el crearte y no el utilizarte; obsesionados con tu poder, dedican mas tiempo a cuidarte y encontrar nuevas maneras de obtenerte que a abusar del mismo poder que les provees… es la ambición voraz que les has inyectado, maldito.
Yo por suerte, prefiero desarrollar mi ser para lograr mi arte, mi vida y no tu venida. Te necesito, pero no tanto como aquellos cuya vida te has ya tragado; te busco y busco mejores maneras de encontrarte, pero he de ser yo el que elija la manera en la cual te obtendré, y no tu encanto el que corrompa mis ideales y me haga sufrir para lograr tus besos.
No me importan tus orígenes ni tu nacionalidad, si te encuentro perdido en la calle, te recojo. Si estas sucio, permíteme enjuagarte; al caño con la pureza, limpio o sucio eres idéntico, me sirves para lo mismo, no se diga de los que dependen de ti para comer mañana.
Eres tú la voz de tu portador y su capacidad inmediata de sobrevivir, su pase directo, y sobretodo, su juguete y su dueño.
Yo, desafortunadamente te necesito. El sistema establece que te necesito, tanto yo, como ellos, aquellos y todos los demás, los negros, los blancos, los amarillos, los cafés, los rojos y hasta los inexistentes verdes. De una u otra manera somos todos tus súbditos, trabajamos para y por ti, y tú sigues tan necio, te sabes codiciado y te permites reservar el derecho de tu obtención con aquellos que a los ojos de tus dueños, no te merecen.
Celoso de ti mismo, no te entregas fácil. Pudres al planeta. Nos llevas al abismo, despiertas los demonios más sucios de los mortales… muerte a tu inventor.

jueves, 10 de enero de 2008

De los días fugitivos.

Y fueron días largos, ahora son días medianos.
El primero de enero, el atardecer fue mi amanecer, tirado en la cama, un tanto quebrado y un tanto más no, afortunadamente administré bien mi presupuesto la noche anterior.
Y comenzó el 2008; no hice propósitos, no comí uvas, no utilicé calzones rojos (porque alguien más los tiene) y no conté regresivamente. La transición de año pasó invisible de tan oscura la noche o de tan ebrio yo, y de repente era el inicio de año.
Y hasta el momento ha sido un año increíble, con lluvia de ofertas laborales y un reencuentro próximo que me robará las lagrimas incluso.
Es terrible notar como, a los ojos de tantísimos, en un texto, la incoherencia, el sinsentido o la metáfora ridículamente indescifrable es símbolo de lucidez o de intelectualidad; ya saben de que hablo (y si no, pregunten y les ejemplifico).
Odio el dinero porque me hace dedicar una parte de mi tiempo a conseguirlo.
Eso de arte abstracto nunca me convenció.
Y seguirá y seguirá sin hacerlo, digo; un gatito con pinceles atados en las patas puede hacer arte abstracto. No lo critico, pero si lo menosprecio bastante.
¡NOTICIA!
Nuevo blog en puerta, “el del diario”; donde plasmaré de la manera más sincera y concreta vivencias, impresiones y conclusiones del día en turno.
Comienzo hoy con este proyecto, y les dejo a continuación el link de dicho recinto.
http://diasfugitivos.blogspot.com/
Por allá podrán encontrarme diariamente, procuren plasmar sus comentarios y opiniones. Y habiendo dicho esto, me rindo ante el asedio del deseo por escribir en mi nuevo rincón.
Un abrazo a los que llegaron hasta aquí.

sábado, 29 de diciembre de 2007

De santa, santos y la vida nueva.

Han sido días largos, la navidad por mi rumbo pasó de noche, sigilosa, invisible; mi rumbo está en esa etapa donde ya todos los motivos para celebrarla están perdidos; iniciamos a despedirnos de ellos cuando me informaron que el gordo barbón de rojo no existía, fue entonces cuando el ritual decembrino evolucionó.
Y continuó haciéndolo, y a medida que lo hacía, cachos de navidad se caían en el trayecto a diciembre, se caían, se rompían y se perdían para finalmente ser olvidados. Unos tantos años después, la navidad está tan presente aquí como la paz en Irak, y ciertamente no me entristece, ya que el motivo de dicha celebración me parece el engaño mejor contado de la historia.
Pese a mi escepticismo (el cual está fundamentado en ideas propias y en hechos de índole histórica y científica) tengo que admitir que me gusta la navidad, no por lo que significa, sino por lo que produce.
En diciembre las personas cambian (algunas). Se tornan por un pequeño periodo de tiempo en seres más amables, más considerados, menos egoístas, más sonrientes, más condescendientes, menos rencorosos y mucho menos tacaños, (insisto, algunas) por mencionar algunos de los rasgos que las personas suelen adoptar este mes.
Las empresas le dan un bono a sus empleados y los empleados un regalo a sus hijos, los hijos lo agradecen con ojos tiernos, brillantes de emoción y sonrisas gratas a los papas, al tiempo que les informan que el viejo Santa es todo un amor.
Claro que no es mi intención generalizar, para otros tantos navidad es una bofetada esperada en la cara, una reiteración de que nada mas alcanza pa’ las tortillas y los frijoles; para otros un bombardeo de cartas cuya única inscripción es “ESTAS SOLO”, a través de tantos comerciales y anuncios rosas; están aquellos que la navidad les trae tan solo una muerte por el desgraciado frío. Unos la viven como quieren, la mayoría como pueden.
Y viene el año nuevo, al cual le encuentro un sentido mucho más fuerte, ese de la renovación y la ambición por mejorar. Precisamente dentro de ese simbolismo de borrón y cuenta nueva, del ahora si, del adiós cigarro, del adiós cocaína, del adiós lonjas, y del ya voy a ahorrar, se encuentra la belleza de comenzar ese primero de enero tirados en la cama, recuperándonos de la borrachera de anoche, terminando apenas la digestión del festín de hace cinco días, exculpando la flaqueza de nuestra cartera con el termino de un ciclo.
¡Sea entonces, damas y caballeros, bienvenido el 2008!

lunes, 17 de diciembre de 2007

Uno de los placeres de la ignorancia.

Invadido por una incomodidad emocional, de esas que derrumban los planes ya establecidos y hasta idealizados talvez, decidí salir un rato a caminar; a mezclarme entre una multitud que me hace combinar mis reflexiones sobre ella, con mis propios fantasmas mentales. Dicha incomodidad fue derivada de un enfrentamiento donde una vez más, el tema a discusión estaba directamente ligado al dinero, y ante el avance de la confrontación de ideales, posturas, percepciones y opiniones, los planes se convirtieron por un fugaz momento en una utopía, en un sueño perfectamente estructurado pero que sin un componente, seguiría siendo un sueño.
Es por eso que decidí cambiar radicalmente la estructura de dicho sueño, moldeando su ejecución a mis posibilidades pero dejando intactas mis ambiciones. En fin.
Ya en un lugar apropiado, me vi inmerso en mis pensamientos y tarareos mentales de las canciones que zumbaban de los audífonos; al poco tiempo de mi estancia, abandoné el tema que me había llevado hasta ahí, pasando a analizar las acciones de los paseantes.
Y me di cuenta de cómo sumergidos en sus actividades, pulverizaban los minutos, bueno seria si dichas actividades fueran recreativas, requeteactivas, intelectuales ¡o que se yo! pero que fueran algo más que una fuga tan drástica de minutos, obviamente no puedo, no debo, y soy nadie para cuestionar el uso que terceros le dan a su ración de segundos, simplemente estoy expresando mi conmoción al notar como a tantos de nosotros se nos escapan las horas como aire entre las manos, como desechamos los minutos como si de un recurso renovable se tratase y como los segundos nos parecen tan cortos que ni nos damos cuenta que de segundos están hechos los minutos, los días, los años y los siglos.
Si el tiempo vale oro, cualquier recién nacido es más pudiente que uno; derrochamos la vida como si fuéramos inmortales; precisamente es ese el problema, que vemos nuestra hora final como un punto distantísimo en la eternidad.
A pesar de que a mi parecer, si tuviéramos los días contados, viviríamos más, he de decir que agradezco el desconocer la hora de mi partida, pues de saberlo, viviría tan pendiente de los minutos que estos terminarían por hartarse de mi y me abandonarían, pensaría tanto en como explotar mis días, que un sobrecalentamiento neuronal se robaría dichos días, las tardes no durarían y en las noches no dormiría pues pensaría que de una perdida inconcebible de tiempo se trata. Terminaría magullado por la constante presión de un tiempo que pretendía utilizar sabiamente.
Al final, un tremendo arrepentimiento carcomería mi conciencia, pues sabría que todo el tiempo estuve consciente de que ese momento se acercaba, sería victima de una ambición ya inútil, donde se me ocurren mil maneras de haber hecho más…
Bienaventurados pues, nosotros, que no sabemos si mañana vamos a morir.

martes, 11 de diciembre de 2007

¡Vete silencio!

Con tan hermosos sonidos, el silencio me parece una aberración.
Hace poco pensaba; mudo, contemplaba el entorno. Fue entonces cuando noté que son contados los momentos que vivimos en silencio absoluto; en esta ocasión, el silencio era quebrantado por el canto de unos pájaros por ahí afuera, y me asombre de la musicalidad que logran con sus pequeños picos y demás embrollo corporal.
Luego pensé en la música, en las notas, en el piano, la guitarra, el acordeón y el saxofón, la misma voz de un músico; como son capaces de producir tantos sonidos, tanta musicalidad, y tantas emociones por medio de esta, es infinita la cantidad de mezclas que se pueden realizar con tanto instrumento.
Y no tan solo instrumentos; la otra noche, acabando de cenar, comencé a golpear la mesa con los dedos, logré un ritmo que evoluciono conforme la constancia del golpeteo y me asombré de la melodía que creé con tan simple percusión.
Con tanta belleza sonora, el silencio me parece una perdida de vida, de tiempo.
Obviamente aprecio sus bondades, y se que es propicio para la reflexión y el análisis, que genera un enigma interesante, cautivante a veces. Pero si en el ámbito de la física, la carencia de movimiento es la estática, en el ámbito sonoro, el silencio me parece lo mismo; una detención, una parada.
Tantos sonidos y tantas mezcolanzas sonoras por lograr, me hacen desvalorizar y menospreciar al silencio. Aquellos que crean el silencio como una belleza después de la contaminación sonora de la ciudad, les digo que no es el silencio lo que les enamora, sino la ausencia de esos sonidos desordenados y poco estéticos.
Yo, al llegar a mi casa, impregnado de la fastidiosa feria auditiva de la cual fui victima en el trayecto, enciendo la computadora y pongo música. Dicen algunos que no estamos acostumbrados al silencio, y que prendemos la televisión, el radio, por sentirnos acompañados; talvez es cierto, pero cuando tú eliges los sonidos musicales que habitan tu morada a tu llegada, no es deshabito al silencio, sino gusto y entusiasmo por la bella melodía.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Del raro y demás elogios.

Me han dicho raro un par de infinitas veces. Y nunca me he sentido ofendido, independientemente de si esa era la intención del que así me llamó.
Es abrumante, notar como la gente (alguna) utiliza el término raro como una ofensa, como un adjetivo cuya función es hacer sentir al otro mal; ¡y lo peor es que lo logran!
Entonces viene la reflexión; soy anormal, por lo tanto soy raro, entonces soy diferente y por lo tanto soy más único; únicos, es lo que todos deberíamos preocuparnos por ser. Escaparnos de tantos preceptos sociales que nos invitan e incitan a encajar, a pertenecer… Observando una sociedad francamente tan mierda, tan superficial, tan cerrada, tan adversa a la divergencia y enemiga de la diversidad, que ganas de pertenecer.
Si la gran generalidad fuera pensante talvez hasta me gustaría ser normal. Digo pensante porque a mi parecer, de ahí parten las bellezas de la conducta colectiva tales como la tolerancia, el respeto, el sentido común, la libertad de pensamiento y expresión y demás especimenes cuya presencia brilla por su ausencia tantas veces hoy en día.
Si cada uno valorara, expresara y se comportara acorde a su individualidad realmente, todos seriamos unos raros, nuestra singularidad destacaría para bien y para mal.
Y es que somos humanos, hombres y mujeres, pero tú eres tú y yo soy yo; bien dicen que cada cabeza es un mundo, pero yo digo que algunas son un Saturno, algunas un Venus, algunas un Júpiter, unas pocas una Vía Láctea y otras contadas un universo.
Pero cuidado con la soberbia, que nos hace creernos universos.
Me proclamo pues, basándome en la palabra propia y ajena, un raro, ¡rarísimo!
No le temamos a la singularidad, pues de ahí deriva la capacidad de destacar.
Somos raros por naturaleza, pero les gusta decirse normales; yo ya suficiente normalidad tengo con no tener tres ojos ni cinco brazos.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Cuento: Obituario.

Dobló la calle. Ya sabía que encontraría; lo tenía previamente visualizado; hasta el más ínfimo detalle estaba ahí, como si fuera de hecho, un vidente. Así pasaba ya con tantos parajes.
Se sorprendió al pensar en el infinito número de rostros que miraba día con día, que incluso a veces, analizaba; de cómo parecían nunca repetirse a pesar de su constante vigilancia, la gente se multiplicaba. Estaba acostumbrado a digerir sus miradas en sus distintas expresiones, las que lo castigaban con desagrado y desprecio; las que revelaban una lástima indiferente, las que examinaban cada centímetro de su ser, intimidantes. Estaban también aquellos que le regalaban compasión expresada en una moneda.
Miró a su alrededor. A su manera de ver, tenía la casa más grande de todas, de pasillos interminables; solo que estaba prohibido entrar en algunas habitaciones, pues estaban ocupadas, y su sentido de la privacidad era incorrompible. Tenía varios inmensos jardines, que compartía con todos. Le gustaba el cielo, no se lamentaba por la ausencia de techo en su casa.
De nuevo, ese desgarre interno que demandaba a gritos alimento. No conocía ese vació como carencia, sino como su estado natural, pero sabia identificar cuando era realmente necesario atender a su llamado; después de todo, lo acompañaba desde su más añejo recuerdo. Con desgano, metió la mano en la bolsa de su pantalón y sacó un puño de monedas. Después de unos minutos de inspección y cálculo concluyó: “Dieciséis”; suficiente para calmar el hambre con Don Luís, pensó; aún sabiendo que sus monedas serían resistidas por sus ya viejos conocidos.
Casi una hora después, caminaba con cinco tacos sometiendo el hambre en sus adentros y con esos dieciséis aún en su bolsillo. Decidió reposar en la fiel banca del parque de Avenida Central. Somnoliento, dejó sus parpados caer, con la mano extendida, esperando ser victima de la caridad de algún paseante.
De repente, el matiz del cielo anunciaba la conquista de la luna. Decidió continuar el trayecto. Tantos años deambulando le habían obsequiado un físico más que aguantador, conocía al frío suficiente para saber lidiar con sus caprichos, sin embargo extrañaba esa época donde el calor reinaba, pues es un tipo más amigable.
No necesitaba un reloj para conocer mejor que nadie los horarios de la ciudad, ni un mapa para introducirse con destreza en los rumbos más complicados, “guía de turismo de no ser por sus perros requisitos” murmuró con sarcasmo.
Se sentó en la acera de una calle infestada de comercios caros, dotando al paisaje de un contraste impresionante. Solía envidiar a los paseantes, portadores de todo lo que tantas veces anheló celoso, al tiempo que se sorprendía de su derroche ostentoso de billetes… pero ya estaba acostumbrado a ello, tanto como a todo lo demás. Desconocía el lujo, tanta escasez le había robado cualquier ambición.
Uno de sus únicos placeres, era presenciar el gradual desaparecer de la gente. Le divertía intuir a donde iban tantas personas, donde escondían tantos autos. Disfrutaba el quedarse ahí, solo, admirando el juego de las luces, descubriendo el nuevo acomodo de los aparadores; sintiendo dolores cuya presencia ya no sufre, envuelto en un hedor que por más denso, ya no reconoce.
Las calles vestidas de luces amarillas, divulgaron con su silencio la llegada de la madrugada, la hora muerta, la que más disfrutaba Jonás.
Pero la calma fue infringida por risas a lo lejos, muy lejos. La curiosidad se apoderó de él y decidió caminar en dirección a las voces que insistían en disipar la tranquilidad propia del momento. Conforme su avance, las risas se multiplicaban, crecían en escándalo. Pera eran ya varias cuadras sin lograr divisar al causante o causantes de su caminar; se detuvo, miró a todos lados y abrumado por la inmensidad, decidió resignarse. Se recargó en la pared de un viejo local de zapatos.
Las risas se ausentaron.
Liderado por el impulso, decidió seguir caminando. Se infiltró en una pequeña calle y siguió una ruta improvisada, para darle frescura al trayecto. A medio cruzar de una calle, las risas lo emboscaron de nuevo, esta vez casi contiguas; se contuvo, absorto. Dobló a la izquierda, en dirección a los sonidos, tiñó el paso de impaciencia y al término de una cuadra, dio con un parque que parcamente recordaba. Examinó el paisaje, al fondo, varias siluetas formando una clase de circulo.
La desdicha le regalaba un valor propio de un suicida, y decidió caminar hacia ellos. La imagen se esclarecía ante su avance, eran cinco hombres, todos con aspecto semejante al suyo; harapientos, cubiertos en tonos oscuros delataban suciedad, de cabello abundante y estático. Ninguno de ellos parecía avisar la venida de Jonás.
Hasta que era ya demasiada su cercanía, los tres que le daban la espalda voltearon, pues los dos de frente se habían ya percatado de su presencia y le habían clavado la mirada.
El ritual de miradas fue intenso, pero no había tensión en él, simple observación, como de expectativa. De repente, uno de ellos, que sostenía una botella de lo que a primera impresión parecía ser agua, gritó entre carcajadas con espectacular animo: “¡UN TABACO EN LA FILA!”
Todos los demás, rieron escandalosamente con él terminada la exclamación y abrieron camino, sugiriendo la integración de Jonás al circulo. Atónito, Jonás acepto la invitación.
Una vez en el círculo, se le acercó aquel que había gritado, esbozando una sonrisa enorme y alzó la botella que cargaba, a manera de ofrecimiento.
Jonás no conocía esa sensación de invitante aceptación, no había probado una hospitalidad tan sincera desde que podía recordar. Tomó la botella y bebió.
El sabor era amargo; sin darle mayor importancia, continuó bebiendo. – ¡Ya! – escuchó.
Uno de ellos le arrebató la botella, Jonás no opuso resistencia.
Jonás miró a los demás, rolaban la botella; miró alrededor y súbitamente cada objeto en el panorama comenzó a agitarse sutilmente, esto le produjo gracia y comenzó a carcajearse; de tanto movimiento perdió el equilibrio, y ahogado en risas se tiró al pasto, miró su adorado cielo, negro azulado, mas brillante que nunca, cada estrella bailaba al ritmo de su risa, lograban formas, todas le sonreían, lo invitaban, de repente se acercaban con rapidez, el cielo se caía al son de su alegre alarde. Todo era hermoso, imposible; las estrellas chocaban en sus pupilas, menguaban su visión… y de repente, el cielo terminó de caerse en sus ojos. No deseaba volver. Dejó caer los parpados; emocionado, sonriente, feliz, Jonás se fue para siempre, de su casa.

Cuento: Homicidas.

A pasos cortos, se alejaba del discreto café. Como era usual, su belleza destacaba entre la multitud, logrando numerosas miradas, algunas sutiles y otras tantas descaradas.
Sin embargo, su mirada ausente y el desgano delatado en su caminar, le robaba cuantiosa presencia ante los paseantes. Su porte se desvanecía conforme cada paso; y es que le era imposible dejar de pensar en la indiferencia mostrada por ese que consideraba uno de sus mejores amigos.
Fue un encuentro breve, el trato entre los viejos amigos fue distante a pesar de la supuesta fraternidad que hace ya tanto habían prometido.
La decepción invadió a Lucia. Sin mínimo ánimo de causar lastima, se había desahogado por completo con él. Se explayó como con nadie, esperando recibir más que consuelo, comprensión. Una muestra de amistad. Una bofetada de realismo, de esas que abren los ojos, sacuden la conciencia y drenan la desgracia.
Pero no fue así, León había cambiado. Siempre había sido voluble pero nunca lo suficiente para dar la espalda cuando se le rogaba aliento. Inocente, blanda, incluso tonta, la había llamado. Lucia no supo como contestarle, por miedo a que tuviera razón.
Se sabía pesimista a veces, pero no era gustosa del drama. Continuó caminando.
De un momento a otro, sus pensamientos se infestaron de Julián, Lucia se ahogó en ese masoquista derroche de recuerdos, logrando una vez más, el acuchillante despliegue de sus sentimientos encontrados, esperando un nuevo distractor que la hiciera volver.
Sin darse mucha cuenta de su posición, estaba dispuesta a cruzar la avenida, pero fue la luz verde acompañada de ese contiguo rugir de motores la que de golpe la hizo aterrizar. “Maldito Julián me vas a matar…”
El frío se colaba entre cada capa de tela, inyectándose en sus ya débiles huesos.
No había comido hace tres días y se sorprendía de cómo los que él llamaba amigos, ignoraban o se mostraban indiferentes a su ausencia... pareciera que el universo se conjugó para motivarlo a concretar lo que hace apenas unos días, aún pensaba con miedo. Mientras tanto, había de redactar esas palabras cuyo único fin era acusarla, al tiempo que le informaba de su inminente decisión.
Las regresiones eran tortuosas, pero le obsequiaban gran determinación. Bastaba recordar solo aquel día para convencerse más de que ya nada cambiaría, que cualquier nuevo intento terminaría en enfrentamiento. Sabía que era ya demasiado el orgullo de Lucia, pero él tampoco estaba dispuesto a ceder.
La luna conquistó el cielo y con ello, Lucia emprendió el camino al departamento. Había pasado la tarde en el parque, pensando en como su vida aún giraba en torno a él, en como adoraba que así fuera. Deshaciéndose de los demonios que le impedían perdonar y pedir perdón. Estaba emocionada, había olvidado esa sensación de alegre expectativa. Mientras caminaba, repasaba con entusiasmo el discurso que planeaba declarar esa noche por teléfono.
Dos cuadras antes ya tenía las llaves en la mano y notó a distancia que el auto estaba intacto. Arribó, una vez abierta la puerta, puso un pie dentro y escuchó un crujir. Miró hacia abajo y notó un pequeño sobre…

“Sería tonto prolongar la agonía que has causado; a mí, y a lo que sea que haya entre nosotros. No sé como esperabas que todo fuera igual, después de haberme engañado tanto, de haberte burlado de mi confianza con ese maldito.
Sabes que tenía derecho a reclamarte y a reaccionar de esa manera, no sé en que mente cabe esperar una reacción tranquila y comprensiva ante algo tan humillante.
Te es muy fácil sumirte en orgullo y demandar una disculpa, pero en ningún momento me arrepiento ni me disculpo de lo que dije.
Me incapacitaste a tu ausencia, me dueles en cada centímetro. Pese a todo, me despido agradecido pues lograste convertir mi infierno en algo hermoso, aunque por menos tiempo del que habíamos prometido.
Agradecido por cada momento y últimamente, por darme la determinación que necesitaba para terminar por fin con todo esto.
Me robaste infinitas sonrisas. Hoy me regalas el valor para abandonarte, a ti y a todo.
Ha sido un placer.
Julián”

Cada partícula de Lucia se congeló por un instante. Estremecida, tomó el teléfono y tecleó un número con una maestría que parecía entrenada. Sin saber que esperar, aguardó impaciente en la línea. Nunca había deseado tanto la voz de su Julián. Bastaron dos intentos sin respuesta para que tomara las llaves del auto con urgencia y se dirigiera a este.
En la calle, Lucia descargó el desgarre emocional en el acelerador. Las ráfagas de viento ya quemaban sus ojos inundados mientras mantenía con firmeza el volante.
Pero su mente se ahogó en pensamientos pesimistas y desesperados que menguaron su atención paulatinamente, hasta hacerla desaparecer. Una luz roja y un súbito desvió.
Lucía encontró en un árbol cualquiera la autopista al olvido.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Del amante perpetuo.

Te lo digo hombre, nunca habrás amado realmente hasta que ames más que nunca.
Te lo digo yo. Yo que morí de amor.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Civiles.

Me disgustan sobremanera aquellas personas que gozan de cuestionar con insistencia los ideales contrarios, presumiendo una inteligencia inexistente al idear argumentos que según su mentalidad, desploman por completo la idea rival o diferente, digo inexistente porque se necesita ser digamos, un tanto estupido, para desvalorar la relatividad y la validez de la divergencia de pensamiento. Me disgustan aquellos que cuestionan maneras diferentes, que cuestionan hábitos ajenos cuya influencia en su vida es nula, que creen su verdad como la absoluta y que proclaman las demás como tontas o ciegas. Urge retirar preceptos y prejuicios que derivan tan solo en reclamos faltos de argumentos y fuera de lugar.
Cuantos de todos los habitantes del planeta son dignos de ser nombrados civilizados o siquiera pensantes; veo tantas conductas presentes en las calles más lideradas por el prejuicio, el instinto y el reflejo inmediato ante el entorno, que por la tolerancia, el razonamiento y el dialogo, y así tienen el descaro de decirse civiles. No estoy hablando de una educación académica, sino de una formación de valores de tolerancia y respeto, ese sermón que tantos tratan de inculcar de manera aburrida y me atrevo a decir, errónea. Hay que ser prácticos a la hora de instruir a la sociedad, hay que ser agresivos en argumentos, basta de sermones morales que provocan poco más que bostezos.
No demando mucho, demando tolerancia y sentido común, ese que tantas veces es el menos presente en los paseantes que veo día con día, logrando burlescos comentarios ante lo extravagante, lo desemejante; comentarios ofensivos que pecan de vulgares, ignorantes y por si fuera poco, faltos de ingenio. Demando también a los bastardos que desvisten con la mirada a las mujeres, valiéndoles nada la jodida incomodidad e intimidación que logran, algunos haciendo incluso declaraciones burdas cuyo objetivo desconozco, ¿demostrar virilidad acaso?; la virilidad real es un concepto que sus mentes repletas de mierda no alcanza a conocer, me asquean sus manifestaciones escandalosas, primitivas, que denigran la capacidad de pensamiento de lo que llamamos el hombre civilizado; ¿civilizado?, civilizados los animales.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Introspección.

Pienso, deduzco; no prejuzgo, intuyo a la mínima provocación y con justísima razón. Presunción dicen, yo lo llamo modesto realismo pero ante todo, sencillo. Elitista para nada, más bien selectivo. Hipócrita jamás, solo manipulo el tacto a voluntad. Los soñadores mueren de hambre porque joder, viven dormidos. Yo sueño dormido y despierto, muchísimo más. Sueño y visualizo. Ambiciono mi desarrollo intelectual, emocional y artístico.
De ideales políticos, religiosos y sociales personalísimos, cuya esencia dista de la realidad. Escéptico y acido crítico por convicción de la infinita cátedra e institución religiosa, pero creo en la energía intangible de la esencia interior. Nunca voluble, sino inmerso en una constante transición evolutiva. Amante de lo subjetivo y por demás fanático y defensor de la relatividad; aún así, analítico y en exceso pasional. Por siempre fiel a una impulsividad que me ha regalado más de lo que podré agradecer.

Por la salvación de la lengua.

Todos hablamos, todos escribimos… pensándolo bien, no todos. Corrijo mí descortesía ante los mudos y los mancos y diré que, eso sí, todos pensamos.
Pensamos con palabras. Asociando sensaciones, sentimientos y demás, con conceptos.
Considero al lenguaje como el elemento más implícito en nuestra cotidianidad, y por la misma razón, uno de los más devaluados.
El lenguaje, brillante y necesaria creación de los ancestros.
Y de ahí parto para hablar sobre el español. Mi fiel amante. Considero al español como la lengua más bella existente, esto según la humilde opinión de un servidor entusiasta de la relatividad.
Sin embargo, el español que escucho en las calles no es aquel que me enamora en novelas y escritos. El español que escuché en el colegio no es aquel que Sabines y Paz me hicieron adorar en sus cátedras.
Coexistimos en una realidad donde la comunicación necesaria no demanda un léxico imponente ni ostentoso, donde los polisílabos son mirados con rareza y los arcaísmos, tratados con la mano ciega de la ignorancia.
Día con día, los modismos aumentan en número y por tanto en presencia, basta con que una frase se popularice para que logre su completo anexo al diccionario social.
La comunicación cotidiana está viéndose devorada por el tono coloquial, por el modismo imperdonable, por el error que ya no es error.
Hago un llamado a todo lector, a ampliar el vocabulario ¡o almenos a utilizar el conocido! a lograr estructuras gramaticales que demanden más que un pensamiento impaciente, a dejar de lado las costumbres lingüísticas incorrectas que de tan frecuentes y numerosas, opacan y esconden la belleza de un español que ya solo los poetas quieren hablar.
No permitamos ya que más palabras se conviertan en arcaísmos, no juzguemos de anticuado lo que no es anticuado, sino desconocido por el hombre promedio.
Podemos constatarlo en la historia. Basta leer a Don Quijote para empaparnos de palabras que fallecieron por un desuso injustificado, deberían de venderlo con diccionario completo incluido.
Convirtámonos en activistas y salvadores de la lengua, practiquemos el verbo, el adjetivo, el adverbio, la preposición, la conjunción, el sustantivo, juguemos con cada uno de ellos y armemos frases de las cuales nos sintamos orgullosos, que demuestren cultura y que salven la cultura.
Español mió. Todo esto, como un gesto de gratitud cuya magnitud no imaginas, por haberme salvado de tantas, por habarme permitido expresar en esencia mis divagues mas complejos.
¡Iniciemos la sublevación contra la ignorancia lingüística! Les prometo compañeros, que una vez iniciada por cada uno esta revolución de la palabra, descubrirán una herramienta cuya capacidad entenderán, han subestimado.
Que nadie se apegue a una indiferencia inútil o a un pesimismo prematuro, pues es la multitud la que logra lo impensable, la que una vez sumadas voluntades, es capaz de traer de la tumba a las más muertas palabras cuya existencia desconocíamos o nos era simplemente indiferente. Logremos una evolución basada en la regresión, pues no cualquier futuro pinta mejor, encontremos en páginas pasadas tesoros que deberíamos de portar en la actualidad.
Mostremos bondad a las hermanas palabras que tanto nos regalan, ¡solidaridad a las caídas!
Concluyo así, mi llamado, mi invitación, mi grito de guerra.
Espero que mi anhelo sea compartido y realizado por aquellos que aprecian la belleza hablada, por aquellos que concuerdan con mis ideales, por aquellos que añoran una magistral muestra de cultura cotidiana en el lenguaje… y por aquellos que no, también.

El arte como terapia.

Segundo que pasa, segundo que pensamos.
La mente no descansa. Dormir es modo de recargar batería, no de apagado.
Son contadísimas las veces que repentinamente despertamos, notando que por unos segundos, talvez minutos, estuvimos ausentes y la mente se tiñó de blanco.
Infinitos pensamientos desfilan cada pasillo mental. Archiveros interminables cada uno guardando un recuerdo, capaces de sumergirnos en sentimientos que ni su nombre conocemos. Pendientes, planes…
En la computadora formateamos el disco duro.
En las calles, se barre la basura, vestigio de la presencia de personas.
En la mente, ¿qué?
¿Como despojarnos de viejos o nuevos fantasmas?
¿Cómo expresar lo que su denominación ignoramos?
¿Como filtrar el sentimiento indeseado?
Mi humilde sugerencia es la siguiente:
Evolucionemos la mente. Desarrollemos nuestra capacidad subjetiva y entrenemos la capacidad para plasmar el pensamiento, el sentimiento y convirtámonos en artistas.
Aprendamos a desahogar nuestra subjetividad que creemos indescifrable por medio de alguna actividad que recree la mente, que plasme en nuestra obra lo que pretendemos entender o expulsar, que nuestro oscurantismo mental desemboque en un papel, en una escultura, en un mural.
Las opciones son numerosas. Depende de nuestra afición o interés el tipo de arte que pretendamos crear, pero cuidado, no nos limitemos a aquellas ramas que el conocimiento general establece como arte, el arte no debería estar sistematizado o delimitado por una clasificación. Para un amigo, encontrar patrones numéricos en estadísticas es su placer, su pasión y su arte.
Aprendamos a utilizar el arte como terapia.
Rompamos de una vez esa frontera ilusoria que nos limita a ser espectadores, no justifiquemos nuestra estática con carencia de talento. El talento no es necesario cuando no pretendemos lograr elogios o gusto por nuestra obra. La voluntad mis amigos, la ferviente voluntad por gozar del arte como desahogue es lo único necesario.
No hay que preocuparse, no es minimamente necesario exponer la obra que creemos demasiado joven e inexperta. Nadie juzgará ese dibujo, nadie hablará pestes ni maravillas de esas palabras, seremos artista y espectador.
Admiremos nuestra obra por lo que logramos expresar y expedir, no por su estética, menos por su valor cultural o científico.
Habrá intentos que consideremos fallidos, habrá dibujos, párrafos o lo que sea que hayamos creado, que nos provocaran nada más que risa por su carencia de coherencia, de estética, de forma. También esa risa importa. Será la viva expresión de la burla a uno mismo, el gradual entierro de complejos y preceptos.
Y habrá intentos donde más que una actividad de recreación, encontremos plasmada una pasión, un talento, un don, que decidamos exponer, arriesgándonos a ser victimas de la relatividad implícita en el arte según aquel que la mira.
Dejemos atrás aquellos pensamientos que carcomen la mente.
Logremos por fin este encuentro con nuestra subjetividad y declarémonos artistas.

martes, 30 de octubre de 2007

Dilema ético.

¿Es correcto castigar a aquel que causó daño, cegado por su ignorancia o/e ideales?

sábado, 20 de octubre de 2007

Belleza.

Tu belleza es inmensa, simplemente admirable, pero invisible a ojos humanos que no permiten ir más allá de la piel que la encierra, subyacente. Tu belleza es infinita y pura, pero solo los ciegos te elogian.
Tu belleza es surreal en un mundo donde tantos te enseñan a matar para sobrevivir. Tu belleza me impresiona cada que la presencio en tu manera de actuar frente a los demonios, los mentales y los de carne y hueso. Al mirar tu belleza desplegada, me invade un sentimiento de fealdad. Tu belleza debería ser galardonada y tomada como ejemplo en este mundo agonizante. Tu belleza es subyacente. Tu belleza no provoca millones de fotografías, tampoco filas de pretendientes. Ante tu belleza, luzco terrible. Ante tu belleza, lucen terribles. Tu belleza no provoca envidia, pero debería. Tu belleza es tu suicidio, me dices que te acuchillen antes de tú acuchillar. Tu belleza provoca la tranquilidad eterna de tu conciencia. Tu belleza es propia de un mundo superior. Tu belleza es inocencia en este maldito mundo. Tu belleza es tu esencia. Tu belleza te regalará el vuelo a algún lugar donde están los de tu clase. Tu belleza no sobrevive en este rincón de la galaxia. Tu belleza te hará ceder ante los millones dispuestos a robarte la vida para obtener tus modestas alhajas. Tu belleza pertenece a una utopía. Tu belleza me intimida, pues estoy acostumbrado a tus desemejantes. Tu belleza pertenece a un lugar mejor, aquí solo derramará tu sangre y lagrimas. Vete antes de que tu belleza desencadene tu desgracia. Aquí no te merecen. Ni yo mismo. Yo que te extraño y nunca te conocí.

martes, 9 de octubre de 2007

Urge culturización de planeación familiar.

Llega alguien más.
Y conjunto, una boca más, una mente más, una entidad más, por nombrar algunas.
Conjuntas llegan, necesidades básicas y no tan básicas.
Responsabilidad para cumplir con los cuidados necesarios para asegurar la supervivencia del nuevo individuo que entre tanto semejante, ni individuo parece.
Una realidad que de tan presente y cotidiana, ya tantos consideran adecuada.
La curiosidad me aborda y decido consultar las estadísticas de la famosa tasa de natalidad. Los resultados son escabrosos.
Las estadísticas ya no lo dicen, lo gritan.
Tan cínica e irónica es la realidad plasmada en aquellos números.
Para ponerlo simple, me resulta francamente absurdo que en países de primerísimo mundo nazcan en proporción, menos bebes de los que nacen en aquellos cuya situación económica es todo, menos afortunada.
Y con situación económica me refiero en este caso, al contexto financiero que viven la inmensa mayoría de los habitantes de este país. Una situación que a mi humilde parecer, es infinitamente inadecuada para darse ciertos lujos, como ese de andar cultivando hijos al por mayor; Suficientemente baja para autoexigirse el uso del condón o cualquier otro método anticonceptivo y no atenerse a una suerte inexistente, pues bien se dice por la calle que antes de llover, chispea.
Me preocupa la inconciencia que demuestra este fenómeno, inconciencia del tiempo disponible y del tiempo requerido, del dinero disponible y del dinero necesario.
Me apena la carencia de ambición por dedicarle más en todos los aspectos a un hijo, la lógica utilizada por los padres que mas que irracional, me parece egoísta.
Diez desnutridos, ¿por qué no dos sanos? Inconsistencia en todos los aspectos que considero de carácter indispensable en la formación de un hijo.
Ante una diversidad y profundidad de factores que me abruma, confieso que mi interés no es realizar un estudio sociológico, creo suficiente el sentido común y la información disponible a pocos clics para deducir las causas que originan esta realidad.
Mi interés es más bien, expresar una crítica destructiva a la ineficiencia del sistema de educación y fomento de cultura social que en las estadísticas se plasma conforme cada censo y estudio de tasas de natalidad.
De una u otra manera aquellos a los que les corresponden dichas cuestiones, deben ingeniárselas para generar conciencia en la sociedad actual, en la familia promedio.
Ya no es tolerable permitir el incremento desenfrenado de la miseria a estas alturas de la historia. No es suficiente con desarrollar líneas de atención, impartir talleres y demás proyectos cuyo impacto en la mentalidad de la gente es tan bajo que prácticamente inexistente.
Se necesita una imparcial y provocadora reforma educativa que derive en una reforma cultural en la sociedad actual y por ende en las nuevas generaciones.
Se necesita una voluntad ardiendo en impaciencia por el deseo de cambiar las cosas por parte de aquellos que tienen las herramientas financieras, sociales y políticas necesarias para generar un cambio notorio, inminente.
Gozaría pensar que algún día, lo atrás mencionado se concretará gradualmente pero, ante la voraz magnitud de la realidad, mis anhelos me parecen poco más que una utopía.

domingo, 7 de octubre de 2007

Hoja en blanco.

Me fascina tu aspecto, tan sobrio.
Te conozco bien, a pesar de que mi sed de expresión te destruye en pocos instantes.
Te miro fijamente, antes de liberar a mis manos que esperan tranquilas el impulso eléctrico que depara tu aniquilación.
Y aunque te aprecio tanto, nunca te extraño, porque sé que siempre volverás apenas lo desee. Admiro tu disposición, tu frescura. Luces radiante.
Tu estética es tan pura, tan libre de cualquier adorno ostentoso.
A diferencia de algunos comentarios que he escuchado y leído, tu apariencia me motiva, me emociona, me gusta saberte en esencia, vacía, pues sé que al terminar, te habrás deformado a mi completo gusto y voluntad. Eres flexible. Eres hermosa.
Para los que te temen, tu personalidad es aplastante.
Para mí, no tienes personalidad.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Existencia menguante, letal prescripción.

Estupidas leyes, no comprenden.
Hoy se desvanece mi presencia. Hoy me convierto en recuerdo.
En unas horas, te conviertes en homicida.
Y en este instante, gozaría de demandarte. De mandarte a alguna fétida prisión, donde tus rudas y fornidas compañeras te odiarían, por haberme regalado un ataúd.
Donde tu conciencia, como tu única acompañante, te devoraría.
Pero a los ojos de cualquier tribunal, eres una santa.
Algunos se van cuando las lágrimas abundan más que las vitaminas, los carbohidratos y demás componentes vitales cuya denominación desconozco y no me interesa. Cuando los huesos se adhieren ya a su piel por falta de ingesta.
Otros, como yo, evaden la agonía final, por miedo a ella.
Mis queridos, desaparecidos amigos. Antes me llamaban, me ayudaban, me hacían sonreír por unos minutos. Una sentida disculpa por el malgasto de su tiempo.
Antes les interesaba, antes trataban de introducir a nuevas personalidades que según ellos, derramaban encanto, y eran buenas en la cama. Pero yo no quiero una belleza irreal, tampoco una ninfa, no quiero compasión. Yo te quiero a ti. Yo te quería a ti.
Tan tierno y maldito cliché, te odio porque no puedo hacer nada más que amarte.
Pero hace ya mucho, amarte me acuchilla.
Te convertiste en futuro verdugo con esas palabras. Me gusta pensar que las pronunciaste porque me pensabas de acero, no por cruel.
Me llamaste frió. Hoy te demuestro inútilmente, que no es así.
Ya me aterra otro día. Cuando no soportas el paso de los segundos, ¿que mas se puede hacer? ¿Que se supone que haga? ¿Fornicar con un millón? No, me asusta un cuerpo sin tu rostro.
Me fugo de esta existencia ausente.
La lista de soluciones se reduce ya a una. No por pesimista y premeditado pues créanme, la esperanza fue mi último romance. Amor, desvaneciste mi objetividad, desmoronaste la esperanza.
Me ahogo en locura. Pago con mis latidos el remedio a una demencia que no debería…
¿Por que nadie te condena? Porque el loco soy yo.
Pese a todo, la verdad es que no te deseo tragedia. Si el karma existiera, tú muerta estarías.
Mi último anhelo, es que te des cuenta de que eres afortunada.
Afortunada, por haber causado tan inhumano desangre y no cumplir una sola sentencia.
Nadie te va a culpar. A los ojos de nadie eres cruel, soy el único que te conoció aquella capacidad que de tan enorme, parecía entrenada.
Afortunada, porque ante todo respeté tu solicitud de lejanía de mi parte, aun me costara este mar de lágrimas y hoy, la respiración.
Me incapacitaste a tu ausencia.
Me dueles en cada centímetro.
Has cambiado.
Me robaste un millón de sonrisas, hoy me robas la vida.
Aquella vez me robaste el aliento, hoy lo harás literalmente.

martes, 25 de septiembre de 2007

Callejón de la revancha. Martillo del perdón.

Tantos años he vivido.
Y en mi memoria, pasillos de inmensa magnitud, incalculable longitud.
Siento la caricia de la remembranza que invita, y me guía sutilmente a recorrer estos pasillos plagados de fotografías, de videos, de sonidos, de momentos.
Sonrisas, suspiros.
De repente, la incomodidad me ronda. Me acerco a un capitulo que cuando creado, contaminó la apariencia del aquel pasaje. Mi mente se entinta de curiosidad y mi paso de impaciencia, me posee ese morbo por recordar lo que pretendemos olvidar.
Llego por fin. Descubro una laguna de lágrimas, diviso un eco infinito de gritos acercándose, logrando mayor nitidez conforme su avance, taladrando mis oídos, torturando mi conciencia.
Vestigios de aquel enfrentamiento de tintes épicos.
Vestigios que dejaron corrompida la estética de aquel pasillo.
La iluminación decrece y la atmósfera se torna oscura. Es mi conciencia, que envuelta en orgullo e inmersa en una dignidad lesionada, se ahoga en vergüenza y decide privarme de visión.
El hedor inconfundible del rencor se filtra por las paredes y decido que es tiempo de abandonar el ya tétrico lugar, tiño entonces de desesperado apremio el paso esperando escapar, pero aquel hedor me sofoca, reprime mi paso y se cuela en mi interior.
Devora mi ética, despedaza mi moral, despierta esa vieja furia dormida y planta en mi conciencia el deseo de venganza…
Aquel pasillo es ya un callejón. Y lo será hasta que concrete la sucia ambición que el recuerdo forjó en mí, o hasta que el perdón mas sincero quiebre sus paredes.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Tiempo.

Me es difícil juzgarte. No deseo tu furia.
Me resulta demasiado comprometedor emitir una opinión sobre tu actuar, sobre tu manera de hacer las cosas, sobre tu manera de presentarte ante mi.
Todo esto en sentido, digamos, figurado.
Pero esta siempre latente aquel enterrado y angosto callejón mental donde tememos que nuestros disparatados miedos puedan ser de hecho, posibles.
Me asusta la idea de que en algún plano ajeno al conocimiento de la ciencia, imposible de comprender para nuestras aún primitivas mentes, te sepas capaz de actuar a conciencia, que el mismo misterio del cual proviene la humanidad te haya dotado de inteligencia o siquiera de instinto.
Pero considero esta bizarra y fugaz alucinación demasiado imposible, así que hablare pestes y maravillas de tí a dulce voluntad.
Charlatán. Miro al reloj y me prometes abundancia, te gritas suficiente. Gracias a algún presentimiento enemigo tuyo que osa desenmascararte, miro al reloj de nuevo y me doy cuenta de tu deslealtad.
Tu traición, como siempre, deriva en llamadas o mensajes, avisando impuntualidad. Lográndome presa de reproches que ya estoy cansado de escuchar.
Tantas reincidencias te hacen ya muy indigno de mi confianza, me convertiste en esclavo de las alarmas y los recordatorios electrónicos… Súbdito también, del temporizador que te delata cuando corres en vez de caminar, que frustra tu intento por emprender el vuelo. Amables herramientas que algún día dije inútiles y predije empolvadas ante mi indiferencia, que han ahora logrado inmensa gratitud de mi parte.
Mentiroso. Te dices vasto y suficiente, logrando calma de mi parte, solo para aprovecharte de ella, de mi estado carente de vigilancia, y en lo que yo concibo como un breve momento, has ya violado y sodomizado al indefenso minutero.
Desalmado. Bastardo desconsiderado, te importa un bledo si logras mi despido o suspensión de alguna institución o empresa. O talvez es precisamente tu intención, intuyo que presencias con sumo placer la desgracia ajena.
Te tomas la calma del mundo para caminar durante los momentos que aborrezco y tiñes de impaciencia tu paso durante aquellos que gozo.
Inmundo fetichista de los estragos que provocas.
Algún día, lograras que mi cabello se torne blanco y que mi piel cuelgue. En susurros, te maldigo por adelantado.
Ahora que desahogo mi sentir por ti, me doy cuenta de que existe un rencor subyacente ante lo que eres, ante lo que desencadenas, pues lenta o rápidamente, desvaneces todo lo existente, excepto a ti mismo.
Ya no se que maravillas pensé que hablaría de ti.
Pero sería inútil odiarte. Tu presencia se posará sobre mi existencia hasta el día en que alguna fatal coincidencia convierta en un instante el lapso que de haber sido otra mi suerte, hubieras estado junto a mí.
O hasta que algún montón de células maliciosas se apoderen de mi cuerpo y de mis esperanzas de vida, dictando una imprecisa sentencia que consumada, lograra tu huida de mi lado.
Si la fortuna me aprecia, hasta que aquel eterno misterio decida que te has agotado para mí, que ya no puedo tener más de ti, que es momento de que me devores.
Sigilosamente estarás aquí, transcurriendo, hasta que el azar conjugado con mis precauciones decida las razones por las cuales te fugarás de mí. Y las estadísticas me permiten darme el lujo de ser optimista, es por eso que te predigo a mi lado por varias décadas más, he de aprender a apreciarte, a manejarte y a exprimirte.
Mientras tanto, no me queda otra opción que permitirte el continuar desmoronándome, llevándome de la mano a mi fin… yo me encargaré de disfrutar el trayecto.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Daniela.

Soy un gloriosamente joven afortunado victima del desenfreno sentimental.
La coincidencia. No la considero tan generosa, es por eso que esta es una de las muy pocas veces que me declaro un dichoso apreciado y de nuevo victima, esta vez, del destino, que la cruzo en mi camino.
Victima. Se tiene un concepto erróneo de dicha palabra. Como la mayoría, yo solía relacionar este concepto con alguna clase de sufrimiento.
Conceptos. Ya no confío en aquellos establecidos pues he presenciado la caída y el despedazamiento de suficientes. La abrumante mayoría, de su cortesía.
Victima de nuevo, de mi humana naturaleza. Descabelladamente concluyo que sus partículas subconscientemente captadas por mi olfato fueron intencionalmente diseñadas para mí más que para nadie.
Ella: culpable. Sanguinaria homicida de los conceptos que deambulaban felices e inocentes en mi mente. Sus sigilosos crímenes, un deleite para mi sistema nervioso.
Y así, un concepto de amor yace desangrado en algún pasillo dentro de mi encéfalo, ahora tapizado de ella.
Un concepto de necesidad inconsciente para siempre, fracturado en la esquina de quien sabe cual fracción de mi memoria.
Un concepto de plenitud degollado, uno de satisfacción descuartizado.
Ante su llegada, el nacimiento de los nunca antes imaginados por mi joven conciencia, crecidos, dinámicos, hermosos conceptos. Imponiéndose con violenta voluntad en cada rincón de mi mente. Una nueva concepción de todo lo que engloba el enamoramiento con locura, una nueva concepción de magia.
Victima de sus maneras, victima de sus palabras.
Victima de su sonrisa, de su coqueteo, de mi coqueteo.
Victima de nuestro juego, feliz victima de lo que desencadenamos.
Victima de su magia, de su esencia eternamente indescifrable.
A cada momento juntos, incremento de mi percepción de su belleza.
Hace menos de un año, victima de la mas concentrada inyección de pasión que viviré durante mi estancia en este cuerpo.
Me resulta imposible ya pintarme sin ella. Niego dependencia pero acepto y afirmo necesidad. Según creo, bastante comprensible pues ante la recién construida y constantemente incrementada nueva y radical percepción sobre la belleza del enamoramiento, me resultaría emocionalmente fatal la perdida de su arquitecta.
Aún desconozco la causa de mi fascinación por intentar explicar una verdad tan incomprensible. Ambición por lograr un intento decente, supongo.
Talvez hoy la suerte en la que no creo me bese para demostrarme su existencia y me convierta por dos segundos en capaz de describir lo que ella causa en mí.
Es la belleza más pura. Capaz de irradiar ternura que me ablanda más que el felino mas hermoso. Capaz de en un instante, tornar la ternura en endorfinas en proporciones ridículas. Capaz de provocar lagrimas cuya razón es lo contrario de tristeza.
Capaz de lograr mi ahogo en llanto con una frase que espero nunca piense, menos pronuncie. Capaz de hacerme desear inmortalidad para jamás dejar de disfrutarla.
Y yo, capaz de todo por ella.
Aquel enamorado que se declare inmune a los celos, no es un enamorado o es un mentiroso. Yo estoy celoso de su cama, de sus sabanas, de sus zapatos, de sus vestidos.
¡Su ausencia! me duele imaginarla.
Su ausencia daría lugar a un nuevo concepto de dolor, cuya presencia en mis adentros, estoy seguro terminaría por devorarme. Pero es esto en lo último que quiero pensar.
La inmensa mayoría estará encantada de juzgar todo esto como un dulce y fugaz efecto de la idealización, pero yo la descarté hace ya mucho tiempo; cuando me di cuenta de que sigo siendo aquel hombre elitista, de mente analítica de lo subjetivo, capaz de realizar juicios realistas y objetivos, gustoso de la relatividad pero claro de perspectiva.
Así que no atribuyo estos pensamientos a una idealización mía… sino a mi frío realismo, queridos.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Actualización sin razon.

Por alguna razón aún protegida por mi caprichoso subconsciente, me es imposible abandonar estos rumbos donde estoy a pocos clics de cualquier lugar del mundo, sin antes redactar y plasmar algún pensamiento en este muy mió, muy joven y muy adorado rincón.
En fin, con estas palabras, concreto mi inquieto deseo. Aprovecho esta ocasión para expresar mi ferviente voluntad por tornar la escritura parte de mi cotidianidad. Si no obvio, es bastante deducible según mis consejeros neuronales, que la escritura es para mí una frecuente actividad, pero la frontera entre cotidiano y frecuente es de inmensa anchura.
Ante un minutero que amenaza con degollarme, me dispongo a recibir con gozo el asedio de mis sabanas.
Bella vida a los merecedores de esta.

martes, 4 de septiembre de 2007

Fugitivo de mi orgullo.

Imposible declararme hoy o ayer, exento de orgullo.
Un término complicado y versátil pero a fin de cuentas, ¿cual no?
Dicen los académicos que se refiere al exceso de estima propio algunas veces disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas, pero la definición es para mí una bella frase de léxico impecable cuya función es describir el concepto y nada más. Describirlo breve, técnica y amablemente, la definición es tranquila y serena, no gusta de complicarse.
Me considero adversario de esta superficialidad, y no me interesa demandar profundización, sino expresar mi versión de esta.
En fin, el orgullo… tantas noches, varias tardes, algunas mañanas e infinitas madrugadas has sido mi amante. Mi fiel y obsesionado amante, me acosas y no me sueltas una vez que logras mis besos. Siempre estas ahí, oculto pero dispuesto, alerta a cualquier situación donde sabes te acogeré como a un hijo.
Disfrutas e incitas mis roces con aquellos cuya acción u opinión no respeto, y los conviertes en ardiente fricción que a su vez desencadena una batalla de inmensa magnitud algunas veces y otras, donde tu empeño no fue suficiente, un simple enfrentamiento entre mentes opuestas.
Debería de aprender a rechazarte, de resistirme a tu juego de seducción, debería dejar de recurrir a ti cada que veo fracturada mi dignidad, cada que un combate de argumentos impregna de sangre o lagrimas la escena.
Me es difícil comprender tu atracción por mí, o debería talvez de decir, mi atracción por ti. Quiero aprender a defenderme de tu acoso, pero es difícil lograr serenidad y lo es aún más, ser aquel que cede ante la incomoda apatía.
Aunque tampoco he de desvalorizar tus bondades, me has salvado de la desdicha causada por algún desamor, por algún fracaso, me has arrebatado de las manos el desdén que pretendía esgrimir contra mi mismo.
Por tales razones no te daré la espalda, solo espero seas comprensivo cuando mi volubilidad hacia ti se haga notar. No puedo adjudicarte la culpa absoluta, pero debes comprender que estoy resentido por aquel tiempo que me robaste, por haber convertido en indiferencia, los que pudieron haber sido momentos. Por aquellas amistades perdidas que no te toleraron en mi trato, por la posibilidad que gracias a ti, fue mera ilusión jamás concretada.
Me es imposible ya, darte alojo en mi conciencia.
Aún así, no me despido de ti, pues te conozco terco y perseverante, sin mencionar que el furioso ardor de los ánimos es capaz de romper la frontera que en este momento establezco entre tú y yo.
Hasta luego, orgullo.

domingo, 19 de agosto de 2007

A las cuatro y tantas, un asalto de fervor.

Tenemos ya un buen rato sin encontrarnos querida, vieja, desafiante, siempre misteriosa hoja en blanco. Me pregunto si mis fieles manos sabrán esta vez describir las historias que se encuentran en mi mente ansiosas de ser publicadas.
Debo de confesar que no había escrito a raíz de un incidente, que de violenta manera, marcó mi memoria. Tatuó un día en concreto, en mi borroso calendario mental, dejándome recordarlo con lujo ya muy ostentoso de detalles; el morbo, el orgullo, que se yo… ¡Decía! (disculpen, el encantador divague me seduce y sin darme cuenta pierdo a veces dirección) apenas unos minutos después de dicho incidente, tomé la talvez brillante, talvez estupida, talvez solo adecuada decisión de privarlos a ustedes queridos, de mis palabras… Espero haberles robado una burlesca o amable risita con esta ultima línea, solo juego… simple chascarrillo donde me digo ya causante de ansias por leerme, no… claro que no, no soy tan soberbio; me gustaría cambiar ese “no soy” por un “nunca seré” pero quien soy yo para expedir una declaración de futura inmunidad al acoso de la soberbia y presunción…
En fin, la verdadera razón de dicha decisión es bastante compleja de explicar, pero fácil de comprender, me dispongo entonces a idear una línea para describirla:
Quería asimilar por completo dicho incidente para no teñir a mis escritos de inconscientes, crudos, viscerales, sarcásticos, ácidos, disfrazados o sutiles reclamos hacia el causante de aquel amarguisimo trago.
Y no se si juzgar mi decisión de acertada o estupida, pues sé del potencial que alcanzan las palabras cuando mas que formar escritos, forman la furiosa traducción del ardor y la pasión del sentimiento que impregnado en las heridas se conserva aun fresco, irracional, poseedor de ese desvergonzado espíritu que ansía más que nada ser liberado ante su causante, ese espíritu despiadado, vengativo, espíritu que no tarda mucho en comenzar su agonía… Yo lo perdí, lo deje agonizar y lo transformé en orgullo, orgullo que actualmente aún porto con firmeza ante aquel del cual estoy resentido.
Espero haber realizado un buen trabajo al describirles la razón de mi decisión, logrando su comprensión y talvez con un poco de suerte, su empatía.
En el momento menos esperado me asaltó la necesidad de escribir y heme aquí, habiendo ya disuelto cualquier clase de rencor sediento de expresión, decidí que no podía continuar privado de lo que considero mi pasión, privación que yo mismo impuse, pues estaba temeroso de arrepentirme de mis palabras.
Así es entonces, 4:31 de la mañana y me encuentro de nuevo en una orgía con las palabras. Dejándome llevar únicamente por el instinto de expresión que casi se olvidaba de la sensación de ser publicado.
¡He de celebrar entonces! He de gritar, de susurrar, de declamar de nuevo, he de fornicar por enésima ocasión con la libre palabra.

lunes, 6 de agosto de 2007

Asesinos del protagonista de su reflejo.

Quitarse la vida no es algo que se piense todos los días.
Atentar contra nuestro cuerpo, con el único fin de erradicar nuestra existencia.
De vez en cuando me acosa la curiosidad y me pregunto que tanto se necesita para que nos ronde el pensamiento de dejar de vivir voluntariamente. Que circunstancias nos envuelven en una frustración y angustia tan cruel, que nos otorguen el valor y coraje para tomar una decisión donde la protagonista es nada más que nuestra vida.
Una decisión que sabemos imposible de disolver, que una vez consumada, depende únicamente del método elegido los segundos que tarde nuestro corazón en conocer por primera y única vez, el descanso. Y envuelto en divagues, me inquieta…
Que tanto es necesario, para que decidamos renunciar a la posibilidad de volver a mirar, sentir, probar, palpar, escuchar todo lo que conocemos y alguna vez conocimos.
Que clase de infierno terrenal se necesita para que optemos por desvanecer nuestra presencia para convertirla en tan solo un recuerdo o una añoranza.
Que tan oscura realidad es necesaria para cegarnos a cada rastro restante de esperanza, sabiendo inútil cualquier intento por recobrarla.
Que clase de maraña mental y emocional acuchilla tan asiduamente la conciencia que la única manera de detenerla es asesinando al poseedor de su victima.
Que enfermedad convierte al portador en su más efectivo instrumento para matarlo.
Que clase de demonios internos se necesitan para que la solución mas atractiva y viable sea la de adelantar aquel momento donde la vida se despide de nuestros cuerpos.
Que sentimientos pueden ahogarnos de tal manera que decidamos regalar la posibilidad de volver a sentir siquiera.
Que clase de conmoción desgarra tanto nuestra conciencia que prefiramos delegar esta al olvido.
Que sufrimiento devasta tanto que provoca al desdichado redactar su propia invitación a la muerte.
Tantos suicidios en el mundo y cada uno, dándome el lujo de besar al optimismo, tan evitable. El suicidio pienso, es la culminación de la infelicidad, donde ya independientemente del ángulo del que miremos, no encontramos razón alguna para prolongar nuestra existencia. A veces solo un arranque de impulsividad en medio de una situación donde el deseo por coexistir se filtra entre las lágrimas derramadas.
Quien sabe... la verdad sobre un tema de tan subjetiva índole es demasiado compleja para intentar explicarla o siquiera intuirla, debería cultivarme con el respaldo científico existente o aprender a vivir con el acoso de mi curiosidad, que a diferencia de mi corazón, conoce muy bien el descanso.
Y espero nunca conocer por experiencia propia la respuesta a mis mencionadas inquietudes, pues algo me hace pensar que no podría notificar mis descubrimientos.

sábado, 4 de agosto de 2007

Intolerancia que mata.

Más que sorprenderme, me entristece la carencia de cultura que existe en mi ciudad.
Es ya bastante sabido por aquellos conscientes del entorno, que la generalidad no dispone de una, digamos, amplia variedad de conocimientos sobre el mundo. Su mundo, se reduce a los conceptos y conocimientos estrictamente necesarios para sobrevivir y a aquellos que están presentes en su cotidianidad.
No puedo juzgar esto, pues hay infinidad de factores que causan este ya tan común y añejo fenómeno. Dígase de la falta de tiempo, dígase de la insuficiencia de recursos para incrementar su cultura.
No puedo juzgar ni culpar a alguien por su ignorancia, pues todos somos ignorantes en mayor o menor medida y la gama de conocimientos a adquirir es simplemente infinita.
La cultura no viene en tabletas. Hace falta leer, hace falta viajar, hace falta escuchar, hace falta preguntar, hace falta vivir para adquirir cultura.
Hay una clase de cultura que de manera sincera y orgullosa, confieso poseer en exceso; la cultura de la tolerancia. Tolerancia, un concepto bastante amplio, pero seré concreto.
Me entristece darme cuenta de que a estas alturas de la novela de la humanidad, existen amantes de lo convencional. Y más que amantes, les llamo fanáticos.
Personas que por tercos prejuicios, viejos complejos, preceptos, o mero goce por fastidiar se rehúsan a aceptar la diversidad, lo diferente. Personas que entienden la rareza a manera de defecto. Personas que critican lo que a sus ojos no es “normal”. Personas que valiendo los principios más básicos de la relatividad, ven y manifiestan su verdad como absoluta. Personas que ven como malo lo que no encaja en lo establecido. Personas que piensan inadecuado aquello que los demás no miran con buenos ojos. Personas que cegadas por su intolerancia reprimen lo desemejante, sin darse un segundo para reflexionar el porque declarar su verdad como la correcta. Personas que le arrebatan a terceros la oportunidad de ser auténticos por miedo a represalias, insultos y ofensas.
Admiro a aquellos que comprenden a estas personas como ignorantes, y no como algo más.
Admiro a aquellos que no ven a estas personas como dignas de su atención.
Admiro a aquellos que no ablandan su postura ante la incivilidad de los intolerantes.
Me atrevo entonces a declarar de la manera menos arrogante, que francamente, me admiro.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Vieja critica a la vanidad disfrazada.

Me resulta extraño como las personas en myspace carecen de aquel pudor y talvez innecesaria y anticuada pero digna vergüenza que provoca solicitudes tan egoístas y muchas veces hipócritas o convenencieras como "¡comenta mis pics!"
Y a menos que quiera desarrollar un largo, tonto e inútil blog sobre la complejidad del raro y monótono egocentrismo ya típico de de myspace, me conformo con observarlos.
Continuar leyendo más por accidente que por interés esas vanas pláticas donde el interés obvio pero muy disfrazado es siempre la vanidad. El más puro deseo de ser elogiados para reforzar aquella seguridad de la cual carecen o poseen en exceso.
Y tantos juegan a ese ritual. Donde aquel que es poco mas que tu conocido descarada pero amigablemente te pide comentes sus fotos, y la gran mayoría acepta, no sin ese interés silencioso a veces expresado, a veces no, que genera la ferviente emoción de que el comentario les será devuelto.
Desconocidos que se quitan el prefijo de esa palabra e incluso se nombran amigos por medio de adulaciones baratas y comentarios donde se dice poco mas que nada, totalmente fugaces.
Pero esa no es su función, así que no puedo reprocharlos por eso. Su función, y por lo cual se agradecen tanto entre si, al tiempo que pretenden expresar estima mutuo en frases cortas y trilladas, es la de aumentar el contador de comments.

Volátil, vago, voraz.

Últimamente muchos cambios en mi vida.
Se torna acelerada y mi futuro esta a la vuelta de la esquina pero siento que se quedo sin combustible y permanecerá estancado hasta que me digne a alimentarlo con un poco de planeación.
Vago y me resigno ya a seguir el camino que me imponen los criterios de aquellos que creo tienen expectativas sobre mi. No así por el deseo de llevar contra, sino porque me separo de los clásicos y también muy validos futuros que la gran mayoría disfrutan soñar y planear.
Yo quiero vagar. No me interesa pintar el bosquejo del mañana porque estoy enamorado del hoy. Quiero sentir la pasión, seguir sintiendo la pasión que el gran porcentaje siente después de casi una vida de trabajar para una empresa que no los valora.
Quiero apresurar la sonrisa que delataría satisfacción cuando me informen que me muero mañana.