Tenemos ya un buen rato sin encontrarnos querida, vieja, desafiante, siempre misteriosa hoja en blanco. Me pregunto si mis fieles manos sabrán esta vez describir las historias que se encuentran en mi mente ansiosas de ser publicadas.
Debo de confesar que no había escrito a raíz de un incidente, que de violenta manera, marcó mi memoria. Tatuó un día en concreto, en mi borroso calendario mental, dejándome recordarlo con lujo ya muy ostentoso de detalles; el morbo, el orgullo, que se yo… ¡Decía! (disculpen, el encantador divague me seduce y sin darme cuenta pierdo a veces dirección) apenas unos minutos después de dicho incidente, tomé la talvez brillante, talvez estupida, talvez solo adecuada decisión de privarlos a ustedes queridos, de mis palabras… Espero haberles robado una burlesca o amable risita con esta ultima línea, solo juego… simple chascarrillo donde me digo ya causante de ansias por leerme, no… claro que no, no soy tan soberbio; me gustaría cambiar ese “no soy” por un “nunca seré” pero quien soy yo para expedir una declaración de futura inmunidad al acoso de la soberbia y presunción…
En fin, la verdadera razón de dicha decisión es bastante compleja de explicar, pero fácil de comprender, me dispongo entonces a idear una línea para describirla:
Quería asimilar por completo dicho incidente para no teñir a mis escritos de inconscientes, crudos, viscerales, sarcásticos, ácidos, disfrazados o sutiles reclamos hacia el causante de aquel amarguisimo trago.
Y no se si juzgar mi decisión de acertada o estupida, pues sé del potencial que alcanzan las palabras cuando mas que formar escritos, forman la furiosa traducción del ardor y la pasión del sentimiento que impregnado en las heridas se conserva aun fresco, irracional, poseedor de ese desvergonzado espíritu que ansía más que nada ser liberado ante su causante, ese espíritu despiadado, vengativo, espíritu que no tarda mucho en comenzar su agonía… Yo lo perdí, lo deje agonizar y lo transformé en orgullo, orgullo que actualmente aún porto con firmeza ante aquel del cual estoy resentido.
Espero haber realizado un buen trabajo al describirles la razón de mi decisión, logrando su comprensión y talvez con un poco de suerte, su empatía.
En el momento menos esperado me asaltó la necesidad de escribir y heme aquí, habiendo ya disuelto cualquier clase de rencor sediento de expresión, decidí que no podía continuar privado de lo que considero mi pasión, privación que yo mismo impuse, pues estaba temeroso de arrepentirme de mis palabras.
Así es entonces, 4:31 de la mañana y me encuentro de nuevo en una orgía con las palabras. Dejándome llevar únicamente por el instinto de expresión que casi se olvidaba de la sensación de ser publicado.
¡He de celebrar entonces! He de gritar, de susurrar, de declamar de nuevo, he de fornicar por enésima ocasión con la libre palabra.
domingo, 19 de agosto de 2007
lunes, 6 de agosto de 2007
Asesinos del protagonista de su reflejo.
Quitarse la vida no es algo que se piense todos los días.
Atentar contra nuestro cuerpo, con el único fin de erradicar nuestra existencia.
De vez en cuando me acosa la curiosidad y me pregunto que tanto se necesita para que nos ronde el pensamiento de dejar de vivir voluntariamente. Que circunstancias nos envuelven en una frustración y angustia tan cruel, que nos otorguen el valor y coraje para tomar una decisión donde la protagonista es nada más que nuestra vida.
Una decisión que sabemos imposible de disolver, que una vez consumada, depende únicamente del método elegido los segundos que tarde nuestro corazón en conocer por primera y única vez, el descanso. Y envuelto en divagues, me inquieta…
Que tanto es necesario, para que decidamos renunciar a la posibilidad de volver a mirar, sentir, probar, palpar, escuchar todo lo que conocemos y alguna vez conocimos.
Que clase de infierno terrenal se necesita para que optemos por desvanecer nuestra presencia para convertirla en tan solo un recuerdo o una añoranza.
Que tan oscura realidad es necesaria para cegarnos a cada rastro restante de esperanza, sabiendo inútil cualquier intento por recobrarla.
Que clase de maraña mental y emocional acuchilla tan asiduamente la conciencia que la única manera de detenerla es asesinando al poseedor de su victima.
Que enfermedad convierte al portador en su más efectivo instrumento para matarlo.
Que clase de demonios internos se necesitan para que la solución mas atractiva y viable sea la de adelantar aquel momento donde la vida se despide de nuestros cuerpos.
Que sentimientos pueden ahogarnos de tal manera que decidamos regalar la posibilidad de volver a sentir siquiera.
Que clase de conmoción desgarra tanto nuestra conciencia que prefiramos delegar esta al olvido.
Que sufrimiento devasta tanto que provoca al desdichado redactar su propia invitación a la muerte.
Tantos suicidios en el mundo y cada uno, dándome el lujo de besar al optimismo, tan evitable. El suicidio pienso, es la culminación de la infelicidad, donde ya independientemente del ángulo del que miremos, no encontramos razón alguna para prolongar nuestra existencia. A veces solo un arranque de impulsividad en medio de una situación donde el deseo por coexistir se filtra entre las lágrimas derramadas.
Quien sabe... la verdad sobre un tema de tan subjetiva índole es demasiado compleja para intentar explicarla o siquiera intuirla, debería cultivarme con el respaldo científico existente o aprender a vivir con el acoso de mi curiosidad, que a diferencia de mi corazón, conoce muy bien el descanso.
Y espero nunca conocer por experiencia propia la respuesta a mis mencionadas inquietudes, pues algo me hace pensar que no podría notificar mis descubrimientos.
Atentar contra nuestro cuerpo, con el único fin de erradicar nuestra existencia.
De vez en cuando me acosa la curiosidad y me pregunto que tanto se necesita para que nos ronde el pensamiento de dejar de vivir voluntariamente. Que circunstancias nos envuelven en una frustración y angustia tan cruel, que nos otorguen el valor y coraje para tomar una decisión donde la protagonista es nada más que nuestra vida.
Una decisión que sabemos imposible de disolver, que una vez consumada, depende únicamente del método elegido los segundos que tarde nuestro corazón en conocer por primera y única vez, el descanso. Y envuelto en divagues, me inquieta…
Que tanto es necesario, para que decidamos renunciar a la posibilidad de volver a mirar, sentir, probar, palpar, escuchar todo lo que conocemos y alguna vez conocimos.
Que clase de infierno terrenal se necesita para que optemos por desvanecer nuestra presencia para convertirla en tan solo un recuerdo o una añoranza.
Que tan oscura realidad es necesaria para cegarnos a cada rastro restante de esperanza, sabiendo inútil cualquier intento por recobrarla.
Que clase de maraña mental y emocional acuchilla tan asiduamente la conciencia que la única manera de detenerla es asesinando al poseedor de su victima.
Que enfermedad convierte al portador en su más efectivo instrumento para matarlo.
Que clase de demonios internos se necesitan para que la solución mas atractiva y viable sea la de adelantar aquel momento donde la vida se despide de nuestros cuerpos.
Que sentimientos pueden ahogarnos de tal manera que decidamos regalar la posibilidad de volver a sentir siquiera.
Que clase de conmoción desgarra tanto nuestra conciencia que prefiramos delegar esta al olvido.
Que sufrimiento devasta tanto que provoca al desdichado redactar su propia invitación a la muerte.
Tantos suicidios en el mundo y cada uno, dándome el lujo de besar al optimismo, tan evitable. El suicidio pienso, es la culminación de la infelicidad, donde ya independientemente del ángulo del que miremos, no encontramos razón alguna para prolongar nuestra existencia. A veces solo un arranque de impulsividad en medio de una situación donde el deseo por coexistir se filtra entre las lágrimas derramadas.
Quien sabe... la verdad sobre un tema de tan subjetiva índole es demasiado compleja para intentar explicarla o siquiera intuirla, debería cultivarme con el respaldo científico existente o aprender a vivir con el acoso de mi curiosidad, que a diferencia de mi corazón, conoce muy bien el descanso.
Y espero nunca conocer por experiencia propia la respuesta a mis mencionadas inquietudes, pues algo me hace pensar que no podría notificar mis descubrimientos.
sábado, 4 de agosto de 2007
Intolerancia que mata.
Más que sorprenderme, me entristece la carencia de cultura que existe en mi ciudad.
Es ya bastante sabido por aquellos conscientes del entorno, que la generalidad no dispone de una, digamos, amplia variedad de conocimientos sobre el mundo. Su mundo, se reduce a los conceptos y conocimientos estrictamente necesarios para sobrevivir y a aquellos que están presentes en su cotidianidad.
No puedo juzgar esto, pues hay infinidad de factores que causan este ya tan común y añejo fenómeno. Dígase de la falta de tiempo, dígase de la insuficiencia de recursos para incrementar su cultura.
No puedo juzgar ni culpar a alguien por su ignorancia, pues todos somos ignorantes en mayor o menor medida y la gama de conocimientos a adquirir es simplemente infinita.
La cultura no viene en tabletas. Hace falta leer, hace falta viajar, hace falta escuchar, hace falta preguntar, hace falta vivir para adquirir cultura.
Hay una clase de cultura que de manera sincera y orgullosa, confieso poseer en exceso; la cultura de la tolerancia. Tolerancia, un concepto bastante amplio, pero seré concreto.
Me entristece darme cuenta de que a estas alturas de la novela de la humanidad, existen amantes de lo convencional. Y más que amantes, les llamo fanáticos.
Personas que por tercos prejuicios, viejos complejos, preceptos, o mero goce por fastidiar se rehúsan a aceptar la diversidad, lo diferente. Personas que entienden la rareza a manera de defecto. Personas que critican lo que a sus ojos no es “normal”. Personas que valiendo los principios más básicos de la relatividad, ven y manifiestan su verdad como absoluta. Personas que ven como malo lo que no encaja en lo establecido. Personas que piensan inadecuado aquello que los demás no miran con buenos ojos. Personas que cegadas por su intolerancia reprimen lo desemejante, sin darse un segundo para reflexionar el porque declarar su verdad como la correcta. Personas que le arrebatan a terceros la oportunidad de ser auténticos por miedo a represalias, insultos y ofensas.
Admiro a aquellos que comprenden a estas personas como ignorantes, y no como algo más.
Admiro a aquellos que no ven a estas personas como dignas de su atención.
Admiro a aquellos que no ablandan su postura ante la incivilidad de los intolerantes.
Me atrevo entonces a declarar de la manera menos arrogante, que francamente, me admiro.
Es ya bastante sabido por aquellos conscientes del entorno, que la generalidad no dispone de una, digamos, amplia variedad de conocimientos sobre el mundo. Su mundo, se reduce a los conceptos y conocimientos estrictamente necesarios para sobrevivir y a aquellos que están presentes en su cotidianidad.
No puedo juzgar esto, pues hay infinidad de factores que causan este ya tan común y añejo fenómeno. Dígase de la falta de tiempo, dígase de la insuficiencia de recursos para incrementar su cultura.
No puedo juzgar ni culpar a alguien por su ignorancia, pues todos somos ignorantes en mayor o menor medida y la gama de conocimientos a adquirir es simplemente infinita.
La cultura no viene en tabletas. Hace falta leer, hace falta viajar, hace falta escuchar, hace falta preguntar, hace falta vivir para adquirir cultura.
Hay una clase de cultura que de manera sincera y orgullosa, confieso poseer en exceso; la cultura de la tolerancia. Tolerancia, un concepto bastante amplio, pero seré concreto.
Me entristece darme cuenta de que a estas alturas de la novela de la humanidad, existen amantes de lo convencional. Y más que amantes, les llamo fanáticos.
Personas que por tercos prejuicios, viejos complejos, preceptos, o mero goce por fastidiar se rehúsan a aceptar la diversidad, lo diferente. Personas que entienden la rareza a manera de defecto. Personas que critican lo que a sus ojos no es “normal”. Personas que valiendo los principios más básicos de la relatividad, ven y manifiestan su verdad como absoluta. Personas que ven como malo lo que no encaja en lo establecido. Personas que piensan inadecuado aquello que los demás no miran con buenos ojos. Personas que cegadas por su intolerancia reprimen lo desemejante, sin darse un segundo para reflexionar el porque declarar su verdad como la correcta. Personas que le arrebatan a terceros la oportunidad de ser auténticos por miedo a represalias, insultos y ofensas.
Admiro a aquellos que comprenden a estas personas como ignorantes, y no como algo más.
Admiro a aquellos que no ven a estas personas como dignas de su atención.
Admiro a aquellos que no ablandan su postura ante la incivilidad de los intolerantes.
Me atrevo entonces a declarar de la manera menos arrogante, que francamente, me admiro.
miércoles, 1 de agosto de 2007
Vieja critica a la vanidad disfrazada.
Me resulta extraño como las personas en myspace carecen de aquel pudor y talvez innecesaria y anticuada pero digna vergüenza que provoca solicitudes tan egoístas y muchas veces hipócritas o convenencieras como "¡comenta mis pics!"
Y a menos que quiera desarrollar un largo, tonto e inútil blog sobre la complejidad del raro y monótono egocentrismo ya típico de de myspace, me conformo con observarlos.
Continuar leyendo más por accidente que por interés esas vanas pláticas donde el interés obvio pero muy disfrazado es siempre la vanidad. El más puro deseo de ser elogiados para reforzar aquella seguridad de la cual carecen o poseen en exceso.
Y tantos juegan a ese ritual. Donde aquel que es poco mas que tu conocido descarada pero amigablemente te pide comentes sus fotos, y la gran mayoría acepta, no sin ese interés silencioso a veces expresado, a veces no, que genera la ferviente emoción de que el comentario les será devuelto.
Desconocidos que se quitan el prefijo de esa palabra e incluso se nombran amigos por medio de adulaciones baratas y comentarios donde se dice poco mas que nada, totalmente fugaces.
Pero esa no es su función, así que no puedo reprocharlos por eso. Su función, y por lo cual se agradecen tanto entre si, al tiempo que pretenden expresar estima mutuo en frases cortas y trilladas, es la de aumentar el contador de comments.
Y a menos que quiera desarrollar un largo, tonto e inútil blog sobre la complejidad del raro y monótono egocentrismo ya típico de de myspace, me conformo con observarlos.
Continuar leyendo más por accidente que por interés esas vanas pláticas donde el interés obvio pero muy disfrazado es siempre la vanidad. El más puro deseo de ser elogiados para reforzar aquella seguridad de la cual carecen o poseen en exceso.
Y tantos juegan a ese ritual. Donde aquel que es poco mas que tu conocido descarada pero amigablemente te pide comentes sus fotos, y la gran mayoría acepta, no sin ese interés silencioso a veces expresado, a veces no, que genera la ferviente emoción de que el comentario les será devuelto.
Desconocidos que se quitan el prefijo de esa palabra e incluso se nombran amigos por medio de adulaciones baratas y comentarios donde se dice poco mas que nada, totalmente fugaces.
Pero esa no es su función, así que no puedo reprocharlos por eso. Su función, y por lo cual se agradecen tanto entre si, al tiempo que pretenden expresar estima mutuo en frases cortas y trilladas, es la de aumentar el contador de comments.
Volátil, vago, voraz.
Últimamente muchos cambios en mi vida.
Se torna acelerada y mi futuro esta a la vuelta de la esquina pero siento que se quedo sin combustible y permanecerá estancado hasta que me digne a alimentarlo con un poco de planeación.
Vago y me resigno ya a seguir el camino que me imponen los criterios de aquellos que creo tienen expectativas sobre mi. No así por el deseo de llevar contra, sino porque me separo de los clásicos y también muy validos futuros que la gran mayoría disfrutan soñar y planear.
Yo quiero vagar. No me interesa pintar el bosquejo del mañana porque estoy enamorado del hoy. Quiero sentir la pasión, seguir sintiendo la pasión que el gran porcentaje siente después de casi una vida de trabajar para una empresa que no los valora.
Quiero apresurar la sonrisa que delataría satisfacción cuando me informen que me muero mañana.
Se torna acelerada y mi futuro esta a la vuelta de la esquina pero siento que se quedo sin combustible y permanecerá estancado hasta que me digne a alimentarlo con un poco de planeación.
Vago y me resigno ya a seguir el camino que me imponen los criterios de aquellos que creo tienen expectativas sobre mi. No así por el deseo de llevar contra, sino porque me separo de los clásicos y también muy validos futuros que la gran mayoría disfrutan soñar y planear.
Yo quiero vagar. No me interesa pintar el bosquejo del mañana porque estoy enamorado del hoy. Quiero sentir la pasión, seguir sintiendo la pasión que el gran porcentaje siente después de casi una vida de trabajar para una empresa que no los valora.
Quiero apresurar la sonrisa que delataría satisfacción cuando me informen que me muero mañana.
Violado por la más puta de mis realidades.
Me ronda de vez en cuando esta sensación de insatisfacción.
No me considero voluble, tampoco inestable. Me pregunto entonces a que atribuir esta inquietante sensación que se cuela en cada pensamiento, logrando un asqueroso pesimismo que deriva en una indiferencia ante los demás, ante mi mundo.
Reflexiono y bastan pocos segundos para darme cuenta de que no tengo ganas de practicar el arte de la introspección. Decido utilizar mi creatividad para idear alguna excusa que sirva como justificación para mi indiferencia. De repente todo me resulta plano, simple, llano.
Buscaría refugio entre mis sabanas, pero lo último que quiero es dejar que la inactividad le permita a aquella amargura difundirse entre los pensamientos mas recónditos de mi mente, logrando afectar mi percepción sobre los que hace unos minutos, consideraba mis amigos. Atrapado en una realidad que vomito. Inmerso en pensamientos ya teñidos de desden.
Una realidad que se inexistente, que se mantenía encadenada por mis convicciones, que rara vez me atrapa, cruel, brutal, una realidad que quiero desvanecer antes me sea posible.
Estoy siendo violado por la más puta de mis realidades, el pesimismo que logra es su placer, mi furia ante los desprevenidos, su orgasmo. Cesara solo hasta que desahogue mis reclamos enterrados en los que sin poder siquiera recordar como, alguna vez lesionaron mi orgullo.
Pero soy débil y temeroso, me resguardo entonces entre las sabanas, aun atormentado, acrecentando la profundidad de mis reclamos. Arriesgándome a talvez un día terminar devorado por esta tan monstruosa como escondida realidad.
No me considero voluble, tampoco inestable. Me pregunto entonces a que atribuir esta inquietante sensación que se cuela en cada pensamiento, logrando un asqueroso pesimismo que deriva en una indiferencia ante los demás, ante mi mundo.
Reflexiono y bastan pocos segundos para darme cuenta de que no tengo ganas de practicar el arte de la introspección. Decido utilizar mi creatividad para idear alguna excusa que sirva como justificación para mi indiferencia. De repente todo me resulta plano, simple, llano.
Buscaría refugio entre mis sabanas, pero lo último que quiero es dejar que la inactividad le permita a aquella amargura difundirse entre los pensamientos mas recónditos de mi mente, logrando afectar mi percepción sobre los que hace unos minutos, consideraba mis amigos. Atrapado en una realidad que vomito. Inmerso en pensamientos ya teñidos de desden.
Una realidad que se inexistente, que se mantenía encadenada por mis convicciones, que rara vez me atrapa, cruel, brutal, una realidad que quiero desvanecer antes me sea posible.
Estoy siendo violado por la más puta de mis realidades, el pesimismo que logra es su placer, mi furia ante los desprevenidos, su orgasmo. Cesara solo hasta que desahogue mis reclamos enterrados en los que sin poder siquiera recordar como, alguna vez lesionaron mi orgullo.
Pero soy débil y temeroso, me resguardo entonces entre las sabanas, aun atormentado, acrecentando la profundidad de mis reclamos. Arriesgándome a talvez un día terminar devorado por esta tan monstruosa como escondida realidad.
De la falsa y barata seducción.
¡Es que no puedo negar que me asesina la falta de ingenio!
No me conformo con una explicación. Bien dicen que las acciones hablan mas fuerte que las palabras pero cuando del ritual moderno de la seducción se trata, yo a ninguna le encuentro cuerdas bucales. Así que al azar, opto por reír o llorar cuando a diario me doy cuenta del barato y ya conocido, casi sistematizado juego que practican los que se enamoran vía myspace. Es fácil ganarse a la mayoría de la gente.
Y aquella que presenta un reto de besar después del intento de impresionar con un superficialmente elogiado encanto siempre resulta fascinante para la gran mayoría de los hombres en esta comunidad, pero querida, te marcaran una Z en el pecho si te dejas seducir pues dichos especimenes quieren tu vagina como trofeo y no tu mente como amante.
Disfruta de sus infantiles adjetivos en infinitivo, disfruta de sus adjetivos que se convierten en posesivos al declararte como suya, disfruta de aquella frase que te tocó de entre su lista de prefabricadas, ríete y nunca menosprecies la experiencia que brinda este nuevo tipo de ritual ya tan típico de nuestros días.
Pero enamórate de él y no de sus palabras, ríndete a su voz solo cuando sientas la sinceridad acariciando tu oído.
Acepta sus caricias donde la temperatura aumente por su calidez y no por su lujuria. Enamorarte no es algo que se controle, pero si que se elige. Bellísimo pensar que tengo conciencia y capacidad de diferir la siempre tierna verdad del embuste que derrama sangre más veces de las que me gustaría imaginar.
Y no lo entiendo. Hermosa, bonita, linda. (Con sus ya conocidas alteraciones de escritura). ¿Enserio te sientes especial? Si tu respuesta es la primera palabra después del segundo signo de interrogación, eres una de tantas sumisas del elogio común.
Considero falsa la inmensa mayoría de declaraciones de amor que se hacen los amantes sin ingenio, pues aquel que esta realmente enamorado, encuentra e idea nueva maneras de hacérselo saber a su Julieta.
No me conformo con una explicación. Bien dicen que las acciones hablan mas fuerte que las palabras pero cuando del ritual moderno de la seducción se trata, yo a ninguna le encuentro cuerdas bucales. Así que al azar, opto por reír o llorar cuando a diario me doy cuenta del barato y ya conocido, casi sistematizado juego que practican los que se enamoran vía myspace. Es fácil ganarse a la mayoría de la gente.
Y aquella que presenta un reto de besar después del intento de impresionar con un superficialmente elogiado encanto siempre resulta fascinante para la gran mayoría de los hombres en esta comunidad, pero querida, te marcaran una Z en el pecho si te dejas seducir pues dichos especimenes quieren tu vagina como trofeo y no tu mente como amante.
Disfruta de sus infantiles adjetivos en infinitivo, disfruta de sus adjetivos que se convierten en posesivos al declararte como suya, disfruta de aquella frase que te tocó de entre su lista de prefabricadas, ríete y nunca menosprecies la experiencia que brinda este nuevo tipo de ritual ya tan típico de nuestros días.
Pero enamórate de él y no de sus palabras, ríndete a su voz solo cuando sientas la sinceridad acariciando tu oído.
Acepta sus caricias donde la temperatura aumente por su calidez y no por su lujuria. Enamorarte no es algo que se controle, pero si que se elige. Bellísimo pensar que tengo conciencia y capacidad de diferir la siempre tierna verdad del embuste que derrama sangre más veces de las que me gustaría imaginar.
Y no lo entiendo. Hermosa, bonita, linda. (Con sus ya conocidas alteraciones de escritura). ¿Enserio te sientes especial? Si tu respuesta es la primera palabra después del segundo signo de interrogación, eres una de tantas sumisas del elogio común.
Considero falsa la inmensa mayoría de declaraciones de amor que se hacen los amantes sin ingenio, pues aquel que esta realmente enamorado, encuentra e idea nueva maneras de hacérselo saber a su Julieta.
De idealización y otras condenas.
Somos muy astutos por naturaleza, no necesitamos consejos que casi sistematicen la manera de lograr la mirada de aquel por quien suspiramos.
Nuestra naturaleza es brillante.
Cuando el instinto se apodera de nuestra corporalidad, y nos encontramos bajo el ya tan trillado trance que delata nuestro estado con una sonrisa, con una posición corporal, con el brillo de la mirada, es cuando debemos preocuparnos por perseguir al causante de nuestro estado, pues a mi romántica manera de ver las cosas, podría tratarse de alguien que la coincidencia cruzo en nuestro camino a manera de regalo.
Es cotidiano admirar la belleza, pero rara vez sentiremos aquel estado de total sumisión mental ante una persona. Cuando aquellas simples palabras escuchadas se tornan la composición mas bella que jamás rozó nuestro tímpano…
Pero es también cuando debemos preocuparnos, pues podría estar a punto de poseernos el estado de falso enamoramiento.
Aquel que engaña a la mente, y tiende sobre nuestros ojos dos telones, a manera de vendas. Vendas que únicamente el creador de estas puede rasgar, insensibles a navajas de amigos que intentan retirarlas por hacernos ver la realidad que creemos imposible. Vendas que logran únicamente idealización de la persona que nos sedujo con la pura mirada. Las cuales, únicamente caerán en su totalidad cuando se vean presas del acido llanto causado por el mismo creador de estas.
Procuremos enamorarnos entonces del físico, del pensamiento y del sentimiento, pues cada aspecto es de carácter indispensable si queremos una relación que no rose con lo fugaz.
Rindámonos al ritual primitivo de seducción y juguemos con el instinto, experimentemos con nuestra naturaleza pasional… Pero mantengámonos alertas cuando nuestra vista comience a menguarse a causa de aquel telón que comienza a bajar, pues una vez toque suelo, nuestra terquedad cortara la soga, condenándonos a ser heridos para despertar de aquella ilusión que jurábamos perfecta.
Nuestra naturaleza es brillante.
Cuando el instinto se apodera de nuestra corporalidad, y nos encontramos bajo el ya tan trillado trance que delata nuestro estado con una sonrisa, con una posición corporal, con el brillo de la mirada, es cuando debemos preocuparnos por perseguir al causante de nuestro estado, pues a mi romántica manera de ver las cosas, podría tratarse de alguien que la coincidencia cruzo en nuestro camino a manera de regalo.
Es cotidiano admirar la belleza, pero rara vez sentiremos aquel estado de total sumisión mental ante una persona. Cuando aquellas simples palabras escuchadas se tornan la composición mas bella que jamás rozó nuestro tímpano…
Pero es también cuando debemos preocuparnos, pues podría estar a punto de poseernos el estado de falso enamoramiento.
Aquel que engaña a la mente, y tiende sobre nuestros ojos dos telones, a manera de vendas. Vendas que únicamente el creador de estas puede rasgar, insensibles a navajas de amigos que intentan retirarlas por hacernos ver la realidad que creemos imposible. Vendas que logran únicamente idealización de la persona que nos sedujo con la pura mirada. Las cuales, únicamente caerán en su totalidad cuando se vean presas del acido llanto causado por el mismo creador de estas.
Procuremos enamorarnos entonces del físico, del pensamiento y del sentimiento, pues cada aspecto es de carácter indispensable si queremos una relación que no rose con lo fugaz.
Rindámonos al ritual primitivo de seducción y juguemos con el instinto, experimentemos con nuestra naturaleza pasional… Pero mantengámonos alertas cuando nuestra vista comience a menguarse a causa de aquel telón que comienza a bajar, pues una vez toque suelo, nuestra terquedad cortara la soga, condenándonos a ser heridos para despertar de aquella ilusión que jurábamos perfecta.
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