Se te va lo precario mañana, mundo; voy a ocupar mi mente y mi tiempo en algo que si bien no enriquece el alma, el bolsillo sí. ¡Un trabajo por fin y un adiós a mi tiempo! pero tampoco es para ponerme catastrofista, con eso de que suelo escribir cuando más propicio siento el momento, no escribo nunca; y es que, teniendo todo el tiempo del mundo, ¿para que hacerlo ahorita? mejor esperar a que me llegue por acto de magia, esa inspiración y ganas por redactar, ¿no? ¡No hombre! ese método te hubiera hecho escribir cien páginas en cien años.
Teniendo tu tiempo limitado, mira que lo vas a aprovechar mejor, hazme caso.
Aun así, que lastima que sea así, que necesites que venga la escasez para valorar lo que ahora tienes.
Yo se, Alex, yo sé que lo haces por el dinero, porque ahorita ni las letras ni la música te pagan tus camiones y cuando el antojo ataca, mejor ignorarlo, porque no hay una sola moneda que sobre para lo que no es inminentemente necesario. ¡Que horrible limitante tienes! aunque no es la peor de todas: según tú, la peor de todas debe ser la falta de potencial creativo, pero luego piensas que, de que les sirve a los "potentes creativamente hablando" ser "potentes creativamente hablando" si el tiempo se les va chambeando pa comer. ¡Pues es que qué ganas de escribir con esas tripas retorciéndosele a uno! ese tal Dios, hubiera denotado su dizque perfección dotándonos de fotosíntesis.
¡Que tanto parloteas Alex! relaja el ánimo con un café y cállate hasta que te dignes a hacer lo que ya suficientes veces te has propuesto, sin lograrlo, como para perder cualquier credibilidad: ahorrar, ahorrar, ahorrar; para un carro y para someter al perro antojo que se quedará sorprendido al verte tan complaciente: ¿y hoy que te pasa Alex? te preguntará, “me pasa que has jodido suficiente como para ponerme a trabajar” le vas a decir, y satisfecho, ese perro holgazán que nomás pide, se callará un muy buen rato.
domingo, 21 de junio de 2009
martes, 2 de junio de 2009
No Pimienta, aún no.
A veces la parte difícil es saber qué escribir. ¡Los mil temas corriendo desnudos, deformes y revueltos en mi cabeza y no atrapo uno! ¡Cabrones escurridizos…! ¡Apenas agarre a uno ese pobre la va a pagar por todos!
Están mucho más huidizos que de costumbre; con decirles que fingí estar dormido (tan bien, que casi dejo de fingir), para que se calmaran y se acercaran un poco… al principio todo iba bien; me vieron ahí tirado y con lo fisgones que pueden ser, decidieron acercarse, supongo para colarse en mi cabeza y ser protagonistas de algún sueño (es como su realización)… no les vi bien la cara (si es que tenían), pero empezaban a tomar forma conforme se aproximaban.
En la espera comencé a cabecear y siendo yo tan buen actor, me salía bastante natural; a decir verdad ya andaba medio atolondrado rondando territorios de Morfeo, pero no planeaba quedarme, y como al tipo no le gustan las visitas cortas, advirtió “síguele y te rapto”; "de ser así, no saldría de ahí en buen rato" pensé, así que en un abrir y cerrar de ojos me regresé y me vi rodeado de temas, temillas, temitas y temotas y como lobo hambriento me abalancé sobre todos los que pude, sometí a unos cuantos que parloteaban burlescamente de amor y política y los até al árbol en el que estaba dizque dormido.
¡Estaba orgulloso! Estaba ansioso por destazar y cocinar su carne en una sopa de letras (knorr suiza); y para hacerlo propiamente y sin bostezo, decidí bajar por un café.
En la cocina, saqué una taza y puse agua a hervir. Me puse a divagar sobre cómo sazonar y preparar a mi preciado botín; después de tres minutos de repasar técnica y condimento, el agua por fin hirvió, serví, batí, subí.
La escena fue terrorífica. Un árbol, tres sogas rotas en el piso y un denso e inconfundible hedor a olvido era lo que restaba de mi reciente captura. Al fondo, la sal, el ajo, el orégano y la pimienta sentados, en fila.
La resignación llegó sin avisar y comenzó a limpiar todo; yo me senté, me senté a contar mi historia y a regañar a mi memoria, que me dice los dejó ir porque “pobrecitos temas no merecían tan despiadado y temprano martirio”… “los iba a inmortalizar” le dije.
Pero que corran pues, que se hagan más viejos y carnosos, igual no les tocaba todavía…
Y ahí sentado, la pimienta se me acerca y me da una miradilla tímida, pero candida e invitante… y lo considero un segundo, pero no mi pimienta, no estoy tan desesperado aún para escribir sobre ti.
Están mucho más huidizos que de costumbre; con decirles que fingí estar dormido (tan bien, que casi dejo de fingir), para que se calmaran y se acercaran un poco… al principio todo iba bien; me vieron ahí tirado y con lo fisgones que pueden ser, decidieron acercarse, supongo para colarse en mi cabeza y ser protagonistas de algún sueño (es como su realización)… no les vi bien la cara (si es que tenían), pero empezaban a tomar forma conforme se aproximaban.
En la espera comencé a cabecear y siendo yo tan buen actor, me salía bastante natural; a decir verdad ya andaba medio atolondrado rondando territorios de Morfeo, pero no planeaba quedarme, y como al tipo no le gustan las visitas cortas, advirtió “síguele y te rapto”; "de ser así, no saldría de ahí en buen rato" pensé, así que en un abrir y cerrar de ojos me regresé y me vi rodeado de temas, temillas, temitas y temotas y como lobo hambriento me abalancé sobre todos los que pude, sometí a unos cuantos que parloteaban burlescamente de amor y política y los até al árbol en el que estaba dizque dormido.
¡Estaba orgulloso! Estaba ansioso por destazar y cocinar su carne en una sopa de letras (knorr suiza); y para hacerlo propiamente y sin bostezo, decidí bajar por un café.
En la cocina, saqué una taza y puse agua a hervir. Me puse a divagar sobre cómo sazonar y preparar a mi preciado botín; después de tres minutos de repasar técnica y condimento, el agua por fin hirvió, serví, batí, subí.
La escena fue terrorífica. Un árbol, tres sogas rotas en el piso y un denso e inconfundible hedor a olvido era lo que restaba de mi reciente captura. Al fondo, la sal, el ajo, el orégano y la pimienta sentados, en fila.
La resignación llegó sin avisar y comenzó a limpiar todo; yo me senté, me senté a contar mi historia y a regañar a mi memoria, que me dice los dejó ir porque “pobrecitos temas no merecían tan despiadado y temprano martirio”… “los iba a inmortalizar” le dije.
Pero que corran pues, que se hagan más viejos y carnosos, igual no les tocaba todavía…
Y ahí sentado, la pimienta se me acerca y me da una miradilla tímida, pero candida e invitante… y lo considero un segundo, pero no mi pimienta, no estoy tan desesperado aún para escribir sobre ti.
lunes, 1 de junio de 2009
De antídotos y otras bellezas.
Tengo cien pesos de aquí a la perra eternidad y no hay nada que me quite de la cabeza lo que estoy pensando. Y lo que estoy sintiendo, ah bueno, eso es diferente; eso sí existe quien me lo quite del quien sabe cual hemisferio cerebral, o como dicen con otras palabras, del corazón.
La mala noticia es que ese quien está muy ocupado, curándose de mí. Aliviándose de mis síntomas, desintoxicándose de mis venenos. Debería entonces mantener la mente ocupada, más ocupada que nadie, para que ni un segundo me quede para saludar a la tristeza. Y qué mejor inversión de mi tiempo que descubrir el remedio para nuestros males, desarrollar un compuesto de palabras y besos y hechos y amores, que inyectados en tus labios, cuerpo, mente y vida reviertan el efecto de mis espesas toxinas.
Claro que de nada me serviría someterme a tal tarea, si mis dedos aún destilan veneno, si mi boca aún escupe ese acido que te corroyó de mi vida por un rato. Que malgastado sería el intento de curarte de mí, sin haber hecho lo mismo conmigo. Cúrate hombre, cúrate de ti; cúrate de aquello de lo que te arrepientes y detestas de ti; sácate aquel puto acido y hazla tuya, tuya de aquí a la perra, perra eternidad.
La mala noticia es que ese quien está muy ocupado, curándose de mí. Aliviándose de mis síntomas, desintoxicándose de mis venenos. Debería entonces mantener la mente ocupada, más ocupada que nadie, para que ni un segundo me quede para saludar a la tristeza. Y qué mejor inversión de mi tiempo que descubrir el remedio para nuestros males, desarrollar un compuesto de palabras y besos y hechos y amores, que inyectados en tus labios, cuerpo, mente y vida reviertan el efecto de mis espesas toxinas.
Claro que de nada me serviría someterme a tal tarea, si mis dedos aún destilan veneno, si mi boca aún escupe ese acido que te corroyó de mi vida por un rato. Que malgastado sería el intento de curarte de mí, sin haber hecho lo mismo conmigo. Cúrate hombre, cúrate de ti; cúrate de aquello de lo que te arrepientes y detestas de ti; sácate aquel puto acido y hazla tuya, tuya de aquí a la perra, perra eternidad.
Mátame decadencia.
Van dos tazas de café y dos de descaro, siete cigarros y siete pecados, y apenas va una hora. Si esto mantiene el ritmo, en dos días me asfixio y en tres resucito; después de todo también me llamo Jesús; habrá que añadir vino a la formula pa’ saborear el cliché completo.
En fin; me quedé de ver con la decadencia al anochecer, pero media botella bastó para adelantar su venida, es que ya me urgía compañía… y después de un rato con ella, me arrepentí de haberla citado, ¡es que me intimidaba su pinché presencia cada vez más envolvente!; la simpática me leyó la mente y me dijo que no me preocupara, que “de todos modos hubiera venido”… y media botella bastó para que se hiciera mi más grande amiga. Pero entre tanto vicio, ansiedad y locura, era de suponerse que después de un rato, terminaría hastiado de su compañía, ¡es que odio las visitas que no saben cuando ya fue mucho para largarse! Ese rato duró otro café y otros tres cigarros (más de lo que esperaba, francamente); ya muy sofocado, me levanté furioso y mareado, tomé la botella vacía y se la estrellé en la cabeza a mi puta decadencia; caí al piso y más, ya no recuerdo.
No sé quien murió primero y pues menos quien murió después, no se quién mató a quien, ¡pero que pinche botellazo le acomodé! solo sé que no he resucitado, acá en el limbo o donde sea que ande está medio oscuro y pues no veo el reloj, huele a madera y como que me empieza a faltar el pinche aire; han de ir dos días nomás…
En fin; me quedé de ver con la decadencia al anochecer, pero media botella bastó para adelantar su venida, es que ya me urgía compañía… y después de un rato con ella, me arrepentí de haberla citado, ¡es que me intimidaba su pinché presencia cada vez más envolvente!; la simpática me leyó la mente y me dijo que no me preocupara, que “de todos modos hubiera venido”… y media botella bastó para que se hiciera mi más grande amiga. Pero entre tanto vicio, ansiedad y locura, era de suponerse que después de un rato, terminaría hastiado de su compañía, ¡es que odio las visitas que no saben cuando ya fue mucho para largarse! Ese rato duró otro café y otros tres cigarros (más de lo que esperaba, francamente); ya muy sofocado, me levanté furioso y mareado, tomé la botella vacía y se la estrellé en la cabeza a mi puta decadencia; caí al piso y más, ya no recuerdo.
No sé quien murió primero y pues menos quien murió después, no se quién mató a quien, ¡pero que pinche botellazo le acomodé! solo sé que no he resucitado, acá en el limbo o donde sea que ande está medio oscuro y pues no veo el reloj, huele a madera y como que me empieza a faltar el pinche aire; han de ir dos días nomás…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
