Todos hablamos, todos escribimos… pensándolo bien, no todos. Corrijo mí descortesía ante los mudos y los mancos y diré que, eso sí, todos pensamos.
Pensamos con palabras. Asociando sensaciones, sentimientos y demás, con conceptos.
Considero al lenguaje como el elemento más implícito en nuestra cotidianidad, y por la misma razón, uno de los más devaluados.
El lenguaje, brillante y necesaria creación de los ancestros.
Y de ahí parto para hablar sobre el español. Mi fiel amante. Considero al español como la lengua más bella existente, esto según la humilde opinión de un servidor entusiasta de la relatividad.
Sin embargo, el español que escucho en las calles no es aquel que me enamora en novelas y escritos. El español que escuché en el colegio no es aquel que Sabines y Paz me hicieron adorar en sus cátedras.
Coexistimos en una realidad donde la comunicación necesaria no demanda un léxico imponente ni ostentoso, donde los polisílabos son mirados con rareza y los arcaísmos, tratados con la mano ciega de la ignorancia.
Día con día, los modismos aumentan en número y por tanto en presencia, basta con que una frase se popularice para que logre su completo anexo al diccionario social.
La comunicación cotidiana está viéndose devorada por el tono coloquial, por el modismo imperdonable, por el error que ya no es error.
Hago un llamado a todo lector, a ampliar el vocabulario ¡o almenos a utilizar el conocido! a lograr estructuras gramaticales que demanden más que un pensamiento impaciente, a dejar de lado las costumbres lingüísticas incorrectas que de tan frecuentes y numerosas, opacan y esconden la belleza de un español que ya solo los poetas quieren hablar.
No permitamos ya que más palabras se conviertan en arcaísmos, no juzguemos de anticuado lo que no es anticuado, sino desconocido por el hombre promedio.
Podemos constatarlo en la historia. Basta leer a Don Quijote para empaparnos de palabras que fallecieron por un desuso injustificado, deberían de venderlo con diccionario completo incluido.
Convirtámonos en activistas y salvadores de la lengua, practiquemos el verbo, el adjetivo, el adverbio, la preposición, la conjunción, el sustantivo, juguemos con cada uno de ellos y armemos frases de las cuales nos sintamos orgullosos, que demuestren cultura y que salven la cultura.
Español mió. Todo esto, como un gesto de gratitud cuya magnitud no imaginas, por haberme salvado de tantas, por habarme permitido expresar en esencia mis divagues mas complejos.
¡Iniciemos la sublevación contra la ignorancia lingüística! Les prometo compañeros, que una vez iniciada por cada uno esta revolución de la palabra, descubrirán una herramienta cuya capacidad entenderán, han subestimado.
Que nadie se apegue a una indiferencia inútil o a un pesimismo prematuro, pues es la multitud la que logra lo impensable, la que una vez sumadas voluntades, es capaz de traer de la tumba a las más muertas palabras cuya existencia desconocíamos o nos era simplemente indiferente. Logremos una evolución basada en la regresión, pues no cualquier futuro pinta mejor, encontremos en páginas pasadas tesoros que deberíamos de portar en la actualidad.
Mostremos bondad a las hermanas palabras que tanto nos regalan, ¡solidaridad a las caídas!
Concluyo así, mi llamado, mi invitación, mi grito de guerra.
Espero que mi anhelo sea compartido y realizado por aquellos que aprecian la belleza hablada, por aquellos que concuerdan con mis ideales, por aquellos que añoran una magistral muestra de cultura cotidiana en el lenguaje… y por aquellos que no, también.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
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1 comentario:
Amén =)
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