Soy un gloriosamente joven afortunado victima del desenfreno sentimental.
La coincidencia. No la considero tan generosa, es por eso que esta es una de las muy pocas veces que me declaro un dichoso apreciado y de nuevo victima, esta vez, del destino, que la cruzo en mi camino.
Victima. Se tiene un concepto erróneo de dicha palabra. Como la mayoría, yo solía relacionar este concepto con alguna clase de sufrimiento.
Conceptos. Ya no confío en aquellos establecidos pues he presenciado la caída y el despedazamiento de suficientes. La abrumante mayoría, de su cortesía.
Victima de nuevo, de mi humana naturaleza. Descabelladamente concluyo que sus partículas subconscientemente captadas por mi olfato fueron intencionalmente diseñadas para mí más que para nadie.
Ella: culpable. Sanguinaria homicida de los conceptos que deambulaban felices e inocentes en mi mente. Sus sigilosos crímenes, un deleite para mi sistema nervioso.
Y así, un concepto de amor yace desangrado en algún pasillo dentro de mi encéfalo, ahora tapizado de ella.
Un concepto de necesidad inconsciente para siempre, fracturado en la esquina de quien sabe cual fracción de mi memoria.
Un concepto de plenitud degollado, uno de satisfacción descuartizado.
Ante su llegada, el nacimiento de los nunca antes imaginados por mi joven conciencia, crecidos, dinámicos, hermosos conceptos. Imponiéndose con violenta voluntad en cada rincón de mi mente. Una nueva concepción de todo lo que engloba el enamoramiento con locura, una nueva concepción de magia.
Victima de sus maneras, victima de sus palabras.
Victima de su sonrisa, de su coqueteo, de mi coqueteo.
Victima de nuestro juego, feliz victima de lo que desencadenamos.
Victima de su magia, de su esencia eternamente indescifrable.
A cada momento juntos, incremento de mi percepción de su belleza.
Hace menos de un año, victima de la mas concentrada inyección de pasión que viviré durante mi estancia en este cuerpo.
Me resulta imposible ya pintarme sin ella. Niego dependencia pero acepto y afirmo necesidad. Según creo, bastante comprensible pues ante la recién construida y constantemente incrementada nueva y radical percepción sobre la belleza del enamoramiento, me resultaría emocionalmente fatal la perdida de su arquitecta.
Aún desconozco la causa de mi fascinación por intentar explicar una verdad tan incomprensible. Ambición por lograr un intento decente, supongo.
Talvez hoy la suerte en la que no creo me bese para demostrarme su existencia y me convierta por dos segundos en capaz de describir lo que ella causa en mí.
Es la belleza más pura. Capaz de irradiar ternura que me ablanda más que el felino mas hermoso. Capaz de en un instante, tornar la ternura en endorfinas en proporciones ridículas. Capaz de provocar lagrimas cuya razón es lo contrario de tristeza.
Capaz de lograr mi ahogo en llanto con una frase que espero nunca piense, menos pronuncie. Capaz de hacerme desear inmortalidad para jamás dejar de disfrutarla.
Y yo, capaz de todo por ella.
Aquel enamorado que se declare inmune a los celos, no es un enamorado o es un mentiroso. Yo estoy celoso de su cama, de sus sabanas, de sus zapatos, de sus vestidos.
¡Su ausencia! me duele imaginarla.
Su ausencia daría lugar a un nuevo concepto de dolor, cuya presencia en mis adentros, estoy seguro terminaría por devorarme. Pero es esto en lo último que quiero pensar.
La inmensa mayoría estará encantada de juzgar todo esto como un dulce y fugaz efecto de la idealización, pero yo la descarté hace ya mucho tiempo; cuando me di cuenta de que sigo siendo aquel hombre elitista, de mente analítica de lo subjetivo, capaz de realizar juicios realistas y objetivos, gustoso de la relatividad pero claro de perspectiva.
Así que no atribuyo estos pensamientos a una idealización mía… sino a mi frío realismo, queridos.
viernes, 14 de septiembre de 2007
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2 comentarios:
A D O R O lo que escribes enserio;Me gustaria mucho tener un novio asi como tu u.u
<33
It seems to me my friend that "Daniela" has shown to you the pleasures of sexual intercourse. Your "cold realism", at the end of your essay, is the male satisfaction left by the male afirmative action.
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