miércoles, 7 de noviembre de 2007

El arte como terapia.

Segundo que pasa, segundo que pensamos.
La mente no descansa. Dormir es modo de recargar batería, no de apagado.
Son contadísimas las veces que repentinamente despertamos, notando que por unos segundos, talvez minutos, estuvimos ausentes y la mente se tiñó de blanco.
Infinitos pensamientos desfilan cada pasillo mental. Archiveros interminables cada uno guardando un recuerdo, capaces de sumergirnos en sentimientos que ni su nombre conocemos. Pendientes, planes…
En la computadora formateamos el disco duro.
En las calles, se barre la basura, vestigio de la presencia de personas.
En la mente, ¿qué?
¿Como despojarnos de viejos o nuevos fantasmas?
¿Cómo expresar lo que su denominación ignoramos?
¿Como filtrar el sentimiento indeseado?
Mi humilde sugerencia es la siguiente:
Evolucionemos la mente. Desarrollemos nuestra capacidad subjetiva y entrenemos la capacidad para plasmar el pensamiento, el sentimiento y convirtámonos en artistas.
Aprendamos a desahogar nuestra subjetividad que creemos indescifrable por medio de alguna actividad que recree la mente, que plasme en nuestra obra lo que pretendemos entender o expulsar, que nuestro oscurantismo mental desemboque en un papel, en una escultura, en un mural.
Las opciones son numerosas. Depende de nuestra afición o interés el tipo de arte que pretendamos crear, pero cuidado, no nos limitemos a aquellas ramas que el conocimiento general establece como arte, el arte no debería estar sistematizado o delimitado por una clasificación. Para un amigo, encontrar patrones numéricos en estadísticas es su placer, su pasión y su arte.
Aprendamos a utilizar el arte como terapia.
Rompamos de una vez esa frontera ilusoria que nos limita a ser espectadores, no justifiquemos nuestra estática con carencia de talento. El talento no es necesario cuando no pretendemos lograr elogios o gusto por nuestra obra. La voluntad mis amigos, la ferviente voluntad por gozar del arte como desahogue es lo único necesario.
No hay que preocuparse, no es minimamente necesario exponer la obra que creemos demasiado joven e inexperta. Nadie juzgará ese dibujo, nadie hablará pestes ni maravillas de esas palabras, seremos artista y espectador.
Admiremos nuestra obra por lo que logramos expresar y expedir, no por su estética, menos por su valor cultural o científico.
Habrá intentos que consideremos fallidos, habrá dibujos, párrafos o lo que sea que hayamos creado, que nos provocaran nada más que risa por su carencia de coherencia, de estética, de forma. También esa risa importa. Será la viva expresión de la burla a uno mismo, el gradual entierro de complejos y preceptos.
Y habrá intentos donde más que una actividad de recreación, encontremos plasmada una pasión, un talento, un don, que decidamos exponer, arriesgándonos a ser victimas de la relatividad implícita en el arte según aquel que la mira.
Dejemos atrás aquellos pensamientos que carcomen la mente.
Logremos por fin este encuentro con nuestra subjetividad y declarémonos artistas.

1 comentario:

Unknown dijo...

Pues no hace falta decir que yo me declaro artista... un poco largo el post pero vale la pena. Y sabes, me gustó la parte en la que hablas de dejar los fantasmas de la mente, porque me hizo recordar que efectivamente (y tal vez desgraciadamente :P) es imposible borrar un recuerdo por voluntad propia. Siempre pueden resurgir de la manera más inesperada por algo completamente ajeno a nosotros. En cuanto a los sentimientos eso es algo completamente diferente.
Y hasta cierto punto concuerdo en que la pasión y forma de expresarse de cada quien, cuando hay talento, es su propio arte, sea o no reconocido por los demás (aunque no me negarás que lo mejor es ser reconocido) ^^
En fin, sigue escribiendo así... nos vemos!

-Lost Silent Wind