Han sido días largos, la navidad por mi rumbo pasó de noche, sigilosa, invisible; mi rumbo está en esa etapa donde ya todos los motivos para celebrarla están perdidos; iniciamos a despedirnos de ellos cuando me informaron que el gordo barbón de rojo no existía, fue entonces cuando el ritual decembrino evolucionó.
Y continuó haciéndolo, y a medida que lo hacía, cachos de navidad se caían en el trayecto a diciembre, se caían, se rompían y se perdían para finalmente ser olvidados. Unos tantos años después, la navidad está tan presente aquí como la paz en Irak, y ciertamente no me entristece, ya que el motivo de dicha celebración me parece el engaño mejor contado de la historia.
Pese a mi escepticismo (el cual está fundamentado en ideas propias y en hechos de índole histórica y científica) tengo que admitir que me gusta la navidad, no por lo que significa, sino por lo que produce.
En diciembre las personas cambian (algunas). Se tornan por un pequeño periodo de tiempo en seres más amables, más considerados, menos egoístas, más sonrientes, más condescendientes, menos rencorosos y mucho menos tacaños, (insisto, algunas) por mencionar algunos de los rasgos que las personas suelen adoptar este mes.
Las empresas le dan un bono a sus empleados y los empleados un regalo a sus hijos, los hijos lo agradecen con ojos tiernos, brillantes de emoción y sonrisas gratas a los papas, al tiempo que les informan que el viejo Santa es todo un amor.
Claro que no es mi intención generalizar, para otros tantos navidad es una bofetada esperada en la cara, una reiteración de que nada mas alcanza pa’ las tortillas y los frijoles; para otros un bombardeo de cartas cuya única inscripción es “ESTAS SOLO”, a través de tantos comerciales y anuncios rosas; están aquellos que la navidad les trae tan solo una muerte por el desgraciado frío. Unos la viven como quieren, la mayoría como pueden.
Y viene el año nuevo, al cual le encuentro un sentido mucho más fuerte, ese de la renovación y la ambición por mejorar. Precisamente dentro de ese simbolismo de borrón y cuenta nueva, del ahora si, del adiós cigarro, del adiós cocaína, del adiós lonjas, y del ya voy a ahorrar, se encuentra la belleza de comenzar ese primero de enero tirados en la cama, recuperándonos de la borrachera de anoche, terminando apenas la digestión del festín de hace cinco días, exculpando la flaqueza de nuestra cartera con el termino de un ciclo.
¡Sea entonces, damas y caballeros, bienvenido el 2008!
sábado, 29 de diciembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
y para mi es lo opuesto. me fastidia ver cómo la gente cambia su actitud sólo porque "es navidad". No malinterpretes, siempre es bueno encontrar un pretexto para sacar lo mejor de uno, pero valdría la pena encontrar ese pretexto en lo cotidiano... no en lo comercial; porque al final, cae en un vicio insano. Ser feliz, ser monótono, ser fiestero, ser feliz, ser monótono, ser fiestero.
cheers :)
Totalmente de acuerdo!
No me parece que sea bello que solo en esas epocas salga lo mejor de alguien... pero ante la realidad innegable de que asi sucede, pues a resignarse.
Publicar un comentario