Su fascinación por mantenerse narcotizado le había costado ya demasiados kilos, amigos, centavos, glóbulos rojos, blancos, naranjas, verdes, rosas y hasta azules.
Suficientes para, en medio de una de esas noches, tener el valor requerido, más gracias a la euforia proveída por su último gramo, que a su propia valentía, para despedirse tan solo de su irreconocible cuerpo y a fin de cuentas de nada, de nadie; pues había cambiado tanto desde aquel día donde su nariz por vez primera se impregno de polvo blanco, que ni a si mismo era ya capaz de distinguir.
El frágil e inerte costal de huesos y nieve nunca fue encontrado.
Mejor así, mejor desaparecido que asesinado.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Inhaló.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Me gusta esto.cool blog.
saludos.
Publicar un comentario