lunes, 1 de junio de 2009

De antídotos y otras bellezas.

Tengo cien pesos de aquí a la perra eternidad y no hay nada que me quite de la cabeza lo que estoy pensando. Y lo que estoy sintiendo, ah bueno, eso es diferente; eso sí existe quien me lo quite del quien sabe cual hemisferio cerebral, o como dicen con otras palabras, del corazón.
La mala noticia es que ese quien está muy ocupado, curándose de mí. Aliviándose de mis síntomas, desintoxicándose de mis venenos. Debería entonces mantener la mente ocupada, más ocupada que nadie, para que ni un segundo me quede para saludar a la tristeza. Y qué mejor inversión de mi tiempo que descubrir el remedio para nuestros males, desarrollar un compuesto de palabras y besos y hechos y amores, que inyectados en tus labios, cuerpo, mente y vida reviertan el efecto de mis espesas toxinas.
Claro que de nada me serviría someterme a tal tarea, si mis dedos aún destilan veneno, si mi boca aún escupe ese acido que te corroyó de mi vida por un rato. Que malgastado sería el intento de curarte de mí, sin haber hecho lo mismo conmigo. Cúrate hombre, cúrate de ti; cúrate de aquello de lo que te arrepientes y detestas de ti; sácate aquel puto acido y hazla tuya, tuya de aquí a la perra, perra eternidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Alex Alex