domingo, 22 de julio de 2007

Devorado por el minutero.

Hay veces que me siento devorado por el tiempo, pero es un buen amigo, siempre presente.
Hay veces también que me soy victima de mi propia conciencia, es lo único que me salva del extremo descaro, pues ciertamente mis preceptos morales y éticos son débiles.

El cinismo al aceptar mi irresponsabilidad me asalta cada que alguien me cuestiona sobre que tan bello luciría mi promedio en la boleta final. Mentiría si me dijera plenamente satisfecho de mi desempeño en el ámbito escolar, pues siento que podría haber llevado esos números con un rango de cero a diez, más cercanos al segundo.

Y desvario...
Me pregunto cual es el afán de las parejas modernas.
Soñar con el ya mas que establecido futuro que nos ofrece el sistema social, anhelar lo que nos dicen debemos anhelar… escuela, carrera, novia, esposa, casa, hijos, familia, dinero. Me permito burlarme arriesgándome a ser objeto de numerosas críticas, de ese clásico círculo. Me pregunto cuantos se preguntan realmente cuales son sus ideales, adoptamos aquellos que vemos como normales y casi inconscientemente nos disponemos a seguirlos…

Me considero afortunado en ese sentido. Admiro mi capacidad de introspección pero algunas veces la juzgo de mediocre debido a que bastan cinco segundos de dialogo interno para darme cuenta de la cantidad de dilemas que me acosan en los ratos donde mi mente no tiene de que preocuparse, siendo así victima de mis propios demonios.
Donde mis aspiraciones y ambiciones chocan con las expectativas que los que me han formado tienen hacia mí.
¿Demonios? Lo digo más por sentimiento que por cliché. Mi mente se ha olvidado del blanco, el descanso se convierte en otro plan a futuro… y en medio del ferrocarril de matices que transita mi mente, mis neuronas planean una huelga contra mi conciencia que no conoce de derechos laborales modernos.
Y he de darle mayor atención a mi maquinaria ciertamente, descuido el físico más por flojera y desorganización que por falta de tiempo.

Talvez por eso considero al tiempo un excelente amigo, porque hasta que mi corazón cese de teñir mis adentros de rojo, el tiempo siempre estará ahí para mi.

No hay comentarios: