Tantos años he vivido.
Y en mi memoria, pasillos de inmensa magnitud, incalculable longitud.
Siento la caricia de la remembranza que invita, y me guía sutilmente a recorrer estos pasillos plagados de fotografías, de videos, de sonidos, de momentos.
Sonrisas, suspiros.
De repente, la incomodidad me ronda. Me acerco a un capitulo que cuando creado, contaminó la apariencia del aquel pasaje. Mi mente se entinta de curiosidad y mi paso de impaciencia, me posee ese morbo por recordar lo que pretendemos olvidar.
Llego por fin. Descubro una laguna de lágrimas, diviso un eco infinito de gritos acercándose, logrando mayor nitidez conforme su avance, taladrando mis oídos, torturando mi conciencia.
Vestigios de aquel enfrentamiento de tintes épicos.
Vestigios que dejaron corrompida la estética de aquel pasillo.
La iluminación decrece y la atmósfera se torna oscura. Es mi conciencia, que envuelta en orgullo e inmersa en una dignidad lesionada, se ahoga en vergüenza y decide privarme de visión.
El hedor inconfundible del rencor se filtra por las paredes y decido que es tiempo de abandonar el ya tétrico lugar, tiño entonces de desesperado apremio el paso esperando escapar, pero aquel hedor me sofoca, reprime mi paso y se cuela en mi interior.
Devora mi ética, despedaza mi moral, despierta esa vieja furia dormida y planta en mi conciencia el deseo de venganza…
Aquel pasillo es ya un callejón. Y lo será hasta que concrete la sucia ambición que el recuerdo forjó en mí, o hasta que el perdón mas sincero quiebre sus paredes.
martes, 25 de septiembre de 2007
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2 comentarios:
worales escribes genialisimooooo digno d ser un stroke!!!!
xoxo cherry
"callejón de la revancha. Martillo del perdón", recuerdo ese titulo fue, siempre preferido =)
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