Invadido por una incomodidad emocional, de esas que derrumban los planes ya establecidos y hasta idealizados talvez, decidí salir un rato a caminar; a mezclarme entre una multitud que me hace combinar mis reflexiones sobre ella, con mis propios fantasmas mentales. Dicha incomodidad fue derivada de un enfrentamiento donde una vez más, el tema a discusión estaba directamente ligado al dinero, y ante el avance de la confrontación de ideales, posturas, percepciones y opiniones, los planes se convirtieron por un fugaz momento en una utopía, en un sueño perfectamente estructurado pero que sin un componente, seguiría siendo un sueño.
Es por eso que decidí cambiar radicalmente la estructura de dicho sueño, moldeando su ejecución a mis posibilidades pero dejando intactas mis ambiciones. En fin.
Ya en un lugar apropiado, me vi inmerso en mis pensamientos y tarareos mentales de las canciones que zumbaban de los audífonos; al poco tiempo de mi estancia, abandoné el tema que me había llevado hasta ahí, pasando a analizar las acciones de los paseantes.
Y me di cuenta de cómo sumergidos en sus actividades, pulverizaban los minutos, bueno seria si dichas actividades fueran recreativas, requeteactivas, intelectuales ¡o que se yo! pero que fueran algo más que una fuga tan drástica de minutos, obviamente no puedo, no debo, y soy nadie para cuestionar el uso que terceros le dan a su ración de segundos, simplemente estoy expresando mi conmoción al notar como a tantos de nosotros se nos escapan las horas como aire entre las manos, como desechamos los minutos como si de un recurso renovable se tratase y como los segundos nos parecen tan cortos que ni nos damos cuenta que de segundos están hechos los minutos, los días, los años y los siglos.
Si el tiempo vale oro, cualquier recién nacido es más pudiente que uno; derrochamos la vida como si fuéramos inmortales; precisamente es ese el problema, que vemos nuestra hora final como un punto distantísimo en la eternidad.
A pesar de que a mi parecer, si tuviéramos los días contados, viviríamos más, he de decir que agradezco el desconocer la hora de mi partida, pues de saberlo, viviría tan pendiente de los minutos que estos terminarían por hartarse de mi y me abandonarían, pensaría tanto en como explotar mis días, que un sobrecalentamiento neuronal se robaría dichos días, las tardes no durarían y en las noches no dormiría pues pensaría que de una perdida inconcebible de tiempo se trata. Terminaría magullado por la constante presión de un tiempo que pretendía utilizar sabiamente.
Al final, un tremendo arrepentimiento carcomería mi conciencia, pues sabría que todo el tiempo estuve consciente de que ese momento se acercaba, sería victima de una ambición ya inútil, donde se me ocurren mil maneras de haber hecho más…
Bienaventurados pues, nosotros, que no sabemos si mañana vamos a morir.
lunes, 17 de diciembre de 2007
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1 comentario:
Oye muy buena tu reflexion,e nv eces nos preocupamos tanto po r esas cosas que olvidamos el concepto de tiempo, ademas de que el tiempo se hace corto, si todos e pasa muy rapido, los dias no duran nada, tal vez porque dejamos de pensar que nuestro tiempo e simportante, que s eyo, muy bueno poema,s igue asi,s aludos !!!!XDXDXD
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