domingo, 21 de junio de 2009

Callando al antojo.

Se te va lo precario mañana, mundo; voy a ocupar mi mente y mi tiempo en algo que si bien no enriquece el alma, el bolsillo sí. ¡Un trabajo por fin y un adiós a mi tiempo! pero tampoco es para ponerme catastrofista, con eso de que suelo escribir cuando más propicio siento el momento, no escribo nunca; y es que, teniendo todo el tiempo del mundo, ¿para que hacerlo ahorita? mejor esperar a que me llegue por acto de magia, esa inspiración y ganas por redactar, ¿no? ¡No hombre! ese método te hubiera hecho escribir cien páginas en cien años.
Teniendo tu tiempo limitado, mira que lo vas a aprovechar mejor, hazme caso.
Aun así, que lastima que sea así, que necesites que venga la escasez para valorar lo que ahora tienes.
Yo se, Alex, yo sé que lo haces por el dinero, porque ahorita ni las letras ni la música te pagan tus camiones y cuando el antojo ataca, mejor ignorarlo, porque no hay una sola moneda que sobre para lo que no es inminentemente necesario. ¡Que horrible limitante tienes! aunque no es la peor de todas: según tú, la peor de todas debe ser la falta de potencial creativo, pero luego piensas que, de que les sirve a los "potentes creativamente hablando" ser "potentes creativamente hablando" si el tiempo se les va chambeando pa comer. ¡Pues es que qué ganas de escribir con esas tripas retorciéndosele a uno! ese tal Dios, hubiera denotado su dizque perfección dotándonos de fotosíntesis.
¡Que tanto parloteas Alex! relaja el ánimo con un café y cállate hasta que te dignes a hacer lo que ya suficientes veces te has propuesto, sin lograrlo, como para perder cualquier credibilidad: ahorrar, ahorrar, ahorrar; para un carro y para someter al perro antojo que se quedará sorprendido al verte tan complaciente: ¿y hoy que te pasa Alex? te preguntará, “me pasa que has jodido suficiente como para ponerme a trabajar” le vas a decir, y satisfecho, ese perro holgazán que nomás pide, se callará un muy buen rato.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Alex Alex