martes, 2 de junio de 2009

No Pimienta, aún no.

A veces la parte difícil es saber qué escribir. ¡Los mil temas corriendo desnudos, deformes y revueltos en mi cabeza y no atrapo uno! ¡Cabrones escurridizos…! ¡Apenas agarre a uno ese pobre la va a pagar por todos!
Están mucho más huidizos que de costumbre; con decirles que fingí estar dormido (tan bien, que casi dejo de fingir), para que se calmaran y se acercaran un poco… al principio todo iba bien; me vieron ahí tirado y con lo fisgones que pueden ser, decidieron acercarse, supongo para colarse en mi cabeza y ser protagonistas de algún sueño (es como su realización)… no les vi bien la cara (si es que tenían), pero empezaban a tomar forma conforme se aproximaban.
En la espera comencé a cabecear y siendo yo tan buen actor, me salía bastante natural; a decir verdad ya andaba medio atolondrado rondando territorios de Morfeo, pero no planeaba quedarme, y como al tipo no le gustan las visitas cortas, advirtió “síguele y te rapto”; "de ser así, no saldría de ahí en buen rato" pensé, así que en un abrir y cerrar de ojos me regresé y me vi rodeado de temas, temillas, temitas y temotas y como lobo hambriento me abalancé sobre todos los que pude, sometí a unos cuantos que parloteaban burlescamente de amor y política y los até al árbol en el que estaba dizque dormido.
¡Estaba orgulloso! Estaba ansioso por destazar y cocinar su carne en una sopa de letras (knorr suiza); y para hacerlo propiamente y sin bostezo, decidí bajar por un café.
En la cocina, saqué una taza y puse agua a hervir. Me puse a divagar sobre cómo sazonar y preparar a mi preciado botín; después de tres minutos de repasar técnica y condimento, el agua por fin hirvió, serví, batí, subí.
La escena fue terrorífica. Un árbol, tres sogas rotas en el piso y un denso e inconfundible hedor a olvido era lo que restaba de mi reciente captura. Al fondo, la sal, el ajo, el orégano y la pimienta sentados, en fila.
La resignación llegó sin avisar y comenzó a limpiar todo; yo me senté, me senté a contar mi historia y a regañar a mi memoria, que me dice los dejó ir porque “pobrecitos temas no merecían tan despiadado y temprano martirio”… “los iba a inmortalizar” le dije.
Pero que corran pues, que se hagan más viejos y carnosos, igual no les tocaba todavía…
Y ahí sentado, la pimienta se me acerca y me da una miradilla tímida, pero candida e invitante… y lo considero un segundo, pero no mi pimienta, no estoy tan desesperado aún para escribir sobre ti.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente....!!!

Ezequiel dijo...

Te amo.

Anónimo dijo...

Alex Alex

Anónimo dijo...

Te amo