sábado, 4 de agosto de 2007

Intolerancia que mata.

Más que sorprenderme, me entristece la carencia de cultura que existe en mi ciudad.
Es ya bastante sabido por aquellos conscientes del entorno, que la generalidad no dispone de una, digamos, amplia variedad de conocimientos sobre el mundo. Su mundo, se reduce a los conceptos y conocimientos estrictamente necesarios para sobrevivir y a aquellos que están presentes en su cotidianidad.
No puedo juzgar esto, pues hay infinidad de factores que causan este ya tan común y añejo fenómeno. Dígase de la falta de tiempo, dígase de la insuficiencia de recursos para incrementar su cultura.
No puedo juzgar ni culpar a alguien por su ignorancia, pues todos somos ignorantes en mayor o menor medida y la gama de conocimientos a adquirir es simplemente infinita.
La cultura no viene en tabletas. Hace falta leer, hace falta viajar, hace falta escuchar, hace falta preguntar, hace falta vivir para adquirir cultura.
Hay una clase de cultura que de manera sincera y orgullosa, confieso poseer en exceso; la cultura de la tolerancia. Tolerancia, un concepto bastante amplio, pero seré concreto.
Me entristece darme cuenta de que a estas alturas de la novela de la humanidad, existen amantes de lo convencional. Y más que amantes, les llamo fanáticos.
Personas que por tercos prejuicios, viejos complejos, preceptos, o mero goce por fastidiar se rehúsan a aceptar la diversidad, lo diferente. Personas que entienden la rareza a manera de defecto. Personas que critican lo que a sus ojos no es “normal”. Personas que valiendo los principios más básicos de la relatividad, ven y manifiestan su verdad como absoluta. Personas que ven como malo lo que no encaja en lo establecido. Personas que piensan inadecuado aquello que los demás no miran con buenos ojos. Personas que cegadas por su intolerancia reprimen lo desemejante, sin darse un segundo para reflexionar el porque declarar su verdad como la correcta. Personas que le arrebatan a terceros la oportunidad de ser auténticos por miedo a represalias, insultos y ofensas.
Admiro a aquellos que comprenden a estas personas como ignorantes, y no como algo más.
Admiro a aquellos que no ven a estas personas como dignas de su atención.
Admiro a aquellos que no ablandan su postura ante la incivilidad de los intolerantes.
Me atrevo entonces a declarar de la manera menos arrogante, que francamente, me admiro.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bien logrado!!!

Anónimo dijo...

Como opinion creo que en lugar de ignorarlos si te ha tocado que alguna vez algun "ignorante" trate de llevar un convesacion contigo, deberias de darle un oportunidad; guiarlo e ilustrarlo con tus conocimientos. En caso de que este no este convenido, déjalo que siga su camino.

Pero no deberias dejarlo ahogarse en el mar de su incompetencia y ser un ente mas deambulando sobre este mundo.


imaginate que un campesino se acerque a una platica entre un grupo de amantes del arte...

¿Qué crees que seria mejor? ignorar al campesino y dejarlo con la ignorancia; ó, tratar de iniciar una platica con él e instruirlo sobre el tema...


yo optaria por la segunda, me sentiria complacida sabiendo que ayude a alguien ampliando su conociemiento. Teniendo también la oportunidad de que el me ilustre algo sobre sus los suyos i asi ampliando el mío.


pero si el campesino prefiere no saber sobre el tema ahí sí dejo que siga su ruta e ignorolo.

Anónimo dijo...

Admirese hombre
por supuesto q si
sientase satisfecho.
Sientase orgulloso d ud mismo
q es un hombre con una mentalidad verdaderamente admirable [i en mi caso envidiable]
=P