Quitarse la vida no es algo que se piense todos los días.
Atentar contra nuestro cuerpo, con el único fin de erradicar nuestra existencia.
De vez en cuando me acosa la curiosidad y me pregunto que tanto se necesita para que nos ronde el pensamiento de dejar de vivir voluntariamente. Que circunstancias nos envuelven en una frustración y angustia tan cruel, que nos otorguen el valor y coraje para tomar una decisión donde la protagonista es nada más que nuestra vida.
Una decisión que sabemos imposible de disolver, que una vez consumada, depende únicamente del método elegido los segundos que tarde nuestro corazón en conocer por primera y única vez, el descanso. Y envuelto en divagues, me inquieta…
Que tanto es necesario, para que decidamos renunciar a la posibilidad de volver a mirar, sentir, probar, palpar, escuchar todo lo que conocemos y alguna vez conocimos.
Que clase de infierno terrenal se necesita para que optemos por desvanecer nuestra presencia para convertirla en tan solo un recuerdo o una añoranza.
Que tan oscura realidad es necesaria para cegarnos a cada rastro restante de esperanza, sabiendo inútil cualquier intento por recobrarla.
Que clase de maraña mental y emocional acuchilla tan asiduamente la conciencia que la única manera de detenerla es asesinando al poseedor de su victima.
Que enfermedad convierte al portador en su más efectivo instrumento para matarlo.
Que clase de demonios internos se necesitan para que la solución mas atractiva y viable sea la de adelantar aquel momento donde la vida se despide de nuestros cuerpos.
Que sentimientos pueden ahogarnos de tal manera que decidamos regalar la posibilidad de volver a sentir siquiera.
Que clase de conmoción desgarra tanto nuestra conciencia que prefiramos delegar esta al olvido.
Que sufrimiento devasta tanto que provoca al desdichado redactar su propia invitación a la muerte.
Tantos suicidios en el mundo y cada uno, dándome el lujo de besar al optimismo, tan evitable. El suicidio pienso, es la culminación de la infelicidad, donde ya independientemente del ángulo del que miremos, no encontramos razón alguna para prolongar nuestra existencia. A veces solo un arranque de impulsividad en medio de una situación donde el deseo por coexistir se filtra entre las lágrimas derramadas.
Quien sabe... la verdad sobre un tema de tan subjetiva índole es demasiado compleja para intentar explicarla o siquiera intuirla, debería cultivarme con el respaldo científico existente o aprender a vivir con el acoso de mi curiosidad, que a diferencia de mi corazón, conoce muy bien el descanso.
Y espero nunca conocer por experiencia propia la respuesta a mis mencionadas inquietudes, pues algo me hace pensar que no podría notificar mis descubrimientos.
lunes, 6 de agosto de 2007
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5 comentarios:
me gusta.
Hey no mms, neta ke chingon escribes me late muchisimo, esta muy bueno este neta que me llego
dale saludos sigue escribiendo asi =)
He presenciado dos suicidios uno pasional donde el marido no quizo sobrevivir al descubrir que la bien amada lo habia engaño y el otro donde la mujer no renuncio a seguir luchando contra el ex marido acosador haciendola debil y llegar al borde de la locura ambos dejando a un hijo en manos de personas que en mi opinion no honrra.
no me gustaría llegar a sentir ese deseo de renuncia a esta vida lleno de sufrimiento y lids para al final saborear un gota de felicidad que hacen esta vida tan dulce.
gracias a los pesares de la vida porque por ellos distinguimos los buenos momentos de nuestra existencia.
tal vez la desesperacion, verlo de manera teorica parece facil,pero en practica muchos lo pensamos........ si desesperacion pero afortunadamente se me quito la curiosidad de saber.
realmente me agrada tu forma de escribir y pensat
atinado cuestionamiento sobre el porque dejar de sentir... es el mismo sentir el que te lleva a sentir cada una de tus preguntas.. es el mismo sentir el q te lleva a sus respuestas.. y es tanto el sentir desesperado que dejan sus respuestas que llega un punto en el que el sentir te gana, te vence, y acabas por derrumbarte bajo tu propia mano, te rindes ante el, porque es más grande que tu... alex, te deseo nunca ser vencido por el sentimiento, haste su amigo, su hermano, nunca su esclavo.. y si llegas a serlo, levantate, enfrentalo, hasta caminar a su lado y no por debajo de el... rendirse ante el sentimiento implica renunciar a el mismo, lo cual es lo mismo a renunciar a la vida.. porque el que no siente, no vive.. morir es dejar de sentir, y creeme cuando te digo que el suicidio es la ironia más grande que no te deseo descubrir.. la ironia de rendirse a sentir por lo mucho que eso te hace sentir
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